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¿Y si restringimos el uso del avión?

Publicada el 10/08/2019 a las 06:00
Al hilo de las numerosas manifestaciones de la juventud mundial en demanda de medidas efectivas contra el cambio climático y para frenar el desbordamiento de los límites ambientales del planeta, parece necesario cuestionarnos, entre muchas otras formas de despilfarro y consumismo, nuestro modelo de movilidad y de transporte. También del aéreo.

En un reciente análisis cuestionaba la galopante evolución de nuestro parque automovilístico y razonaba su necesaria reducción. También manifestaba serias prevenciones ante la burbuja de subvenciones públicas al automóvil eléctrico, en cuanto podría generar la ilusión de que así podríamos no reducir el parque y contaminar menos el medio ambiente. Al coste de ignorar la procedencia de la electricidad con la que cargamos las baterías. Una reducción del parque, en países como España, que nos sería también imprescindible para poder argumentar que los países asiáticos no deberían imitarnos. Porque, si ellos nos imitan, los límites ambientales globales —ya ahora sobrepasados— serán pulverizados.

Sin embargo no es el transporte en automóvil el más contaminante en cuanto a emisiones de CO2. En un primer recuadro el lector observará que —por pasajero y kilómetro— se sitúan en 104 gramos, mientras que el transporte aéreo lo hace casi en el triple (285 gramos). De manera que si potenciar y usar el transporte colectivo por ferrocarril (metro, tranvía, etc.) como defendía en aquél análisis reduciría a la quinta parte las emisiones por kilómetro del automóvil (de 104 a menos de 20 gramos), dejar de usar el avión y pasar a usar el ferrocarril reduciría las emisiones que provocan cambio climático en veinte veces.
  Y lo cierto es que si nuestro parque automovilístico está creciendo de forma insostenible en las últimas décadas (para España se duplicó en ciclos de veinte a treinta años entre 1960 y 2010), el uso del transporte aéreo a escala mundial está creciendo aún a mayor ritmo.

Según los datos de la Organización Internacional de Aviación Civil (ICAO), los flujos de pasajeros kilómetro realizados en avión en todo el mundo se vienen incrementando a un ritmo superior al cuatro por ciento anual, lo que supone su duplicación cada quince años. Presentamos en un gráfico los datos observados hasta 2015 y la previsión entre dicho año y 2030.
 


Como bien se observa, el tráfico aéreo mundial se duplicó entre 2000 y 2015, y se espera que vuelva a duplicarse entre 2015 y 2030. Cierto que, a niveles más bajos de partida, también se duplicaba, entonces en períodos de diez años, entre 1970 y 1990.

Como bien se ve, el tráfico aéreo registra un ritmo de duplicación mayor aún que el del parque automovilístico (apenas entre diez o quince años) provocando unas emisiones contaminantes gigantescas en relación al transporte terrestre más sostenible: el ferrocarril tradicional. Acabamos de recordar que contamina veinte veces más por pasajero y kilómetro, lo que a la vista de estas cifras si evitásemos la duplicación del tráfico aéreo de pasajeros prevista entre 2015-2030, no liberaríamos millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

De ese total de flujos de pasajeros y kilómetros recorridos por vía aérea es muy importante enfatizar que Europa y Norteamérica acaparan el 50% de los mismos a escala mundial (según los datos de Naciones Unidas) y Asia el 30%, pero hay que tener en cuenta que mientras la población de los primeros no llega al 10% mundial, la de los segundos se sitúa en el 40%. De nuevo se nos hace presente que es en Europa y Norteamérica donde más debemos reducir el uso del avión por persona y año para conseguir que otros países desistan de imitarnos en nuestra vorágine.

El caso de España es, por ejemplo, muy representativo porque en él se combina una evolución acelerada del tráfico aéreo nacional (que se duplicó entre 1995-2018) con otra aún más acelerada en el tráfico internacional turístico de españoles y de visitantes (que se duplicó entre 2003-2018), según datos del Ministerio de Fomento.

Como muy bien señalaba, ya en el año 1967, el economista E.J. Mishan: “[…] Una considerable fracción de la humanidad forma parte de la invasión turística corriente, pero esto es el resultado de que el precio de viajar se halla muy por debajo de los costes sociales en que se incurre al hacerlo… Tan solo puede aventurarse una fórmula que conseguiría en gran medida variar esa tenebrosa tendencia: una ley internacional en contra del tráfico aéreo”.

