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Entrevista

Clara Serra: "Es imprescindible que el feminismo no pida siempre las cosas por favor"

  • La diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid publica su libro 'Leonas y zorras. Estrategias políticas feministas', donde aborda algunos de los debates más asiduos en torno a feminismo y poder
  • Afirma, con respecto a la sentencia de La Manada, que hay que abrir el debate de "cómo hacer que nuestras instituciones y quienes tienen responsabilidades fundamentales en ellas sean personas formadas para entender la violencia machista"
  • "Cuando eres feminista todos los hombres están de acuerdo contigo en que tiene que haber una mayor presencia de mujeres en los actos, pero ninguno está de acuerdo con bajarse él", critica Serra en esta entrevista con infoLibre

Publicada el 29/04/2018 a las 06:00 Actualizada el 29/04/2018 a las 12:26
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Clara Serra, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid.

Clara Serra, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid.

Podemos
Clara Serra (Madrid, 1982), licenciada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, inicia sus andanzas en política a través de la gestación de Podemos. La madrileña, actualmente diputada en la Asamblea de Madrid, es una de las voces que se encargan de teñir de violeta un proyecto político que, desde sus orígenes, se ha reconocido genuinamente feminista.

Sobre su experiencia como política feminista escribe en Leonas y zorras. Estrategias políticas feministas (Catarata, 2018). No lo hace a partir de sus vivencias personales, sino que el relato bebe de lo individual para desarrollar debates colectivos, comunes y habituales dentro del movimiento feminista. El libro invita a la reflexión y propone planteamientos en un escenario donde el feminismo, reforzado, inclusivo y atractivo, empieza a vérselas cara a cara con el poder. Serra llama a discutir sobre las batallas feministas desde un punto de vista estratégico, a visibilizar el papel de las mujeres y sus alianzas dentro de las luchas sociales y del tablero político, a repensar el significado de conceptos como identidad, sexualidad, hegemonía, seducción o coacción. Pero, sobre todo, la filósofa plantea preguntas sin pretensión de dar respuestas categóricas, sino con la intención de construir diálogo para hacer camino de forma conjunta.

Pregunta: En el libro rechaza la idea de poder como un todo coherente y habla de sus grietas como ventanas de oportunidad. ¿De qué forma puede el feminismo colarse por esos cismas?

Respuesta:
Habría que evaluarlo en cada caso, pero sí que efectivamente quería poner en duda estas concepciones del poder por las cuales le concedemos una coherencia y una solidez que creo que no tiene y que nos hacen perdernos posibles oportunidades. La cuestión es que algunos fenómenos son políticamente ambivalentes, entonces si las feministas no vemos esa ambivalencia creo que nos podemos perder las ocasiones u oportunidades de profundizar en alguno de los lados. Lo que quiero poner sobre la mesa es que no tenemos que tener miedo a verlo de forma ambivalente, a ver esas ambigüedades, y no tenemos que tender a ver la realidad de un modo excesivamente coherente. Creo que eso nos hace perdernos justamente esas brechas.

P: Dice que el feminismo tiene su agenda propia y que por tanto debe ser capaz de tejer alianzas. ¿Con quién?

R: 
Con todos los movimientos emancipatorios que tienen también un protagonismo actualmente. Creo que en ese sentido el feminismo ha demostrado poder tender puentes, hacer lazos políticos con movimientos antirracistas, LGTBI y con un montón de movimientos sociales emancipatorios. En un momento como el actual es especialmente importante pensar cómo se pueden construir alianzas para construir un sujeto amplio de mayorías, que es uno de los grandes debates políticos de la izquierda: cómo construir un sujeto del 99%. No sólo en España, en EEUU también se tiene este debate, cómo reunimos a un montón de sujetos colectivos, de identidades diferentes, y hacemos una batalla común. Creo que el feminismo tiene la llave para hacerlo. Ahí quien más está pensando sobre esto y de una manera más interesante es Nancy Fraser en EEUU. Cómo el feminismo tiene un papel clave en la construcción de un sujeto amplio contra fenómenos como el de Trump.

