Verso Libre

Tuitear a don Antonio

A Enrique Tarancón

El respeto a la figura ética y literaria de Machado hizo que durante muchos años, sobre todo en la posguerra más dura, sus seguidores le llamaran don Antonio. Era una forma discreta de identificarse con la cultura que había sido arrasada por el golpe de Estado de 1936. Cuando la Victoria sucedió a la guerra con la soberbia de un intratable mundo cuartelero, el recuerdo de don Antonio suponía un modo de añorar la dignidad cívica perdida.

Conforme se iba naturalizando la vida democrática, la cultura pasó del don al tuteo. Antonio Machado fue el poeta nacional que aportaba emociones líricas en cualquier educación sentimental. Los cantautores, los escritores, los políticos, los periodistas, los melancólicos y los enamorados han tenido muchas citas que llevarse a la boca para referirse a las Españas que hielan el corazón o a los caminos que se hacen al andar.

Está bien, la intimidad poética permite el tuteo, Machado es un poeta de todos, porque él mismo se encargó de superar el esteticismo para escribir de manera rigurosa, pero como se habla en la calle, con un lenguaje y una sentimentalidad que se entienden como patrimonio común. Según sentencia de los tiempos, ahora se pasa del tuteo al tuiteo. Con motivo de los 80 años de su muerte, las redes sociales se han llenado de citas y comentarios de Machado.

Vivimos una época que cada vez se aleja más de los tiempos humanos, todo es efímero, hay pocas cosas a las que agarrarse, y parece un consuelo tener redes en las que sostenerse y decir aquí estoy, este es mi saludo, tengo unas palabras. La comunicación se convierte en un deseo de socorro que esconde con prepotencia la fragilidad. Todo el mundo tiene algo que decir y se lanzan mensajes como el náufrago solitario lanza señales de humo desde su isla.

La polémica resulta inevitable con frecuencia. Porque si todo el mundo tiene algo que decir, también hay un reducido y privilegiado grupo de gente que tiene algo que hacer. Como es lógico, ha llamado la atención que algunos políticos que se manifiestan y pactan con la extrema derecha, que desprecian la memoria histórica y todavía no consideran oportuno sacar los restos del dictador de un monumento de Estado, se dediquen a tutear y tuitear a don Antonio, una de las víctimas más significativas de la violencia franquista.

Y no es sólo que Antonio Machado se viese en la obligación de morir en el exilio el 22 de febrero de 1939, después de soportar casi tres años de guerra devastadora, es que la lección ética de su poesía y el pensamiento vivo de su Juan de Mairena suponen una contundente respuesta a la degradación democrática y a los brotes de identidades cerradas y totalitarismos que se extienden en Europa por culpa de una derecha que no duda en acercarse a los extremos de la intolerancia. Lo que más duele es que esa derecha ataque la mayor esperanza de don Antonio: la dignidad y la sabiduría del pueblo, una razón que ahora está perdiendo su experiencia del dolor compartido y la solidaridad, infectada por un populismo de consignas identitarias. Mandan los relatos del clasismo y la telebasura.

Pero me gustaría aclarar que lo raro no es que la derecha cite a Machado. El poeta es patrimonio de una cultura común. En un marco de convivencia democrática, un conservador o un progresista tienen el mismo derecho a emocionarse con el recuerdo de Machado. Lo verdaderamente raro es que en España no exista una derecha democrática capaz de sentir por el franquismo y sus crueldades el mismo desprecio que una conciencia de izquierdas. El impudor con el que se reúne la derecha para agitar los fantasmas del fascismo en nombre de su identidad nacional es lo que convierte en una paradoja ofensiva su tuiteo de Antonio Machado.

La desgracia del exilio de Machado, la ejecución de García Lorca o la muerte en la cárcel de Miguel Hernández representan a miles de españoles perseguidos por la barbarie. María Zambrano o María Teresa León son patrimonio de toda una comunidad de diversas ideologías, pero en esa comunidad sobran las tentaciones totalitarias que acabaron con la España que dio sentido a sus vidas y sus palabras.

¿Se hace camino al andar? Después de 40 años de caminar en democracia, esa es la pregunta. El mejor homenaje que se le puede hacer a don Antonio Machado está en manos de la derecha. Se trata de sacar los debates de la memoria histórica de la crispación política, asumir que la cultura democrática es una lección compartida y negarse a alimentar las nuevas formas de odio y violencia que están manchando los corazones de sus seguidores. No use a Machado nadie que ofrezca la maldad como sostén en los mundos efímeros. El odio es algo más que una pompa de jabón.

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