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Vencejos

Publicada el 04/10/2021 a las 06:00

Cada año, a finales de marzo o principios de abril, reaparecen sobre los tejados de Madrid los primeros vencejos comunes. Son la vanguardia de las decenas de miles que en la capital, así como en los entornos urbanos del resto del país, anidarán y criarán en agujeros y rendijas de edificios altos, cazarán moscas y otros insectos en vertiginosas bandadas, nos alegrarán con sus penetrantes chillidos y acrobacias aéreas asombrosas –son una de las aves más veloces del mundo– y luego, cumplido su ciclo peninsular de cinco meses, se dirigirán otra vez, en septiembre, hacia África.

Día más, día menos, siempre son fieles a la fecha de su llegada a Madrid. En 2018 aparecieron en el cielo (muy contaminado) de Lavapiés el 5 de abril. En 2019, el 27 de marzo. En 2020, el 29 del mismo mes, dos semanas después de la proclamación del estado de alarma. Los esperaba con más ilusión que nunca y no me fallaron: era la demostración de que la Naturaleza sigue porfiando pese al terrible daño que le inflige el hombre con su loco afán consumista, su ignorancia, su destrucción del medio ambiente, sus plaguicidas y su olvido de que forma parte consustancial de ella.

Dice Covarrubias, en su asombroso Tesoro de la lengua castellana o española (1611), que el vencejo se llama así “porque tiene los piezecillos [sic] cortos, pero las uñas muy largas, y lo que aprieta lo tiene fuertemente”. Añade que los valencianos lo designan falcía, “por tener las uñas corvadas, a modo de hoz”. Más bien, creo yo, sería por la forma de guadaña de sus largas alas puntiagudas. Corominas, en nuestros tiempos, señala una procedencia doble: del latín uncus (gancho) y, coincidiendo con Covarrubias, falx. Se trata, sea como sea, de una criatura entrañable que, si bien parece imposible, puede pasar un año entero sin posarse, menos en la época de cría.

Hay que deducir que Antonio Machado gustaba de observar los vencejos (que nunca deben ser confundidos con las hermosas, pero mucho menos robustas, golondrinas que, además, jamás he visto en Madrid). Al evocar la muerte de su alter ego Abel Martín, los imagina ejecutando unas postreras vueltas, antes de emprender su despedida otoñal, alrededor de una torre cercana:

Los últimos vencejos revolean

en torno al campanario:

los niños gritan, saltan, se pelean.

En su rincón, Martín el solitario....

En una de mis últimas visitas a la tumba del poeta y su madre en Collioure me afectó constatar la presencia, zigzagueando encima del camposanto, de numerosos vencejos. Me pareció consolador.

Acaban de abandonar Madrid, tan puntualmente como vinieron. Los echo ya de menos, pues para mí han sido, con su extraordinaria vitalidad y su algarabía, un bálsamo a lo largo de tantos meses de sufrimiento y ansiedad generalizados.

En compensación, pronto llegarán otra vez a la capital las gaviotas, atraídas por los vertederos de las afueras, y desde mi ventana las veré otra vez sobrevolar el Manzanares cada mañana –se ha calculado que hay unas 80.000– y regresar, al atardecer, en a veces inmensas concatenaciones, hacia sus lugares de descanso.

Según la SEO (Sociedad Española de Ornitología), cuyos socios y simpatizantes han elegido el vencejo, por votación, “ave del año de 2021”, se estima que apus apus ha padecido un descenso poblacional de cerca del 27% durante los últimos 22 años. ¿La causa? Principalmente la destrucción de edificios donde anidan, y a los que regresan año tras año, o su rehabilitación. Incluso hay casos en que las obras empiezan con los vencejos dentro de sus agujeros, emparedados. También, según la SEO, se encuentran en notable declive otros muchos pájaros, entre ellos el gorrión y la golondrina. Se trata, dice Asunción Ruiz, directora ejecutiva de la organización, de “una crisis ecológica sin precedentes”. Habría, pues, que actuar inmediatamente con la instalación, entre otras medidas, de nidales artificiales en los inmuebles afectados. Por lo que le toca a Madrid, vamos a ver si los políticos, tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad, demuestran tener la sensibilidad requerida.