P: En el libro plantea, en varias ocasiones, la disyuntiva entre capitalismo y feminismo. ¿Son opuestos o pueden ser compatibles?

R: Políticamente hay dos cosas que parecen contrarias, pero no lo son. Por un lado, en el plano del análisis, creo que no tenemos que tender a construir un enemigo todo, un enemigo que sea coherentemente todos los enemigos a la vez y que sea entonces la densidad absoluta y la articulación completa de todos los males del mundo: el capitalismo, el patriarcado, el racismo, la homofobia… Creo que no es así, creo que es un articulado mucho más flexible. Pero igualmente creo que es importante que el análisis político lo que haga es pensar cómo están articulados en concreto los enemigos, cómo están articulados en la sociedad concreta que tú tienes que enfrentar y es que esas articulaciones pueden ser distintas. Si en nuestra sociedad la homofobia y el machismo están especialmente imbricados, ese es nuestro contexto, el enemigo al que tenemos que combatir. Si por el contrario en la sociedad griega podía haber una relativa hegemonía homosexual que no tiene esta forma de homofobia, sí existía sin embargo un deje enormemente patriarcal y era otro contexto. Es importante distinguirlo para luego tomar el trabajo de analizar sus concretas alianzas en la sociedad en la que estás.

P: En el libro se muestra partidaria de utilizar lo que llama herramientas del amo como estrategia para hacerse con el poder.

R: Sí. Es un debate muy interesante. Parece peligroso asumir que a veces tienes que combatir al amo, al enemigo, con sus propias herramientas y que eso podría ser en realidad una trampa y quedarte atrapada porque estás utilizando medios o herramientas que le pertenecen al poder, al sistema o al enemigo. Yo quería plantear que en realidad el poder es algo de lo que es muy difícil escapar, por lo tanto es también muy difícil establecer que tienes herramientas limpias de poder y de relaciones de poder. En ese sentido, creo que hay que asumir que de alguna manera siempre que estás en el mundo real y haces política con medios que tienes a la mano, de entrada esos medios no son puros, no están inmaculados. Por tanto, la cuestión es medir cuánto ganas o pierdes con ellos y en qué sentido te puedes quedar atrapado por algunas dinámicas del poder usando algunos. En el libro quería desmarcarme de quien de entrada dice que no se pueden utilizar herramientas del poder, porque quizá es un poco paralizante y porque quizá es imposible.

P: En ese sentido también menciona los mensajes emitidos en medios de comunicación, publicidad o moda y sugiere utilizar esos medios para lanzar el mensaje contrario. ¿Cómo accede el feminismo a esos espacios?

R: Antes me preguntabas por capitalismo y patriarcado, que efectivamente creo que tienen que ser entendidos como cosas que son diferentes, pero a la vez obviamente un análisis feminista hoy en día en nuestra sociedad tiene que tener en cuenta las alianzas entre capitalismo y patriarcado, que son muchas. Me parece que el feminismo puede ser un terreno fructífero para hacer un combate anticapitalista, precisamente por esas alianzas que es capaz de revelar. Ahora bien, también por lo que decíamos antes y en el sentido de que no creo que el poder lo tenga todo perfectamente planeado y establecido de antemano, hay veces que puede ocurrir que una revista que forma parte de las reglas del sistema, o de los poderes fácticos de una sociedad, sea un lugar en el que el feminismo podría decir cosas que no obstante generan algunos efectos en el mundo. En el libro quería reflexionar esto a raíz por ejemplo del debate que tuvimos con Podemos. Se decía que Podemos no podía ir a la televisión porque es una herramienta del sistema, entonces si dices cualquier cosa desde ahí inmediatamente serás absorbido. Yo creo que nosotros demostramos que a veces les puede salir un poco mal llevar a un tertuliano que al final acabó presentándose a las elecciones y acabó asustando realmente a los poderes fácticos que incluso eran dueños de esos grandes medios de comunicación. Ese debate hay que trasladarlo al feminismo porque no puede ser que la izquierda tenga debates y nosotras no, entonces este mismo debate debemos abordarlo de una manera estratégica cuando nosotras nos preguntamos ¿puede una modelo lanzar un mensaje feminista y que tenga efecto en el mundo? ¿Puede una camiseta de Zara tener algún efecto en el mundo? Yo no tengo una respuesta, creo que no hay una respuesta preestablecida, pero de entrada no debemos oponernos a ello. Investiguemos qué efectos puede tener eso. Creo que tenemos que medir beneficios y riesgos siempre en una balanza en la que nos toca poner las dos cosas.

