Muros sin Fronteras

Combatir a Vox tras aprender con Trump

Las extremas derechas se copian entre sí para construir una narrativa que les permita alcanzar el poder o, al menos, condicionarlo. Han aprendido a utilizar las redes sociales para colocar mensajes y bulos con eficacia. Para que funcionen necesitan destruir la credibilidad de los medios de comunicación. Si matas al mensajero, matas su mensaje. Ese es el objetivo de Donald Trump en EEUU. Y lo peor es que funciona. Es la estrategia diseñada por Steve Bannon, y tiene éxito porque Trump domina la escena con maestría. Es un histriónico que sabe conectar con una América que se ha sentido ninguneada por el poder y que tiene miedo a los cambios tecnológicos.

El caso de Santiago Abascal es diferente. Rechaza hablar con los medios que considera hostiles por miedo. En su caso es supervivencia. Un ejemplo en este vídeo:

Los ataques contra medios de comunicación y periodistas están funcionando en EEUU, y en otros países, porque los hechos han dejado de ser el centro de nuestro universo cultural. Priman los prejuicios, que tienen dos características: solo permiten leer o escuchar lo que los alimenta y son inmunes al choque con la realidad. Es el mismo mecanismo que lleva a un determinado número de personas a defender que la Tierra es plana.

Jim Rutenbetg explica en un artículo en The New York Times (tiene versión en castellano) la situación en EEUU. Es cierto que el periódico neoyorquino es uno de los más afectados por los ataques de Trump. Para él, un periodismo justo es el que emite el canal televisivo Fox News, que ha pasado de medio de comunicación conservador a un agitador de la extrema derecha. Justo es que le alaben; la crítica es fake news.

Les sugiero Cuarto Poder, un documental en cuatro capítulos de cómo se vivió en la redacción del The New York Times la llegada de Trump a la Casa Blanca. En España lo emitió Movistar.

¿Hemos cometido los periodistas errores en el tratamiento informativo del fenómeno Trump? Para Jonathan Bernstein no hay duda; según él, nos hemos equivocado en todo. Empezó con un Trump candidato. Parecía un tipo disparatado (en eso no engañó a nadie) que decía barbaridades, estaba sumido en escándalos y daba audiencia. El sistema de primarias en EEUU coloca en igualdad de condiciones en los debates televisivos a los aspirantes. Hay decenas de debates en los Estados retransmitidos por televisiones locales. Los mejores momentos tienen audiencia nacional. Trump, que maneja el medio televisivo, lograba atraer hacia él casi toda la atención y colocar sus mensajes para los informativos que se emitían en todo el país. Es lo que hace Vox.

En España se suele recurrir a la representación parlamentaria para decidir el reparto de los minutos de publicidad gratuita en TVE. Los debates eran entre el líder del PSOE y el del PP. El bipartidismo no daba un segundo a los demás partidos. Esto fue así hasta las elecciones de diciembre de 2015. Por primera vez hubo un debate a cuatro, dando entrada a Ciudadanos y Podemos pese a no tener representación parlamentaria. Tuvo lógica porque el bipartidismo había saltado por los aires tras el tsunami del 15M.

¿Sirve este precedente para Vox? ¿Debe estar este partido en los debates con los otros cuatro? ¿No es una manera de normalizar su discurso anómalo? Soy de los que piensan que deben tener voz, pero no estar en paridad en los debates, como si todos formaran parte de la solución. Hablamos de un partido de tintes xenófobos que defiende argumentos inconstitucionales. Este fue mi tuit sobre el asunto hace unos días. Si leen los comentarios, verán que no todos están de acuerdo. Es un asunto complejo. Hay periodistas que argumentan que dejarles fuera sería alimentar un victimismo que les da votos.

 

No entiendo por qué se invita a representantes de VX a los debates pre electorales con los demás partidos. ¿Tienen representación parlamentaria nacional? Ayudamos a blanquear su discurso y sus mentiras. Todo por la audiencia

— Ramón Lobo (@ramonlobo) 10 de marzo de 2019

Una de las cosas que hemos aprendido con Trump es que el debate tiende a favorecer al más faltón, al que se salta las reglas e interrumpe, el que dice generalidades y ataca a sus rivales. En los debates nadie acude a debatir, sino a colocar frases preparadas por los asesores. Es fácil colar bulos y mentiras porque resulta complicado desmentirlos en el momento. La descalificación constante de Trump ha provocado el efecto contrario, que un importante sector de votantes deje de escuchar las críticas, compre la idea de que todo es fake media, y solo crea lo que dice el presidente.

