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¿Por esto te pagan, Jorge?

Raquel Martos nueva.

En tiempos de virus, Internet propaga sus propios microorganismos, “fenómeno viral” lo llamamos. Y entre todo lo “viralizado” esta semana, ha brillado Jorge. Triunfa a diario en el Wanda, sin ser jugador de futbol. Hace reír a muchas personas, sin ser cómico profesional. Rebaja la tensión y la ansiedad de desconocidos nerviosos y asustados, sin ser psicólogo, ni psiquiatra.

Jorge Prieto es enfermero del Summa 112 en Madrid, nada más y nada menos. Y es, además, un comunicador de nivel. Así se dirige a quienes acuden a recibir su dosis de inmunidad:

El pasado miércoles, como a tantos otros, me enviaron este video por WhatsApp y el speech de Jorge le dio la vuelta a mi día y lo puso del lado luminoso. Porque el encanto con el que el protagonista inocula tranquilidad y confianza a los que van a ser vacunados te llena de antimaloscuerpos, y sientes claramente los efectos que provoca la gente que mola, la que hace que el mundo —tan mierda en tantos sentidos— sea un lugar en el que “vale la pena estar”.

En estos días he escuchado su voz en la radio, he visto su cara en la tele, he leído sus respuestas a algunas entrevistas y todo lo que dice Jorge, o dicen de él quienes lo conocen, responde a la imagen que da en esos cinco minutos en el Wanda: él trabaja con el corazón y con el corazón comunica, por eso es imposible que no cale su mensaje.

Además lo hace a través del humor —un recurso que los seres humanos tenemos a nuestra disposición— y que, combinado con la ternura —otra herramienta que nos viene de fábrica, aunque a veces la fundamos de usarla tan poco— son las armas más potentes contra el miedo y los códigos más eficaces para seducir.

En tiempos de “odio líquido” –concepto acuñado por mi querida y admirada @CarmelaRíos— en los que se viraliza la mala baba y se practica el linchamiento anónimo, tiempos de políticos que rentabilizan electoralmente el calentón de los bajos instintos, o se enrocan para no asumir errores, o riñen en vez de esforzarse en explicar para convencer, lo de Jorge es oro.

Su trabajo eficaz lleva una dosis extra de humanidad, de amabilidad, de buen rollo, es un regalo que Jorge da porque “quiere”, en todos los sentidos. Lo hace él y lo hacen muchos y muchas: en la floristería, en la panadería, en el taller mecánico. En un taxi, en el cuidado a un anciano, en el aula de una escuela o en la ventanilla de información de un organismo…

Sabemos que por esto no te pagan, Jorge, ni a ti ni a quienes, como tú, ponen un plus de sí mismos en el intento de mejorar la vida de los demás, los que decidís ‘summar’. Eso que hacéis no está pagao, pero se os agradece en el alma. Sois la gente que hace que valga la pena estar en un mundo tan mierda en tantos sentidos.

La gente que mola, aquí y en Hawai.

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