P: Dice que muchas chicas pueden acceder al feminismo a través de algo tan sencillo como un mensaje en una camiseta y a partir de ahí profundizar en el discurso. ¿Qué pasa si el mensaje feminista se queda en eso, en una camiseta?

R: Si el mensaje feminista sólo sirviera para que el poder se cubra de legitimidad, habría ganado él y no nosotras. Si el hecho de que Beyoncé o incluso su mánager y la gran industria de la música estadounidense decidan poner un lema feminista porque creen que van a ganar dinero con ello o aumentar las ventas, pero sin embargo eso hace que muchas chicas adolescentes pasen de tener una concepción negativa del feminismo a tener otra más positiva y a lo mejor muestren interés, ahí quizá nosotras empezamos a ser las que ganamos. Y entre una cosa y la otra es donde está la acción política. No tenemos que confiarle a la realidad que las cosas salgan bien o salgan mal. ¿Dónde está la acción política? En aprovechar esas brechas.

P: ¿Qué pasa cuando esa brecha es aprovechada por otros actores políticos? En el libro pone el caso de Marine Le Pen y su supuesta defensa de los derechos de las mujeres.

R: Creo que igualmente eso es otro fenómeno ambivalente. Cuando los adversarios, o cuando quienes han estado siempre al otro lado y contra quienes hemos hecho política y feminismo, empiezan a disputarlo, yo creo que eso es claramente la imagen de un fenómeno ambivalente que tiene una reflexión compleja. Por un lado es obviamente el intento de apropiación y en ese sentido hay un peligro. Pero por otro lado el intento de apropiarse de ello revela claramente de alguna manera que tú has construido suficiente aceptación, hegemonía, sobre esa cuestión como para que sientan que no pueden quedarse fuera. El avance no puede ser el retroceso, el avance no puede ser volver a atrás para que el feminismo sólo sea una cosa nuestra y nadie quiera disputarlo, porque eso sería algo así como asumir que te quedas en la pantalla anterior y que no vas a pasar de ahí. Creo que el reto es dar esa batalla en esas nuevas condiciones en las que hay actores que quieren disputarlo porque ser feminista ya es una cosa que todo el mundo tiene que ser. Creo que el reto es conservar la vanguardia, que el feminismo y las feministas sean las que conservan la vanguardia, aunque otros actores se pongan a la cola queriendo estar en la foto, pero en posición subalterna, en lugares secundarios.

Con el movimiento LGTBI el PP ya se ve obligado a ir a la manifestación casi después de haber impugnado en el Tribunal Constitucional la ley del matrimonio igualitario. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Decirles que no pueden venir a la manifestación o hacer que vayan pero en la parte de atrás? Yo creo que ganas más cuando van a la manifestación, cuando los votantes del PP ven a sus líderes en una manifestación del Orgullo. Es ese un buen escenario para la seducción, para que algunos votantes del PP dejen de ser homófobos, luego es un gol nuestro que ellos vayan. Ese es el reto para el feminismo: hacer que algunos tengan que ir a la cola, hacer que los votantes del PP ahora piensen que esto del feminismo no es una cosa mala y empiecen a estar más atentos a lo que nosotras decimos, que sea más posible que se vengan con nosotras esos votantes, pero que el PP tenga siempre una posición de ir por detrás. Nosotras tenemos que ser siempre la vanguardia. 

