Capital, exterminio palestino y protesta

Pedro Andrés González Ruiz

Los acontecimientos que desde hace años, recrudecidos recientemente (desde el pasado 7 de octubre), acontecen en Filistea (país de los filisteos, origen del nombre Palestina), imponen una comprensión positiva de lo que está ocurriendo más allá de lo que nos dicen los medios de comunicación a diario, a pesar de las restricciones informativas impuestas. Esto es, explicarnos el aniquilamiento de la población gazatí a manos de la sociedad israelí dirigida por un lunático con la complicidad de la comunidad internacional en la que el movimiento estudiantil se presenta como la vanguardia de una conciencia crítica. Y es que estos hechos son, desde el punto de vista de la crítica de la economía política, la expresión más salvaje que adopta actualmente el desarrollo capitalista a nivel mundial, con permiso de Yemen, el Sahel, ...y Ucrania. De otra forma, el capitalismo manifiesta su barbarie bajo la forma de la aniquilación de las personas, también de las que viven en Gaza. Pero vayamos por partes.

El proceso de la acumulación mundial de capital, caracterizado por la agudización de la competencia entre grandes bloques económicos como USA-Europa y los BRICS, tiene en Oriente Próximo una de las zonas estratégicas donde se dirimen sus intereses. Tanto las materias primas (petróleo y gas) como la gestión del Canal de Suez, que permite el abaratamiento de los transportes y con ello de las mercancías, son los exponentes de la importancia que tiene el control de la zona para el capital. En este entramado geopolítico, el papel de Israel es principal para el capital americano, teniendo asignada la función de gendarme de EEUU en esta sensible zona. Por ello, la consideración hacia Israel por parte de los diversos gobiernos estadounidenses no depende tanto de la ideología del partido gobernante como del papel que desempeña en la división internacional del trabajo. El avance israelí, que data de principios del siglo XXI, es la reacción de USA a los recientes vínculos de China en la zona (Arabia Saudí e Irán). La fuerte dependencia europea explicaria la posicion más titubeante y conciliadora que la del campeón anglosajón.

Para llevar a cabo el mencionado papel, Israel ha requerido constituirse en una potencia militar, armarse hasta los dientes dedicando el 12 por ciento del presupuesto público a la defensa y especializarse en la producción de armamento (octavo productor mundial) hasta representar el 15 por ciento de sus exportaciones. Esta situación hubiera sido imposible sin el apoyo norteamericano, no en vano todos los presidentes estadounidenses desde Lyndon Johnson (1967) han ratificado la doctrina según la cual Israel ha de gozar en la zona de la “ventaja militar cualitativa” para garantizar su existencia (y realizar el papel asignado).

Los activistas, la Flotilla de la Libertad, los manifestantes y estudiantes, ponen de relieve que hay esperanza; frente al capital, Palestina y la Humanidad vencerán

Pero el capital israelí tiene sus propias necesidades, para desempeñar su función y para su particular desarrollo. Desde que este capital necesita expandirse sobre el territorio palestino prescindiendo de su población, otrora una fuerza de trabajo valiosa para el desarrollo del capital hebreo, aprovecha cualquier pretexto para avanzar en el exterminio del pueblo palestino y en la progresiva apropiación de su territorio. De hecho, la ocupación de los territorios palestinos y el régimen de apartheid al que someten a su población han sido muy útiles para el desarrollo de la industria militar israelí. Así, el mejor marketing de la producción armamentística hebrea es la difusión de sus reiteradas carnicerías sobre el pueblo palestino, particularmente en Gaza (2008, 2014 y la última 2023-24), hasta el punto que vende su armamento con la leyenda de “probadas en combate” refiriéndose al uso del ejercito de Israel sobre la población palestina. Esta última, con más de 35.000 muertos, 10.000 desaparecidos y 70.000 heridos, es un genocidio.

