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Plaza Pública

España, una meditación política: Cataluña

Mikel Aramburu Zudaire Publicada 18/09/2017 a las 06:00 Actualizada 17/09/2017 a las 18:03    
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En 1983, José Luis L. Aranguren (1909-96) publicaba un libro con el título que encabeza este artículo. Estimo que puede resultar de interés volver a la reflexión de este pensador, aún en gran medida válida para el tiempo actual, pues se echan en falta voces y plumas de la categoría humana e intelectual de Aranguren para iluminar esta hora de incertidumbres que vivimos. Quisiera centrarme en el capítulo del libro dedicado a "Cataluña y España" por resultar muy oportuno de recordar en este momento histórico.

Lo primero que Aranguren señala, desde la comprensión y admiración por la cultura y forma de vida catalanas, es el "desencanto de Cataluña" que hoy resulta casi irreconciliable desencuentro. Para resolverlo, a su parecer, había que partir y era necesaria la "autocrítica" por ambas partes. Una parte para entender y asumir que históricamente España nunca ha sido una nación sino una monarquía asentada sobre nacionalidades diversas, ni tampoco un estado sino más bien un imperio. Y la otra parte para aceptar que su ser nacional y sobre todo su lengua, que además se hallaba entonces, según él, en un cierto estancamiento literario y creativo coloquial, no eran compartidas por un sector importante de la población catalana, particularmente la originaria de la masiva inmigración de toda la península acaecida a lo largo del siglo XX.

La primera autocrítica, creo, sigue siendo muy razonable pues, tras décadas de Estado de las autonomías, la "multinacionalidad" de España (ahora decimos "plurinacionalidad") debería estar asumida por gran parte de la ciudadanía y por la mayoría de los partidos políticos estatales. La segunda autocrítica resulta más difícil de valorar actualmente ya que, si nos atenemos a la lengua, es evidente su uso extendido y normalizado en la población y en todos los ámbitos de la vida social y cultural. Y en cuanto al ser nacional, existe una suficiente —para muchos no la suficiente— mayoría política partidaria de, al menos, celebrar un referéndum sobre la independencia de Cataluña y en ello no hay diferencias por el origen o nacimiento.

Volviendo al idioma, Aranguren hace un alegato a favor de toda lengua, por minoritaria que sea, como "genuina e irreductible perspectiva sobre la realidad y, todavía más, creadora de realidad. La lengua tiene que ser defendida y liberada, sí, pero lejos de todo proteccionismo conservacionista, ha de ser también ilustrada creadoramente por los propios catalanohablantes". No obvia el problema político de disponer de un Estado o no para defender mejor un idioma, pero el papel que él quiere encarnar es el de intelectual y lograr la organización de un Estado que promueva la cultura, lo cual es tarea de todos, españoles y catalanes, "interculturalmente", en diálogo. El objetivo sería alcanzar una síntesis entre el reconocimiento pleno de la cultura catalana y las formulaciones correspondientes en el plano político.

En cualquier caso, Aranguren apuesta por bases más culturales que políticas para repensar la nacionalidad catalana, para inventar culturalmente una nueva forma de existencia colectiva, la cual podría cerrarse sobre sí misma o bien abrirse a España y a Europa. Fiel a su pensamiento, también anima a la "heterodoxia" en el catalanismo y, con todo ello, formula su propuesta de una "nueva catalanidad" que envuelva en su proyecto futuro a "unos y otros catalanes". Esta llamada al entendimiento mutuo puede sonar casi profético desde el presente aunque no sé si ahora mismo es posible llegar a él y en qué términos pero opino, como Aranguren, que sería lo más conveniente para la convivencia. Como obstáculo —aunque sea sobre el caso vasco pero igualmente aplicable al catalán— denuncia el "juridicismo" o "interpretación" interesada y particular de la Constitución que sirve de parapeto para ocultar la tendencia a no hacer nada o "noluntad" de algunos dirigentes, a dejar que la situación degenere y se "pudra" hasta el "abandonismo", tal como, en los conflictos internacionales, "no-hacía y terminaba por hacer, demasiado tarde y de la peor manera posible, Franco" o "tendía a no-hacer el Gobierno de UCD, heredero legítimo, sin ruptura, de aquél".