P: ¿Para que estos actores estén incluidos hay que hacer renuncias? Durante el 8M, por ejemplo, el PP y Ciudadanos negaron su apoyo al manifiesto por declararse expresamente anticapitalista. ¿Cree que el 8M debería haber renunciado a este valor para que entraran PP y Ciudadanos?

R: Yo ahí creo que el feminismo tiene que ser estratégico y para mí esto quiere decir entre otras cosas que las batallas no se hagan todas a la vez, que sean de una en una. Respecto al 8M, creo que si intentas tomar todas las colinas a la vez quizá no vayas tan lejos. Quizá es a Ciudadanos a quien más le interesa que hablemos de anticapitalismo, porque cuando el marco es ese en la medida en que no hemos conquistado todavía esa hegemonía, Ciudadanos tiene la excusa perfecta para ausentarse del 8M. Yo creo que cuando las feministas hemos hecho tanto trabajo y hemos construido un marco en el cual hemos conseguido, y esto es una victoria enorme nuestra, que el eje feminismo sí o no sea mortal para los enemigos, debemos ahondar en ese marco para hacer daño a quienes no quieren estar. Ciudadanos sabía que lo que le hacía daño era ese marco, le hacía polvo con sus votantes. Yo creo que nosotras tenemos que ser estratégicas. El 8M fue un éxito tremendo y no debemos renunciar al marco que nosotras hemos conquistado y en el que ganamos: ¿eres feminista o no eres feminista? Y como digo, cuanto más asentado está eso, más fácil es dar el siguiente paso. Y el siguiente paso a lo mejor es que si eres feminista no puedes estar de acuerdo con que haya una privatización de los servicios públicos, un desmantelamiento de los servicios de cuidado y entonces tendrás que estar de acuerdo con ciertas cuestiones. Caminemos hacia el anticapitalismo, pero hay que ir dando pasos, y dando pasos es como nosotras podemos ir marcando las victorias. Yo creo que ahí querer dar todas las batallas a la vez nos puede salir mal.

P: Por tanto, no es tan atractivo el anticapitalismo como sí está consiguiendo ser el feminismo.

R: Desde luego que no. Políticamente diría que hace unos años el feminismo era tan poco atractivo como el anticapitalismo, pero ahora no. Ahí hay unas victorias que arrancar de eso. Y hay que caminar hacia lo siguiente. Nunca por centrarte en una batalla particular estás renunciando a las siguientes. La política se hace en plazos y tiempos. No es una derrota, es agarrar una conquista y eso es justamente lo que te permite caminar hacia la siguiente. Precisamente en la medida en que conquistemos desde el sentido común determinadas esferas, la incompatibilidad entre ser feminista y defender la lógica del mercado nos va a permitir ir apuntando a ese enemigo, pero tenemos que permitirnos dar pasos.

P: En el libro defiende que los hombres deben no sólo ser receptores del mensaje feminista sino también partícipes.

R: Sí, claro. Creo que los hombres deben de ser partícipes, pero el sujeto protagonista del feminismo somos las mujeres, no por una cuestión de restitución de deuda histórica, sino porque es políticamente lo más fructífero. Mirando hacia adelante, somos nosotras quienes tenemos más capacidad de avance para toda la sociedad. Ahora bien, sí que creo que los hombres tienen determinados papeles que cumplir, y creo que nosotras no deberíamos tener miedo de asignárselos. Creo, incluso, que un hombre puede tener a veces la posibilidad de aportar su autoridad, que es una herramienta del poder. La pregunta es cómo podemos poner a nuestro servicio la indudablemente afín al sistema autoridad masculina. Hay compañeros feministas que nos preguntan qué pueden hacer, y hay determinadas cosas que los hombres pueden decir a los hombres en la lucha feminista y que tienen más capacidad de hacerlo. Ese tipo de estrategias tienen que estar al servicio de nuestra lucha, siendo siempre nosotras las directoras del concierto.

P: Respecto a los partidos políticos, habla de que una mayor visibilidad de las mujeres supone a su vez una renuncia de sus compañeros hombres. ¿Cómo se consigue que un hombre renuncie voluntariamente a sus privilegios?