Y aunque ya tenía entonces toda la razón al afirmar que los precios de los pasajes aéreos no recogen en absoluto los daños ambientales que se provocan por cada pasajero y kilómetro, no es menos cierto que de los 0,5 billones de kilómetros pasajero que en 1970 provocaba su voz de alarma… ¡hemos pasado a más de 6 billones en la actualidad!

Propuestas

En el espíritu de los objetivos de aquella legislación restrictiva que demandaba Mishan hace ya más de cincuenta años, se hace hoy más necesario que nunca:
 
  • Una prohibición drástica de todas las subvenciones públicas a rutas aéreas y de las exenciones fiscales a sus combustibles.
 
  • Repercutir en el precio del billete todos los costes ambientales asociados (tasas ecológicas) y hacerlo de entrada a escala de la Unión Europea.
 
  • La asignación de un cupo de kilómetros de recorrido aéreo por año a cada ciudadano del mundo, cupo no transferible y sólo acumulable durante cinco años.
 
  • Prohibición de trayectos cortos aéreos (menos de 400 kilómetros) dentro de la UE que cuenten con canales ferroviarios alternativos.

Para así forzar a que muchos viajes de negocios se resuelvan por canales de telecomunicación hoy baratos y eficaces. O que muchos viajes turísticos se concreten en destinos de proximidad accesibles por ferrocarril o barco.

Porque si no cortamos de raíz la tendencia del tráfico aéreo mundial, y para ello cada usuario tenemos que hacer nuestra parte (emulando el efecto Thunberg), nos haremos trampas al solitario cuando nos manifestamos contra el cambio climático.
________________________

Albino Prada es economista y ensayista. Sobre esta temática ha escrito El despilfarro de las naciones (2017) y su último ensayo se titula Crítica del hipercapitalismo digital (2019)
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7 Comentarios
  • ArktosUrsus ArktosUrsus 11/08/19 19:26

    Estando de acuerdo con el innegable deterioro ambiental y su origen o aceleración en la irresponsabilidad humanan, lo que me interesan son las propuestas porque el diagnóstico puede estar confundido o manipulado (o no). Curiosamente casi siempre la solución es restringir. Quizá es que no somos capaces de encontrar otra manera. De las cuatro que expone el articulista hay dos que me parecen sensatas: el cupo de viajes y la prohibición de trayectos de menos de 400 Kms. (yo lo subiría a 500) si existe alternativa ferroviaria (siempre que la alternativa sea real y funcione, no como, por ejemplo, la de Extremadura). Las otras dos me parecen muy poco acertadas. Decirle a los canarios - por ejemplo - que desaparecerán las subvenciones de vuelos de las que gozan por ultraperiféricos me parece una barbaridad y sin duda se volverían a sentir desplazados y abandonados por España y Europa, sin contar con el daño que sin duda sufriría la economía de las islas. Repercutir en el precio del billete los costes ambientales asociados me parece una barbaridad. Habría que repercutirlos en los beneficios de las compañías aéreas que así se preocuparían (quizá) de encontrar mayor eficiencia en sus motores y les preocuparía de verdad el medio ambiente, que ahora les importa un pepino ya que en lugar de bajar sus beneficios cuando hay algún problema (subida de carburantes por ejemplo) se limitan a darle el estacazo al cliente. Por cierto, siempre he oído que viajar abre la mente. Con lo que nos plantea el articulista no la abriría mucho, salvo que se optara por desplazarte sólo en tu continente y no muy lejos. Las fronteras entre países y las conexiones ferroviarias aún no son lo suficientemente permeables para permitir moverse con soltura por Europa (ya no quiero ni pensar en Asia o en África). Estas propuestas me dan un poco de miedo. De un lado porque si se tienen en cuenta, volveremos a que sólo vuelen los ricos que pueden pagar el billete mucho más caro. De otro porque suenan a volver a la tribu y no moverse. Siervos de la gleba versión siglo XXI. Para eso ya tengo a Abascal.

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  • phentium phentium 11/08/19 02:36

    Y que viva el ecoterrorismo....!!!