Acabo de leer, empujado por una irrefrenable curiosidad, la última novela de Fernando Aramburu, Los vencejos. En puridad, casi habría sido una desconsideración hacia el autor de Patria redactar esta columna sin tenerla en cuenta. De modo que he devorado, fascinado, sus 698 páginas (Tusquets). El narrador, profesor de filosofía en un instituto madrileño, lleva un diario íntimo, rigurosamente cotidiano, que se extiende desde el 1 de agosto de 2018 hasta el 31 de julio del año siguiente, fecha en que nos asegura que se va a suicidar. Afirma adorar, es su palabra, los vencejos, hasta el punto de identificarse estrechamente con ellos. “Si hubiera podido elegir entre nacer hombre o nacer vencejo –escribe–, visto lo visto me habría decidido por lo segundo”. Al empezar su “trozo diario de escritura personal”, como lo llama, sus pájaros predilectos están en vísperas de abandonar Madrid. Unas semanas después, ya desaparecidos, sueña con que miles de ellos, reunidos en una inmensa bandada, le impiden tirarse prematuramente al vacío desde la azotea. En enero, mientras sigue desprendiéndose poco a poco de sus pertenencias, entre ellas sus libros, crece en él “una sensación de ligereza, de ascenso en el aire” hacia su “soñada conversión en vencejo”. Con el regreso tan deseado de las aves se ratifica en el propósito de quitarse de en medio. Y, al tropezar a principios de julio con una muerta, devorada por los bichos, casi todo está dicho. Solo añadiré que, al margen de los vencejos, la novela es enjundiosa por las reflexiones del narrador, a menudo amargas, sobre la España actual, incluidos sus políticos, y que he aprendido mucho con su lectura.

Sé, sintiéndolo, que éste no ha sido exactamente un artículo de opinión, y que a lo mejor me regañará por ello a quien le incumbe. Si me permite seguir, prometo que en el siguiente expresaré con vehemencia mi punto de vista sobre un asunto que considero de la máxima importancia en estos momentos.

__________________

Ian Gibson es hispanista, especialista en historia contemporánea española, biógrafo de García Lorca, Dalí, Buñuel y Machado.

 

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16 Comentarios
  • Jotaechada Jotaechada 05/10/21 17:21

    Admiro a Jan Gibson desde hace mucho tiempo, desde que lo descubrí como el mejor y el más apasionado lorquista. Acabo de leer su bellísimo texto VENCEJOS. ¡Gracias, muchas gracias, amigo maestro! Ah, en mi pueblo, estos maravillosos pájaros se llaman ARRECÁLLARES.

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  • Malasiento Malasiento 04/10/21 22:17

    Una delicia de apunte ornitológico… y sí… coincido. La marcha de los vencejos solo es soportable pensando en su vuelta. Trataremos de dormir y soñar que volamos como los vencejos duermen mientras vuelan y sueñan con… ¿Con qué soñaran los vencejos mientras vuelan?

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  • gualdo gualdo 04/10/21 19:32

    Señor Ian Gibson, gracias por su artículo; precisamente esta primavera tuve yo una relación estrecha, aquí en Madrid, con una pequeña urraca caída del nido, a quien hubimos de cuidar y alimentar durante varios días con papilla para bebés; afortunadamente sobrevivió, y por primera vez en mi vida me interesaron los pájaros. Los vencejos son realmente extraordinarios: durante el crepúsculo, empiezan a volar, aquí en el patio ajardinado de mi comunidad, en círculos y a una velocidad endiablada, dejando la actividad justo cuando se pone el sol. Es como un ritual, como si así le rindieran un homenaje para que al día siguiente no falte y salga alumbrando la mañana una vez más.
    Si no fuera excesiva humanización diría que se trata de una "religión"; el sol es su dios y lo adoran rindiéndole el tributo de sus vuelos en espiral. Por lo demás me encanta su fina ironía, cuando menciona la "sensibilidad requerida" del ayuntamiento y comunidad madrileñas...