R: Desde luego, esa es una de las cosas que cuando estás en un partido te hace darte cuenta de lo imprescindible de que el feminismo no pida las cosas siempre por favor. Las feministas no tienen que pedir caso, eso es algo que nos desgasta. Ahí hace falta coacción, mecanismos que obliguen. Cuando eres feminista todos los hombres están de acuerdo contigo en que tiene que haber una mayor presencia de mujeres en los actos, pero ninguno está de acuerdo en concreto con bajarse él. Ante ese hecho indudable y universal que siempre ocurre, hacen falta reglamentos, mecanismos de coacción y que nosotras no nos desgastemos, que podamos decir las reglas o los principios que tienen que regir en la organización de un partido con una sonrisa en la cara y no enfadas después de decirlo cinco veces, porque ese es el lugar en el que ellos nos ponen. Nos ponen en ese lugar en el cual pedimos las cosas por favor y luego nos enfadamos porque no se cumplan. No podemos dejarnos poner ahí.

P: Podemos siempre se ha declarado como un partido feminista. ¿En qué se traduce a la hora de hacer política?

R: Nosotros en nuestras prioridades políticas fijamos dos que han cambiado bastante el país, hemos sido uno de los actores que ha impulsado que haya temas centrales sobre la mesa. Uno es el de las violencias machistas. El movimiento feminista desde hace años venía no sólo denunciándolo sino proponiendo muchas soluciones de políticas públicas muy bien pensadas y que estaban llegando a las instituciones. Ser feminista en Podemos yo creo que tiene que ver con poner este tema en el centro de la agenda y servir de correa de transmisión de un trabajo enorme que ya estaba hecho. Las mujeres que trabajan con víctimas en centros, casas de acogida, asociaciones, muchas son feministas, son parte del movimiento y quienes mejor saben lo que pasa. Lo otro es un asunto económico. Poner en jaque al sistema económico actual, a sus prioridades y a sus principios, a través de eso que llamamos cuidados. Los cuidados son, para mí, una pregunta muy radical y muy de fondo sobre qué sociedad queremos. Y qué quiere decir economía, qué quiere decir trabajo o servicio público. Los cuidados tienen la potencia de reordenar nuestra sociedad y cómo está dividida. Ese ha sido otro de los enfoques fundamentales de Podemos cuando decimos que hay que ser feministas.

P: Precisamente en el libro habla de la relación entre cuidados y la finitud de los cuerpos, y lo contrapone al neoliberalismo. ¿Cuál es la importancia de situar los cuidados en la agenda política?

R:
Yo creo que es la manera que tiene el feminismo de hacer un abordaje radical y profundo de lo que es nuestra sociedad. Creo que el feminismo tiene la posibilidad de revelar los fallos fundamentales del sistema económico vigente, del neoliberalismo, y de las prioridades de la política y de la economía. Y creo que el cuidado es la manera de nombrar eso que ha sido olvidado, que ha sido invisibilizado, y que ha sido maltratado. La economía actual lo que hace es invisibilizar, pero sobre todo destruir las condiciones, los lugares, los tiempos, del cuidado de las personas. Y esa invisibilidad patriarcal por la cual el cuidado ha sido una cosa femenina, hace que esa destrucción neoliberal sea más invisible, más impune, menos abordada políticamente. Todo eso nos hace estar más desarmados contra esas embestidas. Esta crisis ha sido un ejemplo de ello, porque uno de los mayores daños que ha hecho atiende a la destrucción de los servicios públicos y cómo eso ha recargado sobre las mujeres los cuidados de muchísimas personas. En la medida en que esos cuidados estén todavía en manos de mujeres o caigan obligatoriamente sobre las mujeres, sobre los hogares, las casas, seguirán siendo invisibilizados y ese problema político será invisible también. Las políticas feministas y las mujeres que hacemos feminismo tenemos la tarea de dar voz a ese problema dando voz a las mujeres.

P: Muchas de las mujeres que forman parte de Podemos tienen una trayectoria como activistas feministas. ¿Cuáles son los aprendizajes en estos años desde dentro del partido?