Esto, que es una salvajada desde el punto de vista humanitario, ha de ser realizado por una expresión política e ideológica que anteponga el expansionismo territorial al derecho de los pueblos a ocupar el territorio donde han vivido por siglos, caso de la población palestina. La expansión con exterminio empezó en Gaza y seguirá en Cisjordania sin límites claros (Líbano, Jordania, Siria, Sinaí). Esta expresión ideológica es el sionismo que encarna el gobierno de Netanyahu, antes Sharon, y mañana otro. Los años de gobierno sionista, más de 20, ponen a las claras que la estrategia se corresponde con una necesidad expansionista del capitalismo hebreo que, en la medida que son tierras ocupadas, supone la expulsión, el exterminio y el dominio de la población filistea. Años ha, Israel y sus gobiernos defendían la teoría de los dos Estados y firmaron acuerdos de paz (el laborista Rubin firmó en 1993 con Arafat los acuerdos de Oslo que dieron lugar a la Autoridad Palestina). Así, el sionismo, que data de finales del siglo XIX, no se constituyó en la ideología dominante hebrea hasta que el capital israelí necesitó justificar su desarrollo expansionista expoleado por la exigencia de control de la zona que impuso el capital americano, recrudecida por su competencia con los capitales emergentes (BRICS).

Sin embargo, el proceso expansionista del capital israelí bajo su vestimenta sionista ha generado contestación, primero en las organizaciones palestinas y luego a nivel mundial. En 2005, estas organizaciones pusieron en marcha la campaña BDS (boicot, desinversión y sanción a Israel) sin mucho éxito; durante estos años y tras las diversas masacres los activistas han respondido con su ayuda solidaria ante el hambre y el asedio, caso de las Flotillas de la Libertad; muchos informantes y miembros de ONG’s han pagado caro su apoyo como la del chef Jose Andrés, tan suspicaz con la exministra Belarra cuando denunció la violencia israelí; más recientemente diversas manifestaciones ciudadanas en Europa y el movimiento estudiantil americano.

Todos los movimientos progresistas que no desean retroceder en la rueda de la historia (feministas, xenófilos, ecologistas, pacifistas, obreristas u otros), están conminados a denunciar y frenar el exterminio palestino, pues el capital israelí ha hecho gala de vincularse con sus enemigos dotándoles de las más diversas y avanzadas tecnologías de armamento, sistemas de seguridad, medios de control de población, tácticas y conocimientos como prueban sus conexiones con la CIA, la contra nicaraguense, los paramilitares colombianos, el ISI islámico vinculado a los talibanes, los regímenes de la dictadura argentina (la de los setenta, carajo), Bolsonaro, Orban, Modi el hindú, entre otros. Incluso líderes occidentales bajo sospecha han sido espiados a través del programa Pegasus, la Skunk-water o aguas putrefactas para el control de multitudes, así como los chips insertos en inyectables para la vigilancia de movimientos de la población, la Cúpula de Hierro vendida a RU para proteger Malvinas, o la inteligencia artificial de Lavender a la hora de señalar blancos para los ataques a distancia, son muestras de como la tecnología del capital israelí se pone al servicio de los poderes antidemocráticos. 

La solidaridad musulmana (Arabia, Egipto, EAU), a veces, se echa de menos al estar en suspenso a la espera de la reconstrucción. También la solidaridad de la clase obrera internacional se echa de menos. Sus miembros, aún presos de su enajenación en la mercancía (fuerza de trabajo) y acreedores de sus respectivos capitales nacionales, eligen la relación de solidaridad ciudadana con sus burguesías antes que la relación internacional de solidaridad de clase, nada nuevo desde el debate de la II Internacional. Lo contrario, supondría asumir que conciencia libre de la que presumen no es más que la forma de la conciencia enajenada en el capital. 

El movimiento estudiantil, como antes frente a la Guerra de Vietnam y luego contra el Apartheid de Sudáfrica, encarna la denuncia y la protesta que terminará extendiéndose, más temprano que tarde, hasta completarse con la clase obrera y el movimiento emancipatorio mundiales. Es la materialización del vaticinio de la crítica de la economía política, heredera de la dialéctica, crítica y revolucionaria por naturaleza, en su afirmación del carácter universal del movimiento, por tanto nada es eterno y todo es perecedero. Los activistas, la Flotilla de la Libertad, los manifestantes y estudiantes, ponen de relieve que hay esperanza; frente al capital, Palestina y la Humanidad vencerán.

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Pedro Andrés González Ruiz es licenciado en Ciencias Económicas.

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