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Convivencia, invasión y genocidio en el pasado peninsular

Alejandro García Sanjuán
Publicada el 15/02/2021 a las 01:13 Actualizada el 15/02/2021 a las 08:28

El pasado 3 de febrero, la intervención de una diputada de Unidas Podemos en el Congreso haciendo referencia a cuestiones relativas al pasado medieval peninsular se convirtió, de inmediato, en trendic topic en las redes sociales, suscitando un rosario de reacciones mediáticas adversas y despectivas. Isabel Franco afirmó, literalmente, lo siguiente: “En al-Andalus convivían tres culturas: la musulmana, la judía y la cristiana. Fue la monarquía hispánica la que provocó una enorme invasión (eso sí fue una invasión), genocidio y ocultación”.

Los sectores conservadores respondieron a estas declaraciones de forma masiva, con una mezcla de indignación y mofa indisimulada. Entre los más moderados cabe mencionar a ciertos políticos y medios de comunicación que se limitaban a señalar el carácter “ridículo” de tales afirmaciones. Otros, en cambio, calificaban a la diputada como “diletante de Wkipedia” y “charlatana”, y los más aguerridos no dudaban en tildarla, directamente, de “analfabeta”. No ha faltado tampoco quien, exhibiendo su profunda erudición historiográfica, haya aprovechado para reivindicar a Ignacio Olagüe, explicando las declaraciones de Isabel Franco como consecuencia de “la querencia de la izquierda radical por la morisma”, su “odio atroz por Occidente” y el “rencor hacia lo visigodo, hacia lo esencial castellano”.

La virulenta reacción de los medios conservadores llama la atención en un país en el que los políticos de derecha acostumbran a utilizar el pasado de forma descaradamente tendenciosa y manipuladora. Recordemos la ya mítica apelación de Aznar a la invasión islámica y la Reconquista como causa de los atentados del 11-M, las repetidas alusiones de Rajoy a España como “la nación más antigua del mundo” y la más reciente consideración de la “Hispanidad” como la etapa más brillante de la historia de la humanidad por parte de Casado. No obstante, la palma a este respecto se la llevan quienes, justo el día antes de la intervención de Isabel Franco, habían vuelto a poner de manifiesto su insuperable adicción al tóxico mito de la Reconquista como gran epopeya de liberación nacional del pueblo español. Sin embargo, como suele suceder, los que más deberían callar son los que más hablan. Con su proverbial gracejo austriaco, el más dicharachero de los eurodiputados de la ultraderecha profería en las redes sociales uno de sus habituales regüeldos etílicos. También los sectores académicos orgánicos de Vox, a los que se les deberían presuponer mayores dosis de contención y capacidad de análisis, se sumaban al coro, dando así muestra, una vez más, de su escaso rigor.

La contraposición entre un al-Andalus de convivencia y multiculturalidad y una monarquía hispánica genocida constituye, sin duda, una enorme simplificación y una generalización abusiva que contribuye a alimentar prejuicios indeseables sobre el pasado. En este sentido, las declaraciones de la diputada son erróneas y desafortunadas. Ahora bien, si analizamos de forma específica los tres conceptos fundamentales que utiliza, tal vez haya razones para obtener una perspectiva más matizada que nos permita situar en su contexto las reacciones suscitadas. Me refiero a convivencia, invasión y genocidio.

