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Qué ven mis ojos

"Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes"

“Hay dos tipos de sociedades, las que persiguen a los ladrones y las que los siguen. En las primeras, van a la cárcel; en las segundas, al Congreso”.

Si alguien que haya pasado por esta tierra sabía escribir frases lapidarias, esa persona era Montaigne. Construyó cientos de ellas memorables y hay una que da todos los días la vuelta al mundo: “No importa lo alto que sea el trono que ocupes, siempre estarás sentado sobre tus posaderas”. Qué razón tiene y cómo lo demuestra la forma de quedar por los suelos de algunos cargos públicos en cuanto se levantan de la silla de mando: les descuentas el poder y se vuelven insignificantes, una miniatura de sí mismos. Para ver a qué velocidad encogen, no hay más que comparar sus discursos con sus conversaciones privadas, esas que llegan a nosotros porque ellos han metido la mano donde no debían, un juez les ha pinchado el teléfono y las grabaciones se hacen públicas en los medios de comunicación. Cuando las oyes, aparte de su falta de vergüenza te deja sin habla su zafiedad, ver de qué pasta están hechos, hasta dónde llega su falta de principios y cómo su bajeza moral y su nivel intelectual forman una pareja perfecta. La pregunta es por qué habrán trepado hasta la cumbre y quiénes los llevaron a hombros. La respuesta es que el poeta latino Juvenal tenía más razón que un santo cuando sentenció que “el dinero huele bien, venga de donde venga”.

El antiguo ministro y secretario general del PP de Valencia Eduardo Zaplana nunca dijo esa frase que se le atribuyó una vez y le perseguirá siempre, “estoy en política para forrarme”, aunque en una comunicación con otro jefe de su partido, que forma parte del sumario del caso Naseiro, sí que se le oye reclamar, digamos que presuntamente, su parte del pastel: “Que me den diversas opciones y me quedo con la más fácil. Pero me tengo que hacer rico, porque estoy arruinado. (…) A ver cómo puedo rascar yo aquí”. Luego, hablan de un trapicheo inmobiliario y exige “una comisioncita. Le pides dos millones de pelas o tres, lo que quieras... (…) y me das la mitad bajo mano”. O sea, que fue con otras palabras, pero que llevaban al mismo sitio y que constituyen el abc de la corrupción, esa idea de que a la política se va a meter cuchara y llenar la cartera. No desembarcan en las instituciones, las toman al abordaje. No es que roben, es que son ladrones. Para ellos, un cargo es un atajo.

No es una bandera, es una cortina de humo

El que fuese número dos de Esperanza Aguirre en Madrid, Francisco Granados, abrió su primera cuenta en Suiza dieciséis días después de ser nombrado alcalde de Valdemoro, porque entendió que una cosa llevaba a la otra. Y en esa misma línea, ahora sabemos que el regidor de l’Ametlla de Mar entre 2003 y 2015, Andreu Martí, candidato de Convergència, abrió otra en Andorra cuarenta días antes de las elecciones a las que se presentaba, en las que llevaba todas las papeletas para ganar y en las que, efectivamente, se llevó el gato al agua. Ingresó 3.500 euros y, cuando fue detenido en junio de 2016, ya tenía cerca de dos millones y medio, allí y en Panamá, y había contratado como arquitecto financiero a un implicado en la Operación Emperador a quien se acusa de lavarle cinco millones al capo de la mafia china Gao Ping. Una joya, que ha salido en libertad provisional de la cárcel tras pagar una fianza de 600.000 euros, que provendrán de lo saqueado, pero con cargos por malversación, blanqueo y pertenencia a una organización criminal. Sobre su ideología, se sabe poco. Quizá sea independentista o no, partidario del referéndum o no, de Rajoy o de Mas... Y quizá cualquiera de esas opciones no sea más que una coartada, una bandera tras la que esconderse y con la que confundir a los mismos que la ondean.

Las páginas de economía de los diarios cuentan ahora que las grandes constructoras que operan en nuestro país están a punto de regresar a la Bolsa, y que otras cincuenta —tal vez menos conocidas, pero también con un capital procedente del negocio inmobiliario que mover— lo han ido haciendo desde 2013. No se sabe muy bien si es una buena o una mala noticia en un país donde, mañana mismo, tiene que comparecer en el Congreso de los Diputados el presidente del Gobierno, tras hacerlo ante los tribunales, para dar explicaciones sobre el caso Gürtel y acerca de la presunta financiación ilegal de su partido, que al fin y al cabo son dos asuntos que tienen como telón de fondo el submundo del ladrillo y su relación con los despachos oficiales, es decir, en las alcantarillas de las altas esferas.

Por supuesto, ellos lo negarán todo. Y nosotros, volveremos a citar a Truman Capote: “Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes”. Les da lo mismo, prefieren que les pongan la cara colorada a vivir entre números rojos igual que los millones de ciudadanos a los que han llevado a la ruina.

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