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  • pablos pablos 04/10/21 17:51

    Ian , muchas gracias por tu artículo, creo que trata un problema de vital importancia y seguro que te agradeceremos que sigas regalandonos con tus artículos de vital importancia.

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  • Arkiloco Arkiloco 04/10/21 17:20

    Su comentario, Quiteño, aunque rebuscado y partiendo de mucha altura, creo que no tiene más intención que descalificar “Patria” por las razones que sea, no estrictamente literarias parece, y exhibir un gusto y preferencias que solo está al alcance de una élite o selecta minoría, en la que usted se incluye, inmune a propagandas, intereses editoriales, padrinazgos y demás. Intereses y manipulaciones, podríamos decir sobre lectores muy influenciables, pero a lo que usted es inmune. Sabe lo que busca y se aparta con facilidad los vencejos picadores que todo lo inundan.

    En este discurso de los elegidos y selectos siempre destaca lo mismo: lo especiales que son y que para resaltar su singularidad tienen que retorcer y manipular mucho. O divagar adentrándose en razonamientos absurdos. En literatura hay muchos cánones y usted hace una lista con algunos “indiscutibles”, todos considerados como “clásicos” y literatura “con mayúsculas” A partir de ahí todo y todos son discutibles, entramos en un limbo y en la pregunta del millón sobre lo que determina que libro puede ser una gran obra y además leída y alabada por millones de lectores.

    Cuestiones que no tienen porque ir juntas o ya me contará la millonaria popularidad y de lectores que pueden tener autores como Joyce, Valle Inclán e incluso Lorca y Kafka. La cuestión es que estos cánones han sido elaborados con posterioridad y a lo largo del tiempo y en muchos casos son poco dependientes de los lectores que tuvieran en su tiempo o en la actualidad. El caso es que se siguen haciendo cánones literarios desde diversos gustos, preferencias y países, se siguen incorporando autores modernos y se discrepa sobre ausencias y presencias. Hoy, “nos determinan lo que debemos leer” intereses y motivos bastardos y ayer no aunque usted no forma parte de ese “nos”. Sabe abrirse paso entre “vencejos” y determinar lo que es buena o mala literatura y como deben hacerse la novelas para que sean completas o incompletas.

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    • Arkiloco Arkiloco 04/10/21 17:22

      No me extiendo más sobre los cánones literarios y su creación y como han influido e influyen los gustos y preferencias de una minoría de críticos, estudiosos y eruditos sobre lo que una mayoría lee o debería leer. O la incompatibilidad que algunos quieren establecer entre otras muy vendidas y leídas y buena literatura. Y cuyo valor o interés puede radicar, no tanto en su excelencia literaria y virtuosismo con el lenguaje, como en su capacidad de dar testimonio, profundizar y explicar algo del mundo que les ha tocado vivir. En Dickens, Víctor Hugo o Galdós, por ejemplo, se ha destacado más esto que otras virtudes.

      Se podría tratar sobre algunos de estos asuntos, sobre qué y cómo se dirigen las lecturas o algunas obras se convierten en “superventas” y entre las que hay de todo. Pero creo que es innecesario porque todo su discurso va encaminado a descalificar “Patria”. Está en su gusto y preferencia el considerarla o no una buena novela y discrepar con los que la han subido a los “altares” Pero debería hacerlo mejor y manipulando menos a quienes la elogian. Tampoco vendría mal hacer más explícito o ser más sincero sobre los motivos que le llevan a la descalificación como obra “incompleta”. Igual tiene poco que ver con la literatura.