La idea de una armoniosa convivencia entre distintas comunidades religiosas ha sido el fundamento de la visión idealizada de al-Andalus, a cuya difusión han contribuido sectores muy variados. En su origen se encuentra la obra del célebre hispanista Américo Castro, si bien se trata de una perspectiva que ha tenido mayor predicamento en foros extraacadémicos. En el año 2009, el propio Barak Obama hizo la que probablemente sea una de las más célebres apelaciones recientes a ese mítico y tolerante al-Andalus. Pero hablar, sin más, de convivencia o de multiculturalidad no supone de manera necesaria incurrir en una mitologización del pasado, y mucho menos constituye una expresión de colaboracionismo con el yihadismo, como pretenden ciertos sectores. La convivencia entre comunidades religiosas existió en al-Andalus durante varios siglos, como también se produjo en los reinos cristianos peninsulares, y llegó a producir fenómenos de simbiosis cultural. Obviamente, sin embargo, en ningún caso esa convivencia o coexistencia puede confundirse con una armónica Arcadia de tolerancia basada en la igualdad, pues la discriminación legal de base religiosa era la base de la consideración de las minorías religiosas en la Edad Media, tanto entre musulmanes como entre cristianos. Como recordaba recientemente Maribel Fierro, “un término como el de ‘convivencia’ sirve al menos para recordarnos aquello que una concepción estrecha y nacionalista de la historia tiende a olvidar”.

La utilización de la idea de “invasión” también suscitó duras críticas contra la diputada, en este caso desde sectores periodísticos en teoría menos sesgados ideológicamente . Tal vez por ello resulta incluso más llamativa la enorme suspicacia que llega a despertar este concepto cuando se aplica a ciertos hechos del pasado, como puede ser, en el caso de las citadas declaraciones, al contexto de la época de los Reyes Católicos, habitualmente considerados como el origen de la Monarquía Hispánica. Se diría que llamar “invasión” a la conquista del emirato nazarí de Granada por Isabel y Fernando constituye un enorme sacrilegio historiográfico, algo que, en cambio, no sucede respecto a otros contextos: la idea de la “invasión” árabe o islámica de la península ibérica, de Hispania o de España es moneda corriente en la historiografía actual y se sigue usando para designar el origen de al-Andalus. No sucede lo mismo en la dirección contraria, de tal modo que la “invasión católica de al-Andalus” constituye un concepto inexistente en la tradición historiográfica. Frente a la ‘”invasión” musulmana se erige, así, la Reconquista cristiana, en un juego de legitimidades e ilegitimidades que constituye la base de la narrativa españolista más rancia y tendenciosa.

El tercero y último de los conceptos es, probablemente, el más controvertido, y también el más problemático de todos ellos. ¿Resulta legítimo y apropiado hablar de un “genocidio” de la población musulmana peninsular a raíz de la conquista del emirato nazarí en 1492 por los Reyes Católicos? Se trata de una noción sobre la que ni siquiera existe acuerdo historiográfico respecto a hechos mucho más recientes, como la Guerra Civil y el Franquismo: algunos expertos lo aplican, al menos en ciertos casos específicos, mientras que otros, en cambio, lo cuestionan, sin que ello, obviamente, implique minimizar los crímenes franquistas.

Sin duda, el término “genocidio” es reciente, de modo que su utilización respecto a contextos históricos más remotos podría considerarse un anacronismo. Pero también lo es el de “reconquista”, lo cual no ha impedido su constante aplicación al período medieval, de forma entusiasta en muchos casos. La extirpación consciente y por la fuerza de una comunidad formada por varias decenas de miles de personas constituye un tema de debate entre los especialistas que estudian el fenómeno morisco, saldado con la expulsión definitiva de dicha población en 1609, tras décadas de represión y persecución. No faltan autores académicos que han empleado nociones como “genocidio cultural” para referirse a dicho proceso, y otras similares, como etnocidio. Uno de los máximos expertos en el tema a nivel internacional habla de “propuestas de exterminio”, pero no de genocidio, aunque ha llegado a mencionarlo en alguno de sus trabajos. Lo cierto, sin embargo, es que la mayoría no lo utiliza. En todo caso, no parece tratarse de un concepto totalmente ajeno a la discusión académica en torno a ese asunto y, por lo tanto, su invocación por la diputada, aunque pueda considerarse desacertado, no constituye un disparate ni una salida de tono.