R: Nosotras llegamos todas siendo feministas y con muchísimo entusiasmo. Podemos es un partido construido muy rápido y que vive un momento perpetuo de excepcionalidad, de una concepción estratégica muy fuerte, y eso lo que nos hace aprender es que las feministas no podemos ser solamente quienes sabemos muy bien qué queremos y cuál es la sociedad que queremos, sino también cuáles son los medios para conseguirla. Y el terreno de los medios en la política es muy amplio, donde las cosas tienen sus propias complejidades, sus propias lógicas y sus propias reglas. En ese terreno es donde tiene que estar un feminismo estratégico, que sepa que en el cómo hay mucha tela que cortar y mucha complicación y que de hecho si nosotras no somos estratégicas acabamos coincidiendo con la caricatura que se nos hace desde fuera, pero también desde dentro porque nuestros compañeros de partido son, como todos los hombres poderosos que hacen política, hombres que creen que la estrategia es una cosa de hombres. Creen que las feministas están bien porque nos quejamos de injusticias y reivindicamos cosas justas, pero no sabemos cómo asaltar el poder. Ese fue el aprendizaje más bestia que tuvimos en Podemos, decirles a ellos que nosotras también sabemos ganar y no nos pueden excluir de esto. Si te excluyen de la estrategia en Podemos te excluyen de todo, porque es un partido básicamente construido como una máquina de guerra electoral.

P: ¿Cómo valora la sentencia de La Manada?

R: La valoro con muchísima preocupación, como creo que hemos hecho muchas feministas y mucha gente durante estos dos días. Creo que es mayoritariamente compartida la sensación de que es una sentencia injusta y creo que revela distintas cosas. Primero, que tenemos que abrir un debate sobre el Código Penal y sobre el derecho de libertad sexual de las mujeres y cómo garantizarlo en nuestras leyes. También sobre las leyes de violencia machista y cómo hacer que la violencia sexual se entendida en nuestras leyes como violencia machista, algo que desde Podemos llevamos defendiendo desde hace mucho tiempo y creo que es urgente. Después, otro debate: cómo hacer que nuestras instituciones y quienes tienen responsabilidades fundamentales en ellas –la Policía, la Guardia Civil, los jueces, los abogados…— sean personas formadas para entender la violencia machista y no personas que reproducen los prejuicios y los estereotipos  y que, por tanto, culpabilizan a las mujeres cuando denuncian una agresión sexual.

En el juicio de La Manada, como agresores, hay un guardia civil y un militar. Creo que esto es lo extremadamente grave. Un guardia civil, un militar y un juez que quiere absolverlos porque no ve delito son parte de las instituciones del Estado. Esto es una descripción e implica una toma de conciencia de hasta qué punto es gravísimo que no tengamos mecanismos para formar a los profesionales de nuestras instituciones y que el Gobierno del Partido Popular esté bloqueando un Pacto de Estado que, entre otras cosas, se proponía como prioritario la formación de ese tipo de cargos y de personas de máxima responsabilidad en las instituciones públicas. Sin recursos, sin presupuestos y con recortes continuados al dinero dedicado a la igualdad y a la violencia machista, tendremos jueces machistas. Y sin un gobierno con verdadera voluntad política para poner en marcha un pacto, es decir, sin un pacto con dinero detrás, tendremos sentencias injustas.
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4 Comentarios
  • Orlinda Orlinda 29/04/18 14:23

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  • Lucía Oliveira Lucía Oliveira 29/04/18 11:57

    Muy buena la entrevista. Me apunto a leer el libro.

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  • Chuchi Chuchi 29/04/18 10:58

    "Cuando eres feminista todos los hombres están de acuerdo contigo en que tiene que haber una mayor presencia de mujeres en los actos, pero ninguno está de acuerdo con bajarse él"  . Y mujeres ¿no?

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    8

    • vaaserqueno vaaserqueno 30/04/18 09:09

      Eso es una incongruencia en este contexto.

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