      Se lo digo porque no tiene mucho sentido contraponer la novela de Aramburu con la de Bas. Esta sería ejemplar porque habla del GAL y concluye que “son tan canallas como los etarras”. Pero ¿Patria pretende ser la obra total de lo sucedido en el PV, hablar de canallismos y contar que los de ETA fueron “los únicos canallas”? No sé si la ha leído pero, es evidente que yo y otros muchos críticos y lectores, la hemos entendido de otra manera y que lo que allí se cuenta transmite realismo y mucho conocimiento. Y que explica con verosimilitud dramas que han estado ocultos y en los que hay muchas clases de víctimas. Entre verdugos y víctimas y entre familias de estos.

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      • Arkiloco Arkiloco 04/10/21 17:23

        A algunos que vivimos en el PV y que de hecho conocemos mejor el mundo de los verdugos y de sus familiares, el ecosistema donde se creo y justificó la violencia que el de los que la sufrieron, los personajes nos resultan creíbles y llenos de realidad más allá de algunos artificios que muchas veces son necesarios para construir ficciones realistas. En los altares o no, es un libro fundamental, honesto, bien construido y muy necesario. Da voz y hace más visible, sin caer en maniqueísmos, un mundo de dramas, personas, sufrimientos y vidas rotas que fue estigmatizado o invisibilizado.

        En Patria aparecen las torturas e Intxaurrondo dentro del paisaje de lo que se cuenta pero ¿para contar lo que quiere contar tiene que aparecer el GAL? ¿Una obra es incompleta sino se habla de eso y como si fuese algún contrapeso, ayuda a la explicación o ininteligible sin aquello? Al parecer, debe ser “total”, omnicomprensiva, relato satisfactorio para todo el mundo y consensuado entre relatos enfrentados. Si el GAL apareciese y todos fuesen iguales de canallas, asunto concluido y obra para los altares. Sobre esa historia hay obras de Atxaga, Saizarbitoria y otros muy notables ¿También son incompletas o no elogiables por faltarles aquello o no ser “totales”? ¿Por qué el libro de Bas es mejor o superior y no otra novela donde con otros hilos e historias se coincide en lo mismo o parecido que en Patria? A falta de buenos argumentos o los que hecho en falta en su comentario, creo que su objetivo tiene poco que ver con literatura y mucho con prejuicios y otros determinismos.

        Tan lejano y opuesto es el libro de Bas a Patria que, para promocionarlo, se ha puesto en la portada el elogio de Fernando Aramburu al mismo: “Juan Bas ha compuesto con notas crudas y buena escritura una compleja polifonía de víctimas que ayer fueron verdugos, de verdugos que más tarde serán víctimas o que ya lo son aunque acaso no lo sepan”.

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        • Arkiloco Arkiloco 04/10/21 23:15

          ...echo en falta (barkatu)

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        • Arkiloco Arkiloco 04/10/21 17:24

          No se necesita al GAL para confluir en contar lo mismo o parecido y es algo más complicado que “tan canallas como los etarras”. Ningún autor es total, las novela no es historia o ensayo pero no están reñidas con ellas ni se contraponen en la mayoría de casos a esos estudios o a otras novelas con otras perspectivas y descripciones de lo que se ha vivido.

          Ni hace falta contraponer para expresar su preferencia y no es recomendable manipular. Mainer, el crítico, no pone a Patria en los altares , como a Galdós o Tolstoi en el sentido que usted dice. Para eso, se sirve de acortar el comentario de Mainer despojándolo de su sentido y sobre lo que hace un paralelismo con aquellos. Mainer escribe: “Patria es, sobre todo, una gran y meditada novela. Pero la tradición del género lleva incluida la virtud de explicar a sus contemporáneos algo del mundo que les ha tocado vivir, o que forma parte de su herencia: amalgamar evocación y análisis. Lo hicieron los Episodios nacionales, de Galdós, justo cuando hacía falta recordar y suturar discordias civiles, y lo hizo Guerra y paz, de Tolstói, cuando corría riesgo de olvido el origen de la Rusia moderna”