El Congreso de los Diputados no constituye el espacio más idóneo para desarrollar un debate historiográfico, pues habitualmente quienes intervienen no son historiadores y, además, cuando la discusión se produce en un contexto de debate político resulta inevitable que los argumentos queden condicionados por las disputas ideológicas que enfrentan a los partidos. Sin embargo, que la discusión sobre el pasado irrumpa en sede parlamentaria debe servir para volver a reivindicar la importancia del conocimiento histórico y, sobre todo, para poner de manifiesto la necesidad de seguir cuestionando ideas vigentes que proceden de la narrativa tradicional, pese a la evidente irritación que ello produce entre los sectores más conservadores y reaccionarios.

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Alejandro García Sanjuán es profesor de Historia Medieval en la Universidad de Huelva.

 

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9 Comentarios
  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 15/02/21 18:18

    En España también convivímos armoniosamente los fascistas con los que no lo éramos durante los 40 años de paz una vez que las fuerzas nacional católicas, bendeidas por sus obispos, acabaron con esa peste de ateos materialistas y encima democratas.

    Ahroa esos revisionistas de la Memoria hist´roica dicen que simplemente aguantábamos con todo lo que ellos querían hacer y no había problemas. Y aún dicen que lo seguimos haciendo. Sólo de vez en cuando había algun "incidente" seguido de "algún accidente"; p. ej., la caída desde el tercer piso de una comisaría o algo asi; pero todos sabíamos que eso era provocado por los estalinistas fanáticos pagados con el oro de Moscú, ¡todos lo sabíamos!; estaban dispuestos a suicidarse si con ello conseguían su intento de difamar a la ejemplar fuerzas de la policía y de la Brigada Político Social ejemplarmente dirigida por Billy el niño y sus colegas, unos profesionales como la copa de un pico, llenos de condecoraciones.

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  • Moliendo Moliendo 15/02/21 12:53

    Desacertado es no tomar la chispa que encendió la diputada, ( Sintética, interpretable como gruesa por ello, pero sin errores garrafales ), y no proponer valorar conceptos abiertamente falsos de nuestro pasado en común, especialmente cruel.
    Buscar una verdad común es fundamental para reconocernos.

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  • Toreador Toreador 15/02/21 11:53

    Quisiera hacer un apunte sin ánimo de enfrentamientos. No cabe la menor duda de que en la edad media todo problema territorial se dirimirá a mamporros. Así los descubrimientos americanos saldaron miles de asesinatos en la llamada conquista de América. Es totalmente cierto con matices,que en la península convivieron tres culturas con sus correspondiente religiones, las llamadas del libro, y que se mantuvieron con sus vaivenes durante aproximadamente 700 años. Por lo tanto los hombres y mujeres, fueran Andalusies, Sefardies o Godos eran todos españoles, pues nacieron en nuestro suelo muchas generaciones de los mismos. Por lo que no me parece desacertado el termino genocidio empleado. Se imaginan que intentaran " reconquistar" Al-Andalus los países Árabes después de 500 años ? Salud y Republica.

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  • luzin luzin 15/02/21 11:46

    El problema fundamental es que la leyenda negra española ha iniciado su proceso de desmontaje, esa corriente, a pesar de los esfuerzos de algunos sectores, ya corre con fuerza bajo la superficie, y me parece imparable. Nuestra historia no es peor que la del resto de la Humanida, incluso desde algunos puntos de vista se puede considerar mejor. El limperialismo español fue claramente mejor que el británico, alemán, holandés o norteamericano, sin que eso salve los muchos episodios autenticamente negros. En este punto comparto la clasificación de Gustavo Bueno sobre imperios generadores e imperios depredadores.

