La literatura española en el 2025: variedad de géneros y estéticas

El balance anual es un género, llamémosle así, que debe partir de todo tipo de prevenciones y que exige, cuando menos, una excusa: por lo mucho que uno no ha leído, por lo que no ha sabido valorar suficientemente y por los libros a los que no ha conseguido acceder. Sin embargo, cuando uno lleva unos cuantos años escribiendo críticas, entre el olfato que desarrolla y las recomendaciones de otros lectores, de críticos en cuyo criterio confía, no se le suele pasar por alto apenas nada realmente relevante. El paso del tiempo no ha hecho más que acentuarme este rasgo de vanidad. Quizá lo primero que debe hacer un crítico sea no atender los diversos cantos de sirena, los muchos reclamos que emiten los editores, los periodistas de las secciones de cultura, y también los críticos (incluidos los escritores que cultivan la crítica, a menudo con escaso talento, a diferencia de lo ocurrido en otras épocas), todos aquellos a los que les marcan el paso.  

Me centro en la narrativa española, pero hago alguna excepción, como debe ser. Creo que no es necesario que repita que solo he leído unos pocos libros, quizás unos 35, por lo que se me han podido pasar algunos importantes, y aun otros que he visto citados con elogios no los he podido leer todavía, pues no me han llegado o no he podido conseguirlos, como son los libros de Eloy Sánchez Rosillo, Enrique Vila-Matas, Angélica Lidell, Ana Merino, Lara Moreno, Lucía Solla Sobral y Antoine de Compagnon

En los balances, es necesario jerarquizar los libros, destacar los más importantes. El tiempo dirá si hemos acertado. Del 2025 me han interesado, sobre todo, los cuentos de Cristina Fernández Cubas (Lo que no se ve, Tusquets), la novela teñida de memorialismo de Marcos Giralt Torrente (Los ilusionistas, Anagrama), los cuentos de Pilar Adón (Las iras), la crónica de Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo, Random House), la mixtura de ensayo y autobiografía de Antonio Muñoz Molina (El verano de Cervantes, Seix Barral) y el rescate imprescindible de Manuel Chaves Nogales (Diarios de la Segunda Guerra Mundial. 1. Desde París. Ed. de Yolanda Morató). 

Entre los libros de cuentos que he podido leer, me han llamado la atención, en especial, los de Elvira Navarro (La sangre está cayendo al patio, Random House) y Cristina Peri Rossi (Turbación, Menoscuarto), se trata de dos cuentos y una novela corta; así como los de Álvaro Pombo (Cuentos autobiográficos, Anagrama) y Fernando Aramburu (Hombre caído, Tusquets). Quiero añadir a lo dicho unas cuantas novelas más: las de Ramiro Pinilla (Quince años, Tusquets), la del recientemente fallecido José María Guelbenzu (Una gota de afecto, Siruela), la de Luis Mateo Díez (La vigía de las esquinas, Galaxia Gutenberg), Eduardo Lago (La estela de Selkirk) y Raúl Quinto (La ballena azul, Jekyll&Jill), que espero poder leer pronto. 

Siempre he sido lector de los artículos que escriben los escritores en la prensa. Del pasado año, no habría que perderse los de Julio Camba (Mis mejores páginas. Ed. de Francisco Fuster), un clásico, Javier Marías (Así que pasen treinta años, Alfaguara) y Almudena Grandes (Escalera interior, Tusquets).

También ha sido un buen año para las biografías, autobiografías y memorias. Son buena prueba de ello las de Carmen Martín Gaite (José Teruel, Carmen Martín Gaite, una biografía, Tusquets), Rosa Chacel (Anna Caballé, Íntima Atlántida. Vida de Rosa Chacel. 1898-1994, Taurus), Álvaro Cunqueiro (Antonio Rivero Taravillo, Álvaro Cunqueiro. Sueño y leyenda, Renacimiento), Rafael Sánchez Mazas (Maximiliano Fuentes, Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces, Taurus), Azorín (Francisco Fuster, Azorín. Clásico y moderno), Beatriz de Moura (Carlota Álvarez Maylín, Una curiosidad sin barreras, Tusquets), Ángel Guinda (J. Benito Fernández, Las claves de los oscuro), Andrés Trapiello (Próspero viento)… Y la biografía novelada de María Moliner (Andrés Neuman, Hasta que empiece a brillar, Alfaguara).

