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Plaza Pública

El rastro

Publicada el 26/07/2021 a las 06:00

No voy a referirme al entrañable mercado madrileño, sino al sendero traslúcido que van dejando los gasterópodos en su cansino deambular. Al poco, ya no los vemos, ni nos acordamos de su presencia, pero si pisamos su rastro podemos resbalar, si lo tocamos nos pringamos.

Es posible que algunos gestores de lo público pasen a la historia como orinales chinos mentados en un pie de página. Solo algunos expertos recordarán su tránsito dentro de unas décadas. Pero su herencia ahí habrá quedado, y para mal.

Quizá uno de los ejemplos más palpables de la huella que ha dejado la connivencia, desidia o torpeza de los gestores públicos sea el de algunas estaciones del AVE. Por ejemplo la de Guadalajara-Yebes (uno de los propietarios de terrenos era el marido de Esperanza Aguirre), y su megapromoción inmobiliaria Valdeluz que, prevista para 34.000 personas, acoge hoy a unas 2.000. O la impresionante soledad de la estación Camp de Tarragona, en la que, cuando aún no era firme la decisión de su ubicación en Perafort, ya había empezado la compraventa de terrenos, alcanzando algunas veces un 800 % del precio de la finca. Hoy en día, con el amplio y agrio debate de la ampliación del aeropuerto de Barcelona, ¿cuál no sería la conveniencia de tenerlo unido por AVE con el de Reus, a menos de 100 kms de distancia? Sin embargo, ¿alguien recuerda a los autores de tales desaguisados? Apuesto que no, aunque cada vez que deambulo por los ámbitos citados, piso su rastro y me indigno al constatar su irreversibilidad.

“Todo pasa y todo queda”. Pasan los causantes, pero permanece el daño. ¿Quién recordará en unos años a los que recortaron sin clemencia la sanidad pública, esa que tanta falta ha hecho ahora, haciendo imposible salvar centenares de vidas que ya no volverán? ¿Quién recordará a los corifeos que divulgaban mentiras sobre las armas de destrucción masivas de Irak, que tanto sufrimiento causaron y cuyas consecuencias aún duran?

Hoy está vigente la discusión sobre lo acertada que pueda ser la sentencia del Supremo sobre el estado de alarma. Más allá de los argumentos y argucias jurídicas, las filtraciones interesadas han pringado irreversiblemente la opinión pública. Como quien ha pisado un excremento canino, no vale solo con pasar el pie por el bordillo, ahí queda, con su pegajosidad y su olor característicos. Y seguirá contaminando en el futuro, cuando nuevas olas pandémicas nos invadan. Cuando alguien llega a cargos de tan alta responsabilidad, se le supone un mínimo de ídem. ¿No sería fruto de este sentido ético del cargo, por ejemplo, el que no hubiera las filtraciones que, parciales y sesgadas, solo buscan erosionar no solo al gobierno, sino también la confianza en las instituciones? También se les podría pedir, por ejemplo, que se pronunciaran a tiempo, y no sobre leyes ya vencidas meses atrás. “Después de muerto Pascual, le llevan el orinal”. ¿Con qué fin?

Y ya puestos, ¿no sería éticamente recomendable que quien tuviera la vigencia de su cargo vencida, lo dejara por dignidad? ¡Qué daño están haciendo a la propia institución, aferrándose a la silla que ya no les corresponde, por mucho que unos políticos cortoplacistas nieguen el relevo! Permanecer en ella es también una decisión personal. Por ende, no solo es el TC el que rechina, también el CGPJ o el Tribunal de Cuentas e incluso el Defensor del Pueblo. Los dos partidos de la derecha extrema pisan sobre los gasterópodos evitando su avance, pero no que sigan secretando baba. Y esta sigue entorpeciendo la circulación ciudadana.

Pronto ya no servirá el pasar la suela por el bordillo, pronto decidirán los transeúntes dejar de pasar por la calle donde habita la democracia, aquella de los tres famosos poderes: ejecutivo, legislativo y judicial que el amigo Montesquieu nos explicó. Así, por la calle desierta y los cargos vencidos encerrados en sus torres de marfil, mirando la soledad entre los visillos, pronto se verá pasar el desfile de algún salvapatrias megalómano que al son de “libertad” nos privará de ella.

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Antoni Cisteró es sociólogo y escritor. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre

 

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5 Comentarios
  • Hélène R Hélène R 27/07/21 14:00

    ¡Caray! Esto es una "métaphore filée" de las más completas: ¡incluso puedo ver este rastro brillante de algún gasterópodo cuando miro la calle, por mi ventana!
    Pero aún asumiendo el riesgo de resbalar, creo que hay que seguir saliendo a la calle, y seguir observando y denunciando estos rastros tan peligrosos para la democracia. Cada uno desde su posición y en el ámbito donde se mueva. Cuantas más voces sumemos ¡mejor!
    Gràcies, Antoni!

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    • ACistero ACistero 28/07/21 13:18

      Gracias Hélène, por tu comentario. Siento que te veas inmersa en mundo tan viscoso, sensación que comparto. Es realmente preocupante la desfachatez con que muchos gasterópodos siguen en su cargo, o no haciendo nada, o lo que es peor, dejando sus difícilmente borrables huellas en el terreno de todos. Y algunos, incluso después, cobrando en metálico y en lisonjas de su corte de aduladores. Porque, ya en ello, no pararán. "Scelere velandum est scelus" (Séneca)

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      • Hélène R Hélène R 30/07/21 18:10

        Panem et circenses (Juvenal...)

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  • Angel Viviente Angel Viviente 26/07/21 00:24

    Muy buen artículo.
    Los gasterópodos nos rodean por doquier y en el futuro se seguirá su rastro. Además de los rastros que se mencionan en este artículo, yo no puedo dejan de recordar el que están dejando los que intentan reinventar la historia. Su rastro pasará por encima de las cunetas y fosas de los cementerios, en donde muchos cuerpos inermes recordaran las balas que les atravesaron, ese momento justo en el que sintieron la extrañeza y el grito inexplicable, y preguntarán a esos gasterópodos cómo es posible que ellos, defensores de una democracia erigida sobre las bases de una democracia, es posible que fueran masacrados por los antecesores de los que ahora se permiten decir que aquello no fue lo que fue, que vinieron a poner orden en una democracia sin legalidad. Su rastro pasará por encima de esas fosas y dejará una baba sobre ellas que se les atragantará cuando dejen este mundo.

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    • ACistero ACistero 26/07/21 11:36

      Gracias por el comentario. En efecto, solo la aproximación a la historia (también la reciente) de forma ecuánime y honesta, puede servir de detergente a tanta mala baba esparcida por doquier. Recordemos lo que hizo Queipo de Llano, comparémoslo con lo que están diciendo ahora en la derecha extrema de PP y Vox. Pero también recordemos quién privatizó tanta sanidad pública, recortando presupuestos para beneficiar a unos cuántos, o quién se cepilló la vivienda pública. Eso también es memoria histórica.

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