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La ceguera moral

Publicada el 28/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 27/03/2019 a las 20:50
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La historia del pensamiento y de la política está llena de incoherencias gloriosas. Los mismos filósofos que escribieron páginas sublimes sobre el bien y la justicia, sobre el ideal moral o sobre la igualdad de los seres humanos, luego, en sus opiniones acerca de asuntos prácticos y políticos, no ocultaban sus prejuicios machistas y racistas. La lista de ejemplos es abundante, por lo que me limitaré a señalar un par de ellos. Es bien sabido que Aristóteles, a pesar de haber llevado la reflexión sobre la ética a un plano muy superior al de épocas anteriores, justificó la esclavitud como manifestación de una desigualdad natural entre las personas. Immanuel Kant, quizá el pensador más profundo de la historia sobre la naturaleza del deber moral, escribió textos que hoy producen gran sonrojo sobre las “razas” inferiores. La máxima del imperativo categórico, “obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio” se detenía en los negros y otras “razas” inferiores.

El mismísimo Thomas Jefferson, el autor de la declaración de independencia norteamericana, dejó para la posteridad estas palabras con las que se abre dicha declaración: “Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”. A pesar de estas bellas palabras y de haber escrito en contra del esclavismo, Jefferson tuvo esclavos en su finca de Monticello en Virginia y adoptó como amante a una de sus esclavas, con quien tuvo seis hijos y a la que nunca liberó de su condición de esclava.

Las declaraciones misóginas o machistas de los grandes filósofos llegan hasta bien entrado el siglo XX. En España, Ortega y Gasset dejó páginas indescriptibles sobre la naturaleza de la mujer en el capítulo 6 de su libro El hombre y la gente. A su juicio, la mujer se distingue del hombre por su confusión natural, por su inferioridad vital y por una relación con su cuerpo distinta de la que el hombre tiene con el suyo. Gracias a la debilidad vital de la mujer, esta hace feliz al hombre y ella misma se siente feliz por su debilidad. Mejor que no siga.

Desde la perspectiva del presente, cuesta entender que personas tan perspicaces y agudas a propósito de las cuestiones más difíciles para el intelecto, luego tuvieran semejantes opiniones sobre asuntos, vamos a decir, “mundanos”, sobre todo cuando dichos asuntos entraban en abierta contradicción con las tesis abstractas que defendían en sus obras más celebradas.

La ceguera que han mostrado incluso los más grandes pensadores nos hace ver que una cosa son las ideas filosóficas sobre el bien, la justicia y la igualdad y otra bien distinta nuestra sensibilidad moral. Mientras que las ideas del intelecto pueden ser el resultado de argumentos lógicos impecables y, por tanto, válidos en toda época y cultura, la sensibilidad moral es producto de la historia, la educación y la socialización. En este sentido, resulta evidente que los grandes pensadores no podían sustraerse completamente a la condición de “hijos de su tiempo”. Esta constatación no debe operar como un eximente moral, sino tan sólo como una forma de entender la contradicción subyacente.

Haríamos mal en suponer que en nuestra época hemos superado la ceguera moral en todas sus variantes. Es cierto que las opiniones racistas y machistas ya no disfrutan de respetabilidad intelectual alguna, pero eso no quiere decir que no subsistan otras formas de ceguera que, en un futuro no muy lejano, serán motivo de entretenimiento y pasmo para las generaciones que vengan tras la nuestra.

En concreto, me gustaría sugerir que el mayor cambio que se está produciendo en la sensibilidad moral de nuestra época es aquel que afecta a nuestras relaciones con los animales. Dentro de unos años, no soy capaz de precisar cuántos, la gente se preguntará con cierta incredulidad cómo todavía a principios del siglo XXI los seres humanos nos seguíamos comportando de forma tan cruel y arbitraria con los animales. Señalarán a aquellos pensadores que actuaron como pioneros y fueron capaces de entender, ante la incomprensión general, que los seres humanos tenemos obligaciones para con los animales (Peter Singer, Kristine Koorsgard y Jesús Mosterín, por citar sólo a filósofos), careciendo de toda justificación tanto las actividades recreativas que dependen de la muerte del animal (la caza, los toros) como las prácticas industriales de producción de carne para consumo humano que suponen unas condiciones de vida degradantes y de gran sufrimiento para los animales.

