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Opinión

La vieja Europa

André Ramil

Hoy he visto a tres personas pidiendo limosna en una iglesia; cada uno en una puerta. Me pregunto si la Unión Europea es acaso ese gran edificio donde algunos, menos ricos, terminan pidiendo limosnas a los que tienen más riqueza. Si queremos evitarlo debemos lograr una unión verdadera. Tendrían que hacerse más películas exaltando los valores de la vieja Europa, como hacen los norteamericanos, aun a riesgo de ponernos por encima de otras civilizaciones. El respeto es virtud pero en nuestro caso lo hemos convertido, por miedo, en flaqueza. ¿Qué tiene de malo recordarnos que fueron nuestros abuelos los que hicieron despertar a la humanidad? Johann Sebastian Bach, Einstein, Newton, Cervantes, ¿de dónde eran? Debemos recordarnos quiénes somos, quiénes fueron ellos. Si África es pobre no es porque Europa le llevara la pobreza, sino porque Europa se engordó con riqueza en base a sus propios logros, que, recordemos, ningún dios le arrojó del cielo por haber juntado las palmas de las manos y repetido ciegamente un par de frases. Basta de absurdos complejos. Europa tiene mucho de lo que enorgullecerse, y si queremos estar unidos lo primero es reconocerlo. Lo que une a los individuos son los conceptos. No tanto los sentimientos, ya que brotan o no brotan, delimitados por la geometría del intelecto, como en los campos brotan los cereales que comemos, campos bien planificados, de bordes rectos. Pues bien, Europa debe construirse a sí misma en la mente de las personas, debe reconstruirse, porque la luz del pasado se va apagando. Corremos el peligro de heredar una palabra vacía. Sin embargo una Europa fuerte, que resuene con toda su potencia histórica sería un magnífico nexo, quizá un fervor que roce lo religioso, pero con base de hechos, de logros y virtudes que signifiquen un faro para lo mejor del ser humano y no, como en ciertas religiones, una luz que ilumine las ambiciones de cada uno. La ciencia y la razón son parte genuina de nuestra alma; debemos recordarlo. Más películas, más novelas, más arte que reconstruya la ilustración y el brillo del intelecto, en honor de lo que somos, de lo mejor de nosotros mismos, de cada ser humano, pero firmemente ligado a lo que nosotros, europeos, somos y hemos sido, reconociéndonos como guías en medio de un mundo que tiende al oscurantismo.

Hay países más amplios que el continente entero, con grandes diferencias regionales y poblacionales que sin embargo funcionan, incluso en la pobreza. Una Europa que pretenda cohesionarse mediante la riqueza es una Europa débil. Sólo las ideas compartidas y orientadas pueden cohesionar profundamente a grupos humanos diferenciados, como en el caso de estos países que quizá pronto formen parte de nuestro mundo. La humanidad se unió en una sonrisa orgullosa cuando el Apollo 11 alargó su sombra sobre la Luna. Pocos pensaban entonces "es una huella italiana", o "ésa es la huella de un indio". Era una huella humana, por encima de cualquier etiqueta; o, en todo caso, en su interpretación limitada, el logro de Estados Unidos, como heredero provisional del potencial de Occidente. Una idea, un hecho, un gran logro supone una cuerda que ata a individuos al nivel más profundo. Mientras no exista un concepto potente de Europa, mientras no sea cuidado con ingenio y con constancia, la deriva pesimista del individuo tenderá a ensuciar Europa con todo lo negativo, puesto que las asociaciones positivas serán difusas, mientras que el mal hacer y el desengaño, de manera natural, no necesitan ninguna estructura sino que son fuerzas aleatorias, persistentes, que a falta de contrapesos harán de la idea de una Europa unida una quimera, un monstruo deforme que no tendrá ningún caballero que lo enfrente. Quizá somos un tanto primitivos y todavía nos fascinan las imágenes y la idealización. Durante milenios, la religión y la tiranía política han utilizado las imágenes y conceptos a placer para lograr un dominio que, analizado en cuestión de relación de poderes potenciales entre dominantes y dominados, a día de hoy, a vista actual, distanciada, roza el surrealismo. Las promesas y las ideas tienen un poder que no debemos despreciar. Los dioses son dioses en tanto un solo humano esté dispuesto a morir por ellos. Es eso lo que los convierte en dioses, y no los templos ni las ofrendas. Ése es el poder de las ideas: morir por algo que no existe; ¡cuánto más vivir por algo verdadero! En este mundo pasivo, dominado por la cultura basura y las facilidades, hemos olvidado esa fuerza que antes dominaba la relación con el mundo. Domados por los logros tecnológicos, dejamos de recurrir a nuestras viejas herramientas.

Ningún ser humano merece vivir de limosnas. Jamás le daré una limosna a estas personas. La Unión Europea sólo funcionará mediante la unión, mediante ciertas concesiones a un bien común, y el bien común resulta únicamente concebible mediante ideas. Nadie entrega una moneda si no tiene garantías de que servirá para algo, y un proyecto tan complejo como éste requiere una fe desenfadada, casi ciega. Tampoco deben los políticos garantizar este bien común, pues los políticos fallan, y no confiamos en la gestión de individuos concretos. En cambio a los ideales que llevamos dentro, que son nuestros, que soy yo, que eres tú, a esas ideas somos fieles hasta en los mayores desengaños. Fomentando una visión exaltada y virtuosa de Europa no estaremos encendiendo los ánimos actuales, sino conquistando los corazones futuros. Si cada individuo (belga, español, alemán o de cualquier nacionalidad) cree en la unión desde dentro de sí mismo, sin tener que sonreír ante argumentos circunstanciales que queden ensombrecidos por circunstancias particulares, la Unión será verdadera. Sería una satisfactoria manera: que esta peculiaridad humana que es la fe nos devuelva tantos siglos de peticiones infructuosas. Europa debe despertar y tiene que estar orgullosa de sí misma. Más cine, más literatura, más valentía, más unión y comercio, esperanza y hechos, ciencia, más eficiencia, responsabilidad. Así habrá trabajo y esta gente podrá utilizar sus manos. Nadie merece vivir de limosnas.

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De entre los participantes españoles, este es el artículo que ha quedado segundo en el concurso de escritura creativa Tan parecidos, tan diferentes, tan europeos, convocado por la Comisión Europea y del que infoLibre fue jurado. El concurso, organizado por la Dirección General de Ampliación, está dirigido a jóvenes de entre 18 y 25 años de toda la Unión Europea que tenían que responder a una de estas dos cuestiones:–¿Qué te aporta la Unión Europea ampliada?–¿De qué manera la Unión Europea ampliada puede afrontar los desafíos del mañana?Se ha premiado a un joven de cada Estado miembro, que ha ganado una visita de 3 días a Bruselas junto con el resto de galardonados. Tan parecidos, tan diferentes, tan europeos infoLibre

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