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Los diablos azules

Marcelo Luján: "Escribo ficción para ser libre"

  • El escritor se hace con el Premio Ribera del Duero por su libro La claridad: "El cuento es un mecanismo sensible y de extrema delicadeza"
  • "Los personajes femeninos son los que articulan la literatura porque la literatura es la historia de la humanidad", defiende el autor argentino

Publicada el 23/10/2020 a las 06:00
El escritor Marcelo Luján, con el Premio Ribera del Duero.

El escritor Marcelo Luján, con el Premio Ribera del Duero.

PREMIO RIBERA DEL DUERO (EP)

Marcelo Luján, argentino nacido en 1973 y afincado en España, se ha ido convirtiendo en uno de los escritores más consolidados de nuestra narrativa, tanto en el género de la novela como en el del cuento. Antes de ganar el actual Premio Internacional Ribera del Duero a su último libro de cuentos, La claridad, ya había ganado con su novela anterior, Subsuelo, el premio Dashiell Hammet 2016. Su libro de cuentos En algún cielo fue Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006 y el siguiente, El desvío, fue Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2007. Ha publicado también libros de prosa poética, como Arder en el invierno y Pequeños pies ingleses.

Carmen Peire. La portada del libro es un rostro de mujer, su título es femenino y la mayoría de los personajes son mujeres. ¿Quieres hablar sobre esto?

Marcelo Luján. La mujer es lo más importante que le ha ocurrido a la humanidad: ninguno de nosotros estaría aquí sin el antecedente de una mujer. Y los personajes femeninos son los que articulan la literatura porque la literatura también es la historia de la humanidad. Además, creo que la mujer es el gran eje de nuestras vidas, partiendo de nuestra propia madre: nada tiene comparación con la maternidad y nada nos humaniza tanto —y para siempre— como eso. La mujer nos cohesiona y, en la mayoría de los casos, nos hace tomar conciencia como individuos (a los hombres). Digo esto desde una convicción personal. Y al calor de esta premisa, siempre son los personajes femeninos quienes acaban apoderándose de mis historias de ficción. Lo curioso es que no suele ser algo planificado. En los cuentos de La claridad sucede exactamente esto (ya me había sucedido en Moravia y en Subsuelo, novelas que, a priori, no fueron concebidas así). Es curioso que en el único cuento donde no aparecen personajes femeninos en las acciones narradas (me refiero a "Espléndida noche"), la suegra y la esposa embarazada son el eje del conflicto y, en definitiva, el verdadero motor del relato. Me alegra que esto sea así porque comulga y certifica mi apreciación personal sobre la mujer.

CP. ¿Qué crees que te puede suponer en tu camino literario (no vamos a hablar de carrera que suena a muy competitivo) el haber sido ganador del certamen más importante del cuento?

ML. Es una alegría muy grande desde lo personal porque es un premio, también, al esfuerzo y a los años de trabajo (no fue nada fácil escribir este libro, porque lo hice desde cero, cuento a cuento, sin recurrir a ningún texto anterior). Pero esa alegría es mayor cuando pienso en La claridad y en la cantidad de lectores que sentirán atracción por el libro, habida cuenta de la importancia del galardón. Escribimos, por sobre todas las cosas, para que nos lean, así que la satisfacción es doble. También es un honor para mí incorporarme al palmarés de autoras y autores tan brillantes que me preceden en este premio. Y, por supuesto, que el libro lo publique la mejor editorial del mundo dedicada el cuento es otro aliciente para estar feliz. Desde el punto de vista de ese camino que uno pretende recorrer como autor, debo decir que escribo ficción para ser libre. Escribo ficción porque es el único espacio en donde consigo que nada ni nadie se entrometa y me condicione como individuo. Es verdad que un autor novel goza de cierta impunidad, y que un autor publicado tiene responsabilidades ante la literatura. Pero si un libro o un premio te cercenan la libertad, habremos fracasado como creadores y como intelectuales. El Premio Ribera del Duero es el más importante del mundo en su categoría y obtenerlo es un enorme logro para cualquier escritor. Supongo que tras un logro de semejante magnitud algunas cosas cambiarán. Esto también es una realidad. Y es fundamental que autor y obra estén a la altura de ese cambio.

CP.¿Cuáles son tus influencias en el cuento? ¿Y en la novela? ¿Crees que son géneros reñidos entre sí?

ML. No sé si "reñidos" es la palabra que más se ajusta a las diferencias entre estos dos grandes géneros narrativos porque ambos surgen a partir de lo más importante: la historia que quiero contar. La historia que tenemos dentro y que pugna por salir a través del texto es lo que tiene que decretarlo todo. Nunca pongo por delante el género narrativo y mucho menos el género literario. Me parece uno de los errores más graves como creador. Primero está la historia y todas las decisiones técnicas deben aparecer en segunda instancia. El acierto en estas decisiones determinará la correcta transmisión de la historia, nada menos. Luego hay historias que solo funcionan en un cuento y otras que necesitan de la extensión y del carácter acumulativo de la novela. Dijo Cortázar que si la novela gana por puntos el cuento debe ganar por KO. Esta metáfora boxística ilustra perfectamente las diferencias entre los géneros (no los enfrenta, los diferencia). El cuento es un mecanismo sensible y de extrema delicadeza, un mecanismo que ante el menor fallo, ante la menor distracción (del autor y, en consecuencia, de los personajes), pierde su elemento más significativo y excluyente: la tensión. La novela pocas veces corre estos riesgos. En tanto influencias literarias podría hacer una lista infinita pero ya que estamos centrados en un libro de cuentos, me gustaría destacar a Julio Cortázar y a Flannery O’Connor.

CP. Háblanos de tu experiencia en el bar Los Diablos Azules [que da nombre a este suplemento] y aquellas jam de relato.

ML. Sin duda, algo maravilloso y único (la actividad y el propio espacio: Los Diablos Azules fue un bar cultural prácticamente irrepetible y al que echamos mucho de menos). La actividad es una idea de Carlos Salem, que la había comenzado en Bukowski Club (otro bar de Malasaña irrepetible). Más tarde me pasó el testigo y más tarde se incorporó Adrián Gualdoni. Fueron muchos años en donde arengamos a leer y a escribir narraciones breves (de hecho, el ciclo se titulaba El tamaño sí que importa) desde una mecánica muy atractiva y con espíritu lúdico. Carlos, Adrián y yo, tres argentinos en Madrid. Supongo que este último dato da cuenta de la importancia que tiene el cuento en Latinoamérica. El ciclo se cerró en Vergüenza Ajena, otro de los espacios madrileños que sabe mixturar con acierto el ocio y la lectura.

CP. ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Qué lecturas puedes recomendar?

ML. Estoy leyendo Panza de burro, una novela magnífica de Andrea Abreu que narra apoyada constantemente en el uso del lenguaje, en los giros regionales, y que hace de este mecanismo de transmisión una verdadera gozada para el lector. No tengo ninguna duda de que esta autora va a llegar muy lejos (la recomiendo fervientemente). Y mi próxima lectura será No entres dócilmente en esa noche quieta, de Ricardo Menéndez Salmón (además de un escritorazo, una persona interesantísima y con una capacidad intelectual notable) a quien tuve la suerte de conocer hace poco, en La Palma, en el III Festival Hispanoamericano de Escritores. Lamento pero también me alegra saber que tengo ahí, esperando, las novelas de Nuria Barrios, Ernesto Pérez Zúñiga y Marta Robles. Ojalá algún día los libros vengan con el tiempo para poder leerlos.

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