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El postureo fotográfico en política

Dice mi madre con mucho pesar que, desde que hacemos las fotos con los móviles, ella no tiene ninguna: “Siempre decís que me las vais a dar y luego, nada, nunca las veo, yo las quiero en papel”. Y tiene razón, antes podíamos resumir una vida en un álbum, ahora tenemos muchas más fotos, pero no sabemos dónde… y lo que no tienes a mano, es como si no lo tuvieras.

Hoy me ha dado por pensar en las fotos, inspirada por el río de chistes que provocaron las de Pedro Sánchez en el Falcon presidencial, con gafas oscuras y gesto de Tom Cruise en Top Gun.

 

La comparación con Kennedy sucedió a la de días antes con Monago, a quien también asesoró Iván Redondo en su día, el expresidente extremeño fue inmortalizado, como Sánchez, corriendo y jugando con su perrito, solo faltaba un pie de foto homenaje al registrador exmorador de Moncloa: “Los presidentes hacen cosas”.

 

Tras las fotos del avión llegaron otras, las de las manos que “marcan la determinación del Gobierno”. Y el presi se llevó una mano de… memes.

 

El cachondeo generalizado, tras el destape manual, provocó el cabreo de varios políticos socialistas y el disgusto de Sánchez: “Corramos un tupido velo”, dijo en los pasillos del Congreso cuando le preguntaron por la cuestión. Varios medios publicaron que, tras una reunión en Moncloa, Sánchez dio la orden de que se acabaran las fotos a la de ya. Gran pérdida para el mundo del humor, estos posados-robados eran una mina.

En la misma semana, un reportaje en la revista Esquire del candidato de Podemos para las autonómicas en Madrid, Errejón, “incendió las redes” (me chifla esta expresión 2.0 tan resobada). Un Íñigo en pose sexy, con gafas de sol y gesto de malote, provocó otro arsenal de bromas y comentarios.

 

Un par de días después, una de las pilotas que compite en la carrera de autos locos para la presidencia del PP, Sáenz de Santamaría, colgó en su cuenta de Twitter un selfie con La Niña Pastori selfie, con quien coincidió en un aeropuerto. Seguro que la candidata pensó que posar con una artista admirada y querida por tanta gente, era positivo para su campaña, "échame una mano prima”, que tengo que ganar a los otros cinco…

 

Vivimos en la época del postureo y las fotos son un arma imprescindible. Mi sobrina adolescente se mata a selfies, yo creo que tiene ella más fotos en su móvil que Annie Leibovitz en los archivos de toda una vida. Claro, que no tengo autoridad moral para criticarla, a su edad yo hacía algo parecido con mi mejor amiga, solo que nosotras, como niñas del siglo XX que éramos, ejercíamos el posado tras las cortinas del fotomatón y soplábamos para acelerar el revelado. Eran otros tiempos.

En esto de la pasión compulsiva por posar, retratar y exhibir, ya no hay límite de edad, seamos honestos. Muchos adultos fotografiamos los platos antes de comer, a nuestro perro quinientas veces al día –la mía aprenderá a hacer la peineta de Bárcenas para responder a mi acoso de paparazzi que no respeta la intimidad de su cesto de dormir–, e inmortalizamos cuadros en los museos antes, incluso, de haberles dedicado una sola mirada. Algún día, también la Gioconda se marcará un Bárcenas para el respetable público que la contempla a través del smartphone (y eso que nos quejábamos de que esté protegida por un cristal blindado…).

La política está íntimamente unida al postureo, forma parte de su esencia. Los primeros objetivos de un político son seducir y persuadir y, en esto, la fuerza de la imagen es indudable. Hay quien cree que una imagen vale más que mil propuestas políticas…

Por eso me encantó el choteo que ocasionaron las instantáneas presidenciales, porque, además de sentido del humor –que valoro enormemente, como mis lectores habituales ya saben–  denotaba madurez, escepticismo y esa incredulidad propia del que sabe, del que ha vivido, del que levanta la ceja y sonríe cuando tratan de venderle una moto.

Si se confirma que queda definitivamente cerrada la galería de fotos presidenciales molonas, si es firme la decisión de terminar con una exhibición de marketing político –tan poco sutil– habiendo como hay un sinfín de decisiones importantes por tomar y muy poco tiempo para demostrar si hay un proyecto serio de país, pues oye, ni tan mal.

Las redes sociales tienen enormes defectos, pero una de sus grandes virtudes es su función de altavoz para dar respuesta a algunos mensajes persuasivos que antes nos comíamos con patatas. A ver, comer, nos los seguimos comiendo, pero solo si están muy bien cocinados, son muchos años viendo MasterChef.

NOTA DE LA AUTORA: Hablando de fotografía, les recomiendo la cuenta de Instagram de Belén Bermejo, editora y mucho más. Sus fotos son poesía hecha imagen.

Yo voy con el equipo de Tailandia

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