El eclipse como ideología

Israel Sanmartín

El eclipse del próximo 12 de agosto ha despertado curiosidad. Podríamos preguntarnos si se trata de un fenómeno que está animado desde las élites periodísticas o si es un acontecimiento que fascina a la sociedad. Todos están buscando sitio y utensilios para disfrutarlo y contarlo. Será un fenómeno astrológico que perdurará en la memoria de los que lo viven y de los que se lo cuenten.

El eclipse lo podemos asociar a la pandemia de hace unos años, a la corrupción generalizada en los ámbitos de poder, a las catástrofes naturales, al cambio climático, a las muertes de grandes personajes como el papa Francisco o la reina de Inglaterra, a la pérdida de poder económico frente a Asia o al cambio de tumba de dictadores como Franco. Todos estos acontecimientos los podemos utilizar para anunciar que vivimos una época de crisis asociada a elementos apocalípticos, como el fin de la civilización en la que nos encontramos. El argumento es impecable académicamente, ¿verdad?, pero es que además lo podemos reforzar recurriendo al pasado.

Nos siguen vendiendo crisis para que nos quedemos tranquilos porque así pueden jugar con nuestro futuro

En el siglo XI hubo un cronista que se llamó Raúl Glaber. Era un pobre diablo que fue abandonado en un de los múltiples establecimientos cluniacenses de la época. Sin un solo pelo en todo el cuerpo y con un carácter indomable, Glaber transitó por diferentes monasterios gracias a su indisciplina. Eso le llevó a recabar muchos datos orales, a leer muchos manuscritos y a hablar con mucha gente. El resultado fue la redacción de Las historias del primer milenio, un libro en el que los eclipses, las pestes, las muertes, las cometas y los terremotos anunciaban el fin del mundo. Algunos estudiosos empaquetaron todo esto como la crisis del año mil. Y así nos lo han vendido hasta hoy.

Como podemos ver, no hay ninguna diferencia entre lo que pasa en la Edad Media y en la actualidad. Es el mismo mecanismo, donde los eclipses forman parte de un pensamiento más amplio. Es cierto que el eclipse hoy en día es un fenómeno astronómico y en aquel mundo era un anuncio de calamidades. Pero si entendemos el eclipse de forma abstracta, el resultado es el mismo.

Hoy sabemos que la crisis actual tiene muchas aristas y que la crisis medieval sirve como espejo para reforzar esos análisis. ¿Se ajusta esta comparación a la realidad? ¿Hay una relación entre crisis y apocalipticismo? ¿Son los eclipses elementos activos en este ejercicio? Todas estas preguntas tienen difícil respuesta, pero, ¿es un interés académico o popular?, ¿es fruto de las supersticiones o de la ciencia? ¿Es un pasatiempo o un nuevo invento de los ideólogos de la crisis?

Un poco de todo y mucho de nada, pero por fin los ideólogos van quedando al descubierto. Nos siguen vendiendo crisis para que nos quedemos tranquilos porque así pueden jugar con nuestro futuro, que modelarán a su antojo. Nosotros nos creeremos todo. El eclipse sólo es parte de toda esta operación ideológica.

Por eso, en esta ocasión el eclipse es de nuevo un anuncio y una predicción. La aparición de los vendedores de crisis en el mundo actual con los mismos elementos que en la Edad Media. Y eso se lo tenemos que agradecer al eclipse. Y eso sí que no es una creencia.

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Israel Sanmartín es profesor de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela.

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