PLAZA PÚBLICA

Paz y multilateralismo en el centro de la economía mundial

La semana pasada nos reunimos en Washington DC para celebrar las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y el Grupo Banco Mundial, además del encuentro de los ministros de Economía del G20 bajo la presidencia de Indonesia. La intensa agenda de eventos públicos, con reuniones formales e informales de ministros y gobernadores de los bancos centrales, ha atraído la atención de todo el mundo en un contexto de ralentización del crecimiento y elevada inflación, incertidumbre y una seria