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Muy fan de...

Federico Trillo

Cuántas veces me habrán leído defender en mis artículos que del dolor de la vida nos salvan el amor y el humor. Sí, creo en ello firmemente, pero mi fe no es tan ciega como para hacerme olvidar que en ciertos asuntos el humor pierde toda su gracia y todo su poder sanador. La semana pasada, volvió a las primeras páginas de la actualidad uno de los personajes políticos más chistosos en su puesta en escena, Federico Trillo, muy fan.

Trillo siempre utilizó el humor como arma de seducción masiva, cómo olvidar sus imitaciones de Alfonso Guerra o Felipe González en los mítines electorales, y sus chistes, y la maza de Manolo, y su "¡Viva Honduras!" y aquel euro que le regaló a la periodista Sonia Martín cuando esta tuvo la osadía de preguntarle por las armas de destrucción que llevaron al trío de las Azores a poner Irak patas arriba... Qué salao.

Pero el caso que le ha devuelto ahora el protagonismo, no deja un resquicio por el que pueda colarse el humor para hacer justicia con las víctimas de una de las páginas más negras de la historia de España; no hay cabida para un solo chiste que sirva de consuelo a quienes perdieron a los suyos en aquel desastroso avión; ni siquiera una rendija por la que el chascarrillo pueda infiltrarse para aliviar a los empáticos que se ponen en la piel de esos 62 militares españoles, de los tripulantes ucranianos, del ciudadano bielorruso y de sus familias.

Un informe del Consejo de Estado, el mismo órgano al que Federico Trillo va a pedir ahora su incorporación como letrado por oposición (1979) –esto sí tiene gracia–, ha obligado al singular embajador en Londres que no hablaba inglés, a abandonar su currito guay en la grey city y marcarse un brexit caminito de su país natal, como en España en ningún sitio, acho.

Tras una semana en la que pasamos por el modo marianista, ese asunto al que usted se refiere ya está zanjado judicialmente y por el maillista, con esa frase del vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, que rozó peligrosamente el chiste: “¿Qué tenemos que hacer con Trillo, sacarlo de España y mandarlo a Perejil?”, la decisión de María Dolores de Cospedal, de asumir como responsable del ministerio de Defensa el informe del Consejo, en diferido, trece años después de la infamia, empujó a lord Trillo a decir adiós desde la capital del reino inglés, cual comentarista de Eurovisión: ¡Hello, Spain, bye, bye London!

No pronunció el exembajador el término “dimisión”, quizás porque comunicó su decisión en horario infantil y esa palabra tan gorda no se puede oír en nuestro país, ni siquiera bajo la fórmula que utilizábamos de pequeños para decir tacos solapadamente: “dimi... y lo que sigue”. No.

Tampoco pidió perdón, Federico, en su despedida, quizás porque disculparse implicaba reconocer, de algún modo, que uno no estuvo a la altura de su responsabilidad y de su cargo en aquel asunto terrible. Que, al marcharse y subirse a un destino feliz, en la ciudad de la noria del milenio, uno se dejó olvidadas en su país las respuestas a muchas preguntas.

Claro, eso sería un harakiri ibérico. ¿Pero qué somos, imitadores de esos antiguos samuráis que se quitaban la vida por honor o por vergüenza? Ná, trae la maza Manolo que voy a remover los michirones.

Hace dos años, cuando salió a la luz la información que ponía a Trillo y a Martínez-Pujalte en el punto de mira, por supuestos cobros de empresas privadas durante el ejercicio de su vida parlamentaria, dijo Federico en una entrevista para el programa de Jiménez Losantos: “Algo huele a podrido en Dinamarca”, refiriéndose al origen de las filtraciones.

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Duele recordar esa cita de Shakespeare en días en los que vuelven a ser noticia los 62 militares que nunca regresaron a sus hogares desde Afganistán. Porque han pasado trece años y aún no sabemos quiénes se enriquecieron con esa operación de subcontrataciones varias; desconocemos por qué Defensa renunció a inspeccionar los aviones que transportaban las vidas de sus trabajadores y las razones verdaderas de la inusitada rapidez con la que fueron repatriados los cadáveres a costa de erróneas identificaciones de los restos de 30 de ellos... Algo sí huele a podrido en este asunto. Isn’t it, William?

Hoy comparece la ministra de Defensa en el Congreso, veremos si con el tiempo obtenemos respuesta a todas aquellas cuestiones que quedaron en el aire que se llevó por delante las vidas de tantas familias.

No, no cabe un chiste, no cabe un ápice de humor. El Gobierno ha agradecido a Federico Trillo los servicios prestados como embajador, veremos si algún día se analizan, a fondo, sus servicios prestados como ministro de Defensa. Mientras tanto, Trillo iniciará una nueva etapa en su vida profesional porque la vida sigue, pero no para todos.

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