Muy fan de...

Muy fan de... la boda de Maroto

Tres eran las bodas grabadas a fuego en el imaginario colectivo ibérico: la de la Pantoja, la de Lolita y la de Felipe y Letizia. Desde el pasado viernes, los españoles sumamos a nuestra lista de bodas, La boda de Maroto. Muy fan.

Si la de la Pantoja fue sonada por la exaltación de la virginidad de la novia, blancas las palomas, blancas las yeguas, blanca la calesa –primera señal de la afición de Isabel por el blanqueo–, y la de Lolita será siempre recordada por el grito desesperado de Lola Flores: “¡Si me queréis, irse!”, tu boda, Maroto, quedará para la historia como la gran paradoja: los novios, dos hombres. Y entre los invitados, la plana mayor del partido que presentó ante el Constitucional un recurso contra la ley que reconocía el matrimonio entre personas del mismo sexo. Quién sabe, Javier, si al conocer que tu partido recurriría pensaste para tus adentros: “Si me queréis, irse a la mierda”.

“Es todo tan hermoso” fue la frase que Letizia pronunció en el altar mientras miraba embelesada a su príncipe. Tenía razón la reina, una boda es una hermosa escenificación del amor entre dos personas y los invitados protagonizan la manifestación de empatía con la felicidad de los novios.

Un momento, ¿he dicho manifestación de empatía? 18 de junio de 2005, 166.000 personas –según la Delegación del Gobierno–, millón y medio –según los organizadores–, se manifiestan en Madrid en contra de la futura Ley 13/2005 y en defensa de la familia tradicional.

A la mani acudieron, en lenguaje propio de la crónica social, “algunos rostros Populares”: Ana Botella, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, Ana Pastor, Miguel Arias Cañete, Jaime Mayor Oreja, Federico Trillo, Vicente Martínez Pujalte, Jorge Fernández Díaz... y al frente de la comitiva, el padrino, Rouco Varela.

¿A que resulta cómico leer estos dos titulares?:

El País, 19 de junio de 2005: “Obispos y altos cargos del PP arropan la manifestación contra las bodas gais”.

Abc, 19 de septiembre de 2015: “La cúpula arropa a Javier Maroto y a su flamante marido”.

El Partido Popular “arropa”, cual edredón de la teletienda, una idea y la contraria con una diferencia de diez años y, seguramente, con una diferencia de tejido también. Apuesto a que el edredón de 2005 no era de plumas, por evitar alergias...

Como en toda boda, lo más tormentoso han sido los preparativos. En las semanas previas, típico lío con las listas de invitados. ¿Acudiría al enlace Mariano Rajoy? El Mundo informaba de la discusión –en el PP y el Gobierno– acerca de si era o no aconsejable la asistencia del presidente. Resultaba contradictorio que lanzara pétalos de rosa a los novios el mismo que hace diez años había lanzado pedradas jurídicas sobre tal tipo de uniones.

El diario hablaba de la proximidad de las generales como un factor a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión. ¿Sería, en clave electoral, un “matrimonio de conveniencia” para Mariano, o irritaría al ala derecha de la gaviota?

Ante el revuelo suscitado, algunos altos cargos del partido se apresuraron a decir que no existía tal polémica, o sea, para nada. Y, a juzgar por la tranquilidad con la que se expresaban, el único quebradero de cabeza sobre la boda del año no parecía pasar del: “¡¿Mari, qué me pongo?!”

Hasta Jorge Fernández Díaz, citado como uno de los que más se oponían a la asistencia del jefe al bodorrio, dijo que él no había abierto la boca. Sería verdad, mentir es pecado y Jorge es pío. Por cierto, el ministro del Interior no asistió, ni como invitado ni como infiltrado...

Y, oye, no había día en el que no nos encontráramos con la “última hora de la boda de Maroto”:

–“¡Rajoy irá a la boda!”

–“¡El equipo de Maroto asegura haberse enterado de la presencia del presi por los medios de comunicación!”

–“Maroto toma una decisión: ¡Me caso en mi despacho!”

Pobre novio, una semana más de movida pre-boda y habría acabado, como el del chiste, acuchillándose la cara con la Gillete Fusión: “¡Pues ya no voy a la fiesta!”.

Finalmente, la boda se celebró como el Código Civil manda y los invitados fueron distribuidos en mesas bautizadas con nombres musicales.

Supimos que el presidente tenía su sitio en la mesa Celine Dion. La elección de sentar a Rajoy en la mesa de la cantante de la BSO de Titanic no responde a una lectura profética, que sepamos...

María Dolores de Cospedal tomó asiento en la de Olivia Newton John, artista famosa por pasar de la dulzura al cuero en Grease y por el arte al patinar en Xanadú. Todo encaja.

Y a la vicepresidenta le tocó la mesa Camela. Resultará inevitable, a partir de ahora, visualizar en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros a De Guindos y a Montoro con la melena del Dioni y Miguel Ángel Cabrera, flanqueando a Soraya Sáenz de Santamaría, la voz cantante de la tecno-rumba. ♪“Sueño contigo, que me has dado...”♪

Hete aquí una boda fruto del amor y de la herencia recibida. De Zapatero pero, sobre todo, del luchador incansable, Pedro Zerolo. Allá donde esté, Pedro habrá sonreído al ver la foto del bodorrio y la conga Popular encabezada por Mariano:♪“Follow the leader leader, leader”♪

Deseo de corazón que los recién casados sigan siendo felices y que coman perdices, tal y como el PP se comió el recurso. Y que quienes intentaron deslegitimar este tipo de uniones y después disfrutaron de la fiesta, sonrían al verse en el álbum del 19 de septiembre de 2015. Pero que no lo llamen coherencia.

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