    El cambio climático es innegable e inexorable y ha venido para quedarse.

    Lo que yo pongo en duda es que nosotros tengamos tanta influencia en el. Un poquito más de humildad no nos vendría nada mal.

    Dado que es inexorable e inevitable, mejor haríamos en invertir recursos para adaptarnos a él, en lugar de dilapidar los en esfuerzos inútiles.
    Ya lo dijo Darwin.... sobreviven los que mejor se adaptan no los mas fuertes.

    Y el reciclaje y toda su liturgia....negocio. Solo negocio. Porque meter el pote de plástico en un contenedor u otro no 3vita nada salvo un puesto de trabajo. Rellenar el bote vacío en lugar de tirarlo si que sería contaminar menos.

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  • Aserejé Aserejé 10/08/19 21:09

    Estupenda la informacion q da este articulo. Gracias

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  • cromwell cromwell 10/08/19 18:04

    Estoy de acuerdo con Albino Prada, está muy bien argumentado y hace propuestas pero ¿quien se atreve? Trabajé en las pistas de Barajas desde mediados de los 60 hasta principios de los 70 y se lo que contaminan los aviones así como los aeropuertos en su entorno y en la atmósfera pero nos han inculcado la idea de la velocidad y y parece imprescindible ganar aunque sea media hora. Deberíamos pensar más en ir que en llegar y cuando digo ir me refiero a disfrutar del viaje al hacerlo relajado. Sinceramente no entiendo a quienes se van de fin de semana a Londres, Nueva York o Milán por poner un ejemplo. ¿Se puede asimilar algo en ese tipo de viajes? Desde hace muchos años no utilizo el avión para mis viajes en la Península y del mismo modo he ido en tren a París, Montpellier, Perpignan y siempre guardo buen recuerdo de mi viaje Viena-Zurich en tren disfrutando de paises, fronteras,etc. Tal vez sea una ra avis. Claro que utilizo el avión para largas distancias y a Canarias o Inglaterra pero nunca menos de una semana. O frenamos el tipo de turismo avasallador en que nos hemos convertido en el primer mundo o vamos por muy mal camino.

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  • jat jat 10/08/19 12:20

    ¿alguien se cree de verdad que esto se va a parar, que la gente a nivel global y masivo va a tomar conciencia...? me parece de una ingenuidad supina suponerlo. Ya estamos condenados, convivimos a diario con desastres ambientales y no ambientales creados por nosotros los "humanos" y no hay esperanza que vislumbre un cambio, ejemplos sobran a diario. Que un señor como Donald Trump esté gobernando la primer potencia mundial ya lo dice todo, y por casa no andamos mucho mejor...
    Como decía mi abuelo... Que dios nos pille confesados!

    Salud!!

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  • 74camilo 74camilo 10/08/19 10:29

    Pues si. Si queremos sobrevivir tendremos que reducir el consumo de transporte en avion, si no también el de transporte en coches, el consumo de carne, el de plásticos....el consumo en general. Es decir el motor del capitalismo. Pero quién se atreve?. Ya sabemos la oposición que vamos a encontrar: "quien me tiene que decir a mí lo que tengo o no tengo que consumir?". El liberalismo barato y destructor. La única solución es lo que ahora se llama decrecimiento y ha de ser gestionado desde una entidad supranacional para velar por la honestidad. Pero repito, quien se atreve?. "Eso es estalinismo!" "Quieren acabar con el progreso!!" "Quieren reducir mi libertad de movimiento!!", "De qué va a vivir la gente??!!". Con esos argumentos continuarán destruyendo el mundo y no nos atrevemos a hacer nada. Desgraciadamente nos están dando la razón a aquella vieja frase de: "socialismo o barbarie". Pues bien, nos deslizamos al abismo de la barbarie...

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    • W. SMITH W. SMITH 10/08/19 11:01

      Cierto ahora ... ¡y desde, al menos, 1848¡: "Confío sinceramente en que, para el bien de la posteridad, la humanidad se contentará con el estado estacionario (de la riqueza y de la población), mucho antes de que la necesidad la obligue a ello" (John Stuart Mill, 1848 "Principios de economía política", Fondo de Cultura Económica, 1978, página 643) ... sostenía Epicuro: «lo in­saciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita».

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