Muros sin Fronteras

JJOO, sexo, gays y 'ultras'

Vladimir Putin

Arrancan los JJOO de Invierno en la ciudad rusa de Sochi en medio de extraordinarias medidas de seguridad por su proximidad al hervidero del Cáucaso. Se ha hablado más de las leyes homófobas del presidente ruso Vladimir Putin que de las disciplinas deportivas que concurren a la cita. Desde EEUU y Europa se ha recogido el guante y se esperan gestos de apoyo a la libertad de los homosexuales y las lesbianas. No se descartan sorpresas, golpes de efecto y humor por parte de Putin, como la utilización de la canción 'Not Gonna Get Us' del dúo t.A.T.u, que habla de los problemas de una pareja de lesbianas. Cuando está en liza la grandeur rusa, todo es posible.

Los JJOO, de invierno o verano, suponen un enorme escaparate, una oportunidad única desde el punto de vista publicitario, propagandístico si se prefiere. Ayudan a vender una ciudad o un país. Barcelona 1992 colocó a la capital catalana en el mapa como ejemplo de modernidad y eficacia. Putin quiere que la imagen proyectada sea la de una Rusia moderna, de superpotencia renovada. Las cosas no han empezado bien según los tuits de los primeros periodistas. Los críticos desean aprovechar el mismo escenario para lo contrario, para destacar los puntos oscuros, denunciar los abusos: la homofobia reinante, la falta de libertades políticas y de prensa. Y los grupos armados caucásicos, como la guerrilla chechena, tratarán de expresarse con bombas.

El presidente ruso se ha adelantado a todos con una amnistía que ha puesto en libertad a miles de personas, entre ellos algunos de sus críticos más emblemáticos como el magnate Mikhail Jodorkovsky y el grupo punk Pussy Riot. También ha multiplicado las entrevistas en las que pretende presentarse como protector de los homosexuales. Es un asunto de alta sensibilidad política que sirve de munición en la pugna mundial entre EEUU y Rusia. Las casillas de su partida se llaman Siria e Irán.

La homofobia no solo es un asunto de Putin. En algunos países considerados modelo en la aplicación de las recetas del FMI, como Uganda, y que las iglesias teleevangélicas de EEUU han convertido en ejemplo de rectitud moral, se castiga la homosexualidad con la cárcel y la muerte. La presión internacional sobre Kampala ha obligado al presidente Ioweri Museveni a bloquear, de momento, el trámite parlamentario de la ley, pero Museveni no disimula sus opiniones. Para él, los homosexuales y las lesbianas son unos enfermos.

Gays, lesbianas, sexo. Un cóctel peligroso para extremistas religiosos, sea cual sea el credo a defender; también para los ultraconservadores políticos. Lo que está en juego es la libertad individual, la capacidad soberana del individuo para tomar decisiones que solo le competen a él, como su orientación sexual y quién entra o sale de su cama. La ley está para proteger a los menores, castigar los delitos, no para inventárselos. Hablamos de derechos, como el aborto. Los ultras no creen en la libertad individual, consienten la general pero con los férreos controles de calidad: voto cada cuatro años y mayorías silenciosas entre cita con las urnas y cita con las urnas.

La Iglesia católica, pese a su ayer inquisitorial, ya no pasa por ser una organización extremista pero las opiniones de alguno de sus 'principales', como el cardenal español recién nombrado, Fernando Sebastián, están en concordancia con las de Museveni y Putin. Para el cardenal, la homosexualidad es una deficiencia, como la hipertensión. Su compañero de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, es de la misma cuerda y nadie les monta campañas internacionales. 

La revista Der Spiegel asegura que la encuesta global lanzada por el Papa Francisco para conocer la opinión de los fieles en temas candentes, como estos de los que hablamos hoy, está llena de sorpresas, al menos en las diócesis alemanas. Incluso en la muy conservadora Baviera la inmensa mayoría está a favor del uso del condón y de las pastillas anticonceptivas. Las bases de la Iglesia están por un cambio profundo, que se deje de lado algunos de los dogmas más conservadores y alejados de la realidad.

Toda esa arquitectura de rechazo al sexo y a la libertad de la mujer procede de los papas, no de los libros sagrados. Der Spiegel asegura que, de momento, Bergoglio representa un discurso fresco, como el de Barack Obama en su día, pero que en los asuntos de fondo aún no ha hecho nada y predice que como le ha sucedido al presidente estadounidense acabará por meterse en los zapatos de su antecesor; George W. Bush en el caso de Obama y Ratzinger en el caso del Papa Francisco. Habrá que esperar.

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