En España hay tres alumnos aventajados: Abascal, el que menos porque no habla por miedo a meter la pata; Pablo Casado, que es un torbellino de trumpismo,Albert Rivera, que pelea por no quedarse atrás con joyas como esta:

De poco servirán las marchas del 8M si no logramos trasladar esa fuerza cívica a las urnas. Es verdad que el voto hay que merecerlo y los partidos no acumulan méritos, pero estamos ante una emergencia democrática. Lo urgente es conseguir un gobierno que no tenga vínculo alguno con la extrema derecha. Churchill, uno de los líderes más citados (y mal citados) de la historia, decía:  “En política, un día es un año; y un año, una eternidad”.

Quedan muchos años hasta el 28A y aún más hasta las elecciones del 26M, fecha en la que se renuevan alcaldías, varias comunidades autónomas y el Parlamento europeo. Aún pueden pasar muchas cosas. Ni siquiera ha empezado la campaña electoral oficial, porque en campaña estamos todos los días.

El diario ABC publicó esta semana una encuesta de Gad-3, los únicos que acertaron en Andalucía. Esta es su foto fija en marzo:

– Crecimiento del PSOE. De los 85 escaños actuales a 134; 12 más que en la última encuesta de Gad-3 en febrero. Sería un aumento de 49 escaños respecto a las generales. Pedro Sánchez consigue un excelente rédito electoral de estos meses de Gobierno inestable. Veremos si es suficiente para gobernar.

– Caída del PP. De los 137 escaños actuales a 87, diez menos que en el sondeo de febrero. Esto supondría una caída de 50 escaños desde las generales. La estrategia de Pablo Casado, la de mover el partido a la derecha extrema, casi en competencia con Vox, no da resultado. Ya pasó en Baviera con la CSU: su discurso anti-inmigración ahondó el desastre.

– Caída de Unidos Podemos. De los 71 escaños actuales pasaría a 30, uno más de lo que se preveía en la encuesta de febrero. La caída sería de 41 escaños. El riesgo de que el voto útil a favor del PSOE les deje reducidos a una Izquierda Unida ampliada.

– Ciudadanos no despega. De los 32 escaños actuales pasa a 38, pero si lo comparamos con la encuesta de febrero, baja desde los 53. No hay señales de sorpaso al PP para encabezar un gobierno a la andaluza en toda España y corre el riesgo de que los sorpasados sean ellos. Vox está a dos diputados.

– Vox sigue subiendo. De los 23 de la encuesta de febrero a 36 en la de marzo.

Antes de jugar con las cifras, más datos de la misma encuesta: ERC, de los nueve actuales a 12, uno menos que en la encuesta de febrero; el PNV pasaría de los cinco actuales a seis, tanto en la encuesta de febrero como en la de marzo; el PdCAT bajaría de ocho a cinco, tanto en febrero como en marzo; Bildu mantendría dos escaños y Coalición Canaria podría quedar fuera del Parlamento.

El trifachito, como les denomina la izquierda, suma 161 escaños, lejos de los 176 necesarios para la mayoría absoluta.

El Pacto Frankenstein, como denomina la derecha a los que apoyaron la moción de censura a Mariano Rajoy, lograría, según la encuesta de marzo, 189 diputados. Y lo que es más importante, no sería necesario el apoyo de Carles Puigdemont, que parece jugar a bloquear la investidura si no se reconoce el derecho de autodeterminación.

Es probable que la suma de las tres derechas echadas al monte no sume; es posible que tampoco sumen PSOE y Podemos, incluso si añadimos al PNV, un partido conservador con un sentido de Estado. Una eventual reedición del pacto con los partidos catalanes va a levantar polvareda. Habrá portadas, cientos de artículos de opinión, declaraciones de empresarios y de algunos barones (que no falten los barones y las baronesas) a favor de un pacto entre PSOE y Ciudadanos. Sería una reedición de lo vivido en 2016.

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Hay un PSOE que muere y un PSOE que bosteza. El primero terminaría de suicidarse en un pacto con Ciudadanos. El segundo depende de que Podemos no se hunda (la mejor garantía contra las tentaciones riveritas) y de que no necesiten a Puigdemont, al parecer más inclinado al incendio que al pacto.

Faltan seis semanas y unos días.

Feliz Navidad por si no llegamos.

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