          Usted puede discrepar, no gustarle Patria o contraponerle sin mucho sentido el libro de Bas pero, igual puede respetar que algunos pensemos lo mismo que Mainer al final: que las novelas de Aramburu logran hacer eso. Usted puede apartar o despreciar los “vencejos” y sabrá lo que le “determina” a leer o a elegir entre canones. Pero no “nos determine” ni concluya tan a la ligera sobre nuestra falta de criterios y opinión para elegir lo que leemos y porque pensamos que ciertas obras merecen un lugar destacado. Sobre lo que le determina a usted para hacer su comentario también podemos hacer suposiciones y cábalas. Su modo de razonar algo dice u orienta. La literatura y sus clasificaciones puede ser lo de menos.

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  • ESCEPTICOUTÓPICO ESCEPTICOUTÓPICO 04/10/21 15:57

    Me ha gustado el artículo. Esperemos algunos más.

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  • Andrew Andrew 04/10/21 13:56

    A la espera de sus expresiones sobre el asunto. Leerle es placentero.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 04/10/21 10:47

    Gracias

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  • Medina Medina 03/10/21 21:34

    Estimado señor Gibson. ¿Ha leído el libro: "Vencejos" de Fernando Aramburu?

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    • cexar cexar 04/10/21 15:14

      Al parecer usted no ha leído el artículo porque entonces lo sabría.

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  • quiteño quiteño 03/10/21 21:24

    La pregunta del millón, ¿De qué depende el que una obra literaria sea una gran obra y además leída y alabada por los lectores? De la o las respuestas que se den a la pregunta del millón, surgirán otras preguntas y otros interrogantes a despejar
    No son discutibles Tolstói, Dostoievski, Shakespeare, Victor Hugo, Neruda, Dickens, Joyce, Cervantes, Kafka, García Márquez, Valle Inclán, Lorca…y todos los que queramos añadir, pero a partir de que lleguemos a cerrar la lista, todos los demás pertenecen a ese limbo en el que la suerte, los “padrinazgos”, los intereses editoriales, los lanzamientos “acordados”…determinan que libros debemos leer.
    Me ha impactado y sorprendido el “El Refugio de los canallas” del escritor vasco Juan Bas de otra editorial desconocida, “Alrevés”, sobre el conflicto vasco. Novela que indaga no sólo en el sinsentido y la estupidez de la lacra de ETA, sino también en la bajeza moral y las cloacas de los GAL, “tan canallas como los etarras”. Ingredientes que el escritor, hoy, elevado a los altares del Olimpo, Fernando Aramburu, gracias a su novela “Patria”, no supo reflejar en su novela, a la que le faltó precisamente eso, lo esencial de una novela, literatura. Y sin embargo, los responsables de la pregunta del millón, se encargaron de elevarle a los altares, “Lo hicieron los Episodios Nacionales de Galdós, justo cuando hacía falta recordar, lo hizo Guerra y Paz, de Tolstói, cuando corría riesgo de olvido el origen de la Rusia moderna, lo mismo ha hecho Fernando Aramburu con su novela” (José Carlos Mainer, crítico literario de El País). Olvida el crítico literario que en Tolstói y Galdós, hay literatura con mayúsculas, lo que los ha colocado en el Olimpo de los dioses, en la novela de Aramburu, no. Sin embargo, ya puede el autor de “Patria” sentirse en la gloria, sentado a la diestra de Galdós y Tolstói
    Si la pregunta del millón no es fácil contestar, sin embargo, a nadie lo podrá extrañar que “Los Vencejos”, a punto de empezar el otoño, sobrevuelen nuestras cabezas. Hace un par de días, entré en una librería y “Los Vencejos”, lo copaban todo. Había que abrirse paso entre vencejo y vencejo a punto de picarte para encontrar lo buscabas.

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    • Eleusis Eleusis 03/10/21 22:37

      Cuanta razón tiene. 

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