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La tormenta perfecta del extremismo en Europa descoloca a la derecha tradicional a las puertas del 9J

Muy fan de...

Muy fan de Mariano Rajoy

Toc, toc. ¿Se puede, presidente? Tranquilo, el “toc, toc” no es martilleo, solo quería llamar a las puertas de la Moncloa, como estos días estás de recibir invitados, salvo alguna coleta...

Ya sé que estás disgustado, no te molan los pactos que estás viendo, el jovenzuelo Sánchez se te está radicalizando, algunos de tus chicos quieren que hagas cambios, Bárcenas vuelve a pedirte curro y encima este calor... Qué paciencia tienes. Muy fan.

Con lo feliz que estás con tus datos del paro y tus resultados económicos, que son la envidia mundial. ¿Envidiarán también que uno de cada tres niños viva en situación de pobreza en nuestro país...?

Ahora que, cual Sandro Rey en una noche de iluminación, predices la recuperación plena con fecha fija, 2019, van los seres humanos normales y votan a su bola, a lo loco, sin dar mayorías absolutas a tu partido. ¡Qué manía la del paisanaje de incumplir tu máxima favorita: “Hay que hacer lo que hay que hacer”!

Por tu cabreo supino, se ve que esta ventolera repentina y hippy de querer cambiar el statu quo te ha pillado por sorpresa. No esperabas que con lo bien que lo has hecho, purito al pecho, las urnas no rebosaran de votos azules. Claro, tanto martilleo mediático... Si no se empeñaran algunos pesaos en machacar día y noche con la matraca de la corrupción, si la gente viera menos la tele y leyera más el Marca, otra gaviota cantaría.

Y ahora ¡vaya panorama!, se juntan “los otros” para gobernar en ayuntamientos y comunidades varias y a ti te parece “profundamente antidemocrático que se unan cuatro o cinco fuerzas de extrema izquierda que no tienen cabida en el gran proyecto europeo”. Esos radicales tendrían que diluirse, evaporarse, perderse en el hiperespacio. ¡Fus, fus, vade retro, satanases!

Te cabrea que excluyan a tu partido de los posibles pactos de gobierno, que no seáis bienvenidos a la fiesta de la primavera, con lo enrollaos que habéis sido siempre...“En el siglo XXI, los políticos responsables deberían olvidar el sectarismo y la exclusión”, has dicho. Habrías rematado perfectamente con el “somos unos incomprendidos” de Calimero. Jo.

Claro, es muy distinto que tú decidas no recibir a algún que otro líder en tu palacio –nuestro palacio– de la Moncloa. ¿Eso sería exclusión o derecho de admisión, como en las discotecas? Porque quedaría chulo colocar un mazado calvo en la puerta que abriera la cadenita, mascando chicle, a los que quieran entrar a la ronda privada de contactos...  “Buenas noches, ¿tarjeta de socio?”.

Hasta Rivera, el naranjito del que os cachondeabais en campaña y que ahora os parece más sexi que un desfile de ángeles de Victoria Secret, ha comentado que es de “sentido de Estado” recibir a todos los líderes de las fuerzas más votadas. Pero es más fácil para un camello fofisano pasar por el ojo de una aguja, que para Pablo Iglesias pisar con las zapas de Alcampo la alfombra de tu salón de estar.

Entretanto, en tu partido te piden cambios. Y aunque en tu primera comparecencia tras la jornada electoral dijiste en plan madre que ¡ni cambios ni cambias!, un día después, tras mirarte al espejo tal y como te pidió Juanvi Herrera o tal vez como consecuencia de haber consultado el horóscopo de Esperanza Gracia para los nacidos en marzo –como ariano que eres, Mariano– decidiste que sí, que los harás:

-¿Antes del verano?

- Shí, shí.

-¿Qué cambios?

-Venga, ya he dicho mucho. Chimpún.

Y aquí estamos, sin saber hasta dónde te atreverás a cambiar, si serán muchas o pocas las caras nuevas en el Consejo de Ministros, si los cambios afectarán también al partido, si te harás un piercing, si te dejarás barba hipster... ¡Qué intriga con las transformaciones venideras, madre mía!

Mientras, una baronesa y dos barones de tu tripulación, Rudi, Fabra y Bauzá, deciden arriar el Génova y abandonar el puente de mando del velero Popular. Y algunos de tus clásicos más polémicos también hacen las maletas: León de la Riva se va del Consistorio por la escalera –no sea que en el ascensor alguna loba se le tire al cuello– y Rus, el Contador sin bici, anuncia su marcha a la voz de “¿Sabéis contar? Pues no contéis conmigo en la oposición”. Dice que no quiere volcar su mala leche desde el otro lado, el lado oscuro, el de la fuerza –la tercera tras PSPV y EUPV–, no quiere hacer daño, qué rico es Rus.

Con este panorama general vas camino de las generales. A tu paso, a tu ritmo, que tú no eres de running, esa ocurrencia moderna y aprovechas para eliminar, mientras paseas, hierbajos incómodos como la pena de telediario. ¡Que no se vean imágenes de políticos detenidos, hombre por Dios, que está la gente comiendo!

Muy fan de... Floriano

Y yo, ilusa de mí, creía que la pena de telediario era mi Pirlo llorando a lágrima viva, il lacrimoni gli solcavano il volto. Pero no, la pena de telediario es lo de ver a un exportento popular de la economía mundial, metido a presión en el coche de la poli, como cuando Moreno devuelve el cuervo Rockefeller al cesto.

No sé cómo consolarte ni qué decirte para que rebajes tu cabreo, Mariano. No sé qué puedes hacer para que Bárcenas deje de pedirte trabajo. ¿Qué se ha creído, que eres LinkedIn? No sé si aconsejarte que le digas a Floriano que más que faltaros piel, os han sobrado jetas. Es que ya no se me ocurre nada, de verdad...

Menos mal que tenemos fuera a Ortega Cano, hombre sobrio de estado, pidiéndole templanza y serenidad al descarriado Pdro. ¿Y si lo fichas como asesor para que te eche un capote? Date prisa, antes de que lo cace la lideresa headhunter.

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