    Introducir en el debate público político actual este debate es una derrota asegurada para los izquierdistas postmodernos. Su apelación a una II República vista desde un punto de vista rosa, o un Al-andalus rosa, es falso e infantil, puro pensamiento Winnie de Poot

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    • Grobledam Grobledam 16/02/21 13:18

      Lleva Vd razón en lo que expone en su comentario, especialmente en la "imparable" revisión de "La Leyenda Negra" que no necesita aclaración sobre a quién se refiere, prueba evidente de su eficacia propagandística. La labor, no obstante, será ardua y la prueba son los deditos rojos a su comentario. No estar de acuerdo con la idea de que la historia de España o de lo acontecido en el territorio que ahora ocupa dicho Estado no es ni mejor ni peor que cualquier otra historia de territorios, estados, pueblos, tribus o naciones de por ahí es de analfabetos. Es "historia" y la historiografía no interpreta, describe hechos y acontecimientos. Lamentablemente hay "intereses" o grupos de presión que mezclan la política con la historia, normalmente manejando los datos historiográficos de forma falaz para generar odios o adhesiones mezclando y comparando elementos y tiempos que sólo el analfaburro mezclaría.
      La famosa frase hecha "conocer la historia...." habla de conocer, no interpretar y mucho menos sesgarla o descaradamente falsearla.
      La auténtica historiografía sobre lo acontecido en la península ibérica y la trascendencia inequívoca sobre su influencia en el devenir de la historia planetaria nos va a deparar (está ya deparando) claves y sorpresas apasionantes; a la vez que desvelará mentiras propagandísticas de intereses poderosos que ya lo van siendo menos. Es cierto lo de que la historia la escriben los vencedores; pero con el transcurrir del tiempo la reescriben de forma veraz y documentada los historiadores.

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  • luzin luzin 15/02/21 11:13

    No hace falta irse tan lejos para comprender diferentes fenómenos, aunque no dudo que las causas no son únicas.

    ¿Alguien sabe qué se hizo con los japoneses que vivían en EEUU durante la II Guerra Mundial?

    Imaginemos que España entra en guerra con Marruecos. ¿Alguien se imagina que pasaría con los cerca de 750.000 marroquies que viven en españa?

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  • Juan Gondra Juan Gondra 15/02/21 09:33

    Oportuno y buen artículo, al que me gustaría añadir algún matiz:
    (1) La convivencia entre mahometanos, judíos y cristianos fue tolerada en tanto los primeros eran una minoría muy pequeña. Cuando llegaron los almohades (siglo XI), el islam persiguió a judíos y cristianos, muchos de los cuales emigraron a los reinos cristianos.

    (2) La "reconquista" tuvo su origen en zonas del norte peninsular que nunca habían sido parte claramente integrada en el reíno de los visigodos.

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  • MASEGOSO MASEGOSO 15/02/21 04:59

    Recuerdo una frase en un libro escrito por D.Vicente Blasco Ibáñez :
    "La invasión musulmana fue un chorro de aire fresco que vino a ventilar la atmósfera nutrida de los Reinos Visigodos." No recuerdo si está exactamente escrita así ni el título del libro, pero en es misma obra habla de la cultura musulmana en comparación con la de los reinos europeos de la época "en sus palacios, construidos con ornamento delicado, jardines  y  comodidades, se viste de lino y seda y en el resto- de Europa sus reyes venían de estameña y esparto y habitaban, prácticamente, en cuevas".
    Puede ser una metáfora comparativa del autor valenciano pero, la cultura musulmana nos ha dejado joyas en arquitectura, tejidos, orfebrería, literatura, filosofía, legislación, etc. en lo que se demuestra una cultura más avanzada e la época.
    Gracias profesor García Sanjuán por poner su aclaración ante nuestros ojos. A fin de cuentas nuestra historia ha trascendido lo que los vencedores han escrito,  nuestros políticos, sobre todo de derechas, ignoran tantas cosas que antes de ser incluidos en las listas de los partidos políticos deberían hacerles un examen ya  que la única historia que conocen es la que aprendieron en el franquismo y años posteriores. Es decir, nada. 

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    • MASEGOSO MASEGOSO 15/02/21 07:08

      Putrida en lugar de nutrida.
      Disculpad el gazapo.

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