Por último, su reflexión va más allá de la coyuntura y propone emprender una tarea de desmitificación cultural del viejo concepto de "nacionalismo". Por un lado, los nacionalistas, en este caso catalanes (él se refería a los vascos), habrían de renunciar o posponer su "sueño de una independencia imposible" y por otro, los nacionalistas españoles, en una Estado cada vez más sometido y colonizado económicamente, no deberían aferrarse a esa ficción de la "unidad nacional", en realidad plurinacional. Aunque afirme sin dudar que "la época de los nacionalismos toca a su fin", no sabía bien si sería en favor de grandes "comunidades" concretas, autónomas, democráticas y supranacionales, que en su opinión sería lo deseable, o bien de grandes "imperialismos", como era de temer. Considero que hoy todo es más complejo y si, por un lado, existe una legítima reivindicación nacional, que nunca ha desaparecido, como seña de identidad de los pueblos, por otro se han exacerbado nacionalismos de nuevo cuño fanáticos, totalitarios e imperialistas como el yihadismo, además de renacer ideologías populistas diversas, que están dominando a veces peligrosamente el escenario internacional.

Para él, la organización probable del mundo, si era realmente democrática, habría de ser supranacional pero de "naciones" en un sentido pre-nacionalista de la palabra. Así, frente a la "obsolescencia" del "nacionalismo político" que él auguraba, su fórmula es la "nación" arraigada en una cultura y lengua propias, no estancadas sino en continua renovación. Se refería así a una "revolución cultural" mediante las estructuras elementales de la vida cotidiana de esa "nación" con minúscula.
 
_______________
 
*Mikel Aramburu Zudaire es profesor de Filosofía y autor del libro sobre Aranguren, 'Un creyente entre los éxtasis del tiempo'
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6 Comentarios
  • bidebi bidebi 18/09/17 11:30

    A mi me parece que lo “sorprendente” del artículo de Aramburu es que ante un muy grave conflicto como el actual Catalunya-España, acuda a un intelectual de la llamada “transición”. Pero en realidad no es sorprendente. Aún suponiendo su admiración por el “viejo profesor”, me parece que saca a relucir su pensamiento porque quizás considere que en el pensamiento actual español hay poco pensamiento lúcido que sirva de referente.
    Y es que esta es una de las características de la actual intelectualidad española, que no está ni se la espera, salvo excepciones. Y que de lo único que es capaz es de parir panfletos, con gran tufo españolista, como el último que hemos leído estos días.

    Pero es que si ahora parece necesario acudir a Aranguren, lo paradójico de todo esto es que en los setenta muchos también leíamos con avidez al profesor, o Cuadernos para el Diálogo o Triunfo, dentro de las lecturas legales. Es decir la legalidad democrática lectora de entonces estaba en un cristianismo progresista. Y parece que volvemos a necesitarlos, porque ahora ni tan siquiera existe una voz pública de cristianismo progresista.
    Entonces el viejo profesor lideraba parte de la oposición al horror, con la medalla de haber sido expulsado de la universidad franquista, y ahora parecería que se le vuelve a necesitar.
    Y esto enlazaría con mi creencia de que en diez años el régimen se ha hecho mucho más autoritario y mucho más liberticida. Es muy triste decir que cosas que ahora se dicen con toda naturalidad se hubieran consideradas antidemocráticas y hasta fascistas en los años ochenta.
    Precisamente por eso quizás Aramburu acude a Aranguren.

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  • ANAN ANAN 18/09/17 07:59

    Mikel, aportas racionalidad y conocimiento. Por esto y por otros análisis como el de Valenzuela , se inclina uno a seguir este diario. La verdad, las fobias cristalizadas en opinión de JR Lucas me han estado haciendo dudar sobre seguir apoyando este diario. Para aportaciones irracionales y tóxicas, ya están otros medios .
    Gracias

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    • vianero vianero 18/09/17 08:29

      Promoveremos una consulta para enviar a lucas y Harrollos al. destierro, permitiendo que se lleven el pronter.

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  • Independiente Libre Alaia Independiente Libre Alaia 18/09/17 07:02

    La mejor relación entre parejas, pueblos nacionalidades es la que hace que en cada caso se sientan libres sin imposición y dependencias libres y la política consiste en hacer que el otro se siente libre y no dependiente dentro de la interdependencia del orden de las cosas.

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  • Sancho Sancho 17/09/17 22:04

    En tiempos de griterío se agradecen comentarios, artículos que intentan abrir caminos, dialogar...en calma. Gracias.

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    • M.T M.T 18/09/17 09:23

      Me sumo a esa propuesta de dialogar en calma en tiempos de tanta crispación e incertidumbre al tiempo que felicito al autor del artículo. Nos iría de otro modo, creo, con esa exigencia de nivel de cultura a los gobernantes que a su vez se interesaran en esa formación cultivada, cultura, en los gobernados, en los ciudadanos: nación asentada en cultura, con todos los valores que entraña. Saludos.

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