Por un lado, el progreso tecnológico, en la forma de carne sintética, y, por otro, los imperativos medioambientales, contribuirán decisivamente a consumar el cambio de nuestra sensibilidad moral con los animales. No tengo ninguna duda de que, con el paso del tiempo, lo que hoy nos parece normal será percibido como una ceguera inadmisible. Siendo esa la tendencia histórica, no estaría de más que entre todos contribuyéramos en lo posible a acelerar la llegada de una época en la que el sufrimiento animal sea considerado inadmisib
le.
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20 Comentarios
  • Denny Colt Denny Colt 02/04/19 00:58

    Una pregunta. ¿Alguien sabe si se conocen incoherencias de este tipo en el caso de Sócrates?

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  • canor canor 30/03/19 10:37

    Totalmente de acuerdo. Gracias por el articulo.

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  • Carmen47 Carmen47 30/03/19 00:12

    Celebro mucho este artículo. Ya es hora de que se empiece a hablar de un tema tan importante como la sensibilidad ante el sufrimiento y maltrato animal. Gracias

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  • luzin luzin 29/03/19 13:45

    Ah ... y tal vez la agricultura haya sido la actividad humana que ha hecho más daño a la mayoría de las especies de animales no domesticados ... Y si tuviéramos que alimentarnos con proteinas de origen vegetal ¿Cuántos nuevos territorios habría que sembrar?

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  • AMP AMP 29/03/19 13:05

    ¿Quién no adolece de algún tipo de incoherencia?

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  • Galias Galias 29/03/19 12:33

    También yo echo la vista atrás, como Hammurabi, y me horrorizo de mis años infantiles y de lo que hacíamos con los gatos: echarlos a la charca, nada más nacer, como los neardentales, según Adolfo Suárez. Yo fuí taurino y soy hoy antitaurino, ( seguro que Lorca lo sería hoy) nunca fui fumador, pero luché contra el tabaco y furibundamente, aunque no sé como se puede alimentar a 7.500 millones hoy y 9.000 mañana y cómo reducir la población mundial de seres humanos, pero los tiempos cambiarán o nos cargamos el planeta. Yo he acudido en repetidas ocasiones a un artículo de Jesús Mosterin "Ocho jueces sin piedad", como un artículo inapelable. Léanlo.

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  • luzin luzin 29/03/19 07:35

    Una cosa hay clara ... tanto Kant como Jefferson y cia ... fueron grandes revolucionarios para su época, visionarios cuyas acciones y pensamientos, juntos con los de muchos otros, "iluminaron" y sentaron bases de progreso para el resto de mortales ... y siempre enfrentados a las causas mayoritarias y autoritarias de su época ...
    Afirmar que Kant era un racista está sujeto a discusión filosófica e histórica, algunos diferencian entre racialista y racista ...
    Afirmar: " la sensibilidad moral es producto de la historia, la educación y la socialización" ¿es un juicio sintético a posteriori? o simplemente un a priori vacío como "todos los triángulos tienen tres lados" ... Nunca entendí como tienen tanta potencia, por las negritas, juicios tan vacios ...

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  • Argaru Argaru 29/03/19 00:54

    No me gusta cazar y no cazo. No me gustan los toros y no voy a ver una corrida. Si hablas con un cazador, te dirá que cumple con la función de controlar las poblaciones animales. Si hablas con un torero, te dirá que sin la “fiesta nacional” el toro de lidia se extingue. ¿Se debería prohibir los toros y la caza? Lamentablemente, el verbo prohibir se conjuga mal en este país. Baste que quieras prohibir algo para que se incremente su apoyo. Recuerden el caso de la misa por televisión o como está subiendo como la espuma, los “tardofascistas” de VOX y eso que los “fachas” estaban en extinción. Por si a alguien se le olvida, las poblaciones animales hay que controlarlas de alguna forma. Ya por esta razón, no se puede meter en el mismo saco la caza y los toros, y cuando digo caza no me refiero a los ricachones que van a cazar elefantes. En el caso de los toros, el estado está obligado a mantener la especie, pero prohibirlos seguro que aumenta la afición, solo por JODER.
    Por otra parte, todos los seres vivos somos esclavos,en mayor o menor medida, de la CADENA TROFICA ALIMENTARIA. ¿Podemos los seres humanos prescindir de la proteína animal? No lo sé, pero este no es debate moral sino científico. Por otro lado, no lo verán mis ojos, todo lo obsoleto, incluyendo la monarquia, desaparecerán. Si no, tiempo al tiempo.

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    • AMP AMP 29/03/19 13:17

      Muy razonable tu comentario. No obstante como bien dices no se puede equiparar toros y caza.
      Los toros son una aberración, matar un animal por divertimento, es eso. La caza con fines alimentarios en consonancia con el control de las especies, admisible, lo que no es admisible es la caza por diversión del humano o por otros fines espurios.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 28/03/19 22:07

    La ceguera moral es ser ya 7.300 millones y subiendo. Eso quiere decir mayor necesidad de alimentos, es decir, mayores extensiones dedicadas a agricultura, ganadería y vivienda, más bosques roturados, mayor producción de residuos, mayor contaminación de suelos y acuíferos, etc. Esa es la ceguera moral, pero no nuestra (nosotros menguamos) sino, por ejemplo, de las pujantes poblaciones de los EE.UU., China, India, Indonesia, Pakistán, Brasil , Nigeria y Bangladés, que entre ellos solitos ya suman bastante más de la mitad de la población mundial.

    Respecto a la caza y los toros (el nombre de un ensayo de Ortega, por cierto), resulta que entre esas dos actividades (que no practico ni sufrago) representan un infinitésimo de la destrucción de la naturaleza que supone simplemente el crecimiento anual de la población. Así que la preocupación que cada vez más genta dice tener por esos dos asuntos me parece sencillamente una ñoñez. Hay que hacer cuentas. Y las cuentas dicen que si desapareciera España de golpe, con todos sus taurinos y sus cazadores incluidos, el planeta sencillamente no se enteraría desde el punto de vista ambiental.

    Si se pretende que el raciocinio se imponga al instinto, empresa casi con seguridad condenada al fracaso, al menos inténtese modificar la conducta de manera que se consiga algún efecto tangible en vez contentarnos con apaciguar nuestra conciencia de mojigatas damas del ropero: convénzase a la gente de que deje de procrear como conejos en vez de intentar disuadirla de que los cace. Somos cazadores-recolectores. Las dos cosas. Y, por mucho que vayamos barriendo con la escobita por delante de nuestros pasos como hacen los hipócritas de los monjes budistas para, dicen ellos, no matar ni una hormiga, nuestro sistema inmunitario seguirá triturando trillones de microbios a diario (la hermana bacteria, que habría dicho San Francisco de haber tenido un microscopio) quieran los monjes budistas o no. (Que, dicho sea de paso, mucha escobita, pero todos comen de gorra).

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    • luzin luzin 29/03/19 07:28

      ¿Somos cazadores-recolectores? Yo prefiero Carrefour ... alguien hace sus labores de recolección-caza en Mercadona? ... tal vez la opción correcta sea Alcampo ... pero en mi comarca no existe ...

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      • jorgeplaza jorgeplaza 29/03/19 22:16

        No estamos hechos para comer hojas como los gorilas, ni somos carnívoros como los lobos o los felinos. Nuestro hábitat natural es la sabana y nuestra alimentación, casi cualquier cosa. Desde luego no evolucionamos ni paciendo hierba ni matando gacelas a dentelladas: no tenemos ni dientes ni garras para ello, ni corremos lo suficiente en carreras cortas. Nuestro organismo evolucionó en la sabana, somos muy resistentes en la distancia larga y podemos comer de todo (por eso los idiotas de los veganos aguantan largas temporadas sin ponerse más que un poquito verdes), pero desde luego nos gusta y nos aprovecha la proteína animal y disfrutamos haciendo y contemplando los ejercicios que recuerdan a la caza, como muchos deportes de equipo. ¿Usted no ha jugado a "tula" o al "rescate" (también llamado "policía y ladrón")? ¿Qué son esos juegos sino una caza?

        Sí: somos todavía cazadores-recolectores.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 28/03/19 16:57

    Puesto que de filosofía va la cosa, la respuesta es oportuna: "Primum vivere deinde philosophari". No estamos hechos para vivir de lechuga y coles de Bruselas (¡puaf!) o no solo.

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