Por lo que se refiere a los epistolarios, que aprecio mucho, entre los últimas que he podido leer me gustaría destacar el mantenido por Carlos Edmundo de Ory y Rafael Pérez Estrada (Entre el impacto y la electrocución. Correspondencia. 1987-1990. Epílogo de Salvador García Fernández).

En otros géneros, quiero recordar los libros de Max Aub (¿Dónde está la frontera del aire?, Bonilla y Artigas. Selección y prólogo de Adolfo Castañón), Julio Llamazares (El viaje de mi padre, Alfaguara), Carme Riera (Gracias. Cincuenta años después, Alfaguara y Edicions 62), Jordi Canal (Contar España. Una historia contemporánea en doce novelas), Juan Cruz (Secreto y pasión de la literatura. Los escritores en primera persona, de Borges a Almudena Grandes, Tusquets), Enrique Murillo (Personaje secundario, Trama), María Bengoa (Las damiselas y el escritor, Tusquets; homenaje a Ramiro Pinilla, a través de unas damiselas inventadas, cuyas impresiones están basadas en conocimientos –digamos– reales) y Carlos León (La belleza del pintar, Eolas). En el terreno de la poesía, quiero llamar la atención sobre el libro de la argentina Susana Szwarc, El Libro (no) de los Salmos, publicado por Hiperión. 

Por lo que se refiere a las revistas, a menudo me preguntan qué publicación literaria leer, que no sea estrictamente académica, suelo recomendar –¡cuántas han ido cayendo por el camino!– las que yo leo con más interés: Turia, Guaraguao, centrada en la cultura y literatura hispanoamericana; Quimera, veremos a ver qué supone el cambio de dirección; Cuadernos hispanoamericanos, dedicada sobre todo a la literatura que anuncia su nombre; Piedra de molino, revista poética dirigida por Jorge de Arco; Anáfora, publicación de Creación y crítica, como indica su subtítulo, hecha en Gijón, cuyo último número rinde homenaje al recientemente fallecido Xuan Bello; Ínsula, la más académica de todas ellas, siempre atractiva y exigente (cerró el año con un monográfico dedicado a Ángel González, al cuidado de Araceli Iravedra); y la elegante e imprescindible Litoral, cuyo último número está dedicado a El beso. Y si nos salimos de la literatura, aunque tampoco falte en ella, recomiendo TintaLibre, que edita esta misma casa.

FundéuRAE ha elegido como palabra del año arancel. Yo me habría decantado por genocidio, menos economicista y más humanitaria. Pero ni el diccionario de Oxford, que se ha decantado por rage bait (cebo de ira), ni el diccionario de inglés Mirriam-Webster ,que ha optado por slop (la basura que genera la IA), tampoco han hilado demasiado fino... ¿Qué palabra habrán elegido los italianos, los alemanes, los portugueses, los argentinos, mexicanos o estadounidenses? Si alguien lo sabe, que nos lo diga.

El 2025 ha sido también, una vez más, un año de festivales, de representación de la literatura española, barcelonesa, en otro país. El desacierto ha sido semejante al de ocasiones anteriores, quizá por las intromisiones políticas, el desconocimiento, la arbitrariedad y las cuotas: cánceres de las artes en general y de la literatura en particular.  

Espero que la celebración en el 2026 de los centenarios de José Manuel Caballero Bonald (la Universidad de Almería prepara un libro de homenaje, al cuidado de Antonio Lafarque, compuesto por una selección de poemas comentados por especialistas en su obra), Josefina Aldecoa y el crítico Josep Maria Castellet resulte tan fructífera como los conmemorados en el 2025 en memoria de sus compañeros de generación, que atienda más a los intereses literarios que a los comerciales, al conocimiento que al oportunismo político y al amiguismo. 

Algunos de los textos citados, los he reseñado en estas páginas, en la revista digital Los Diablos Azules. A ellos les remito, para que puedan atender un comentario más detallado de los mismos. Otros aparecerán reseñados en las próximas semanas. Les deseo un mejor 2026.

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Fernando Valls es catedrático de Literatura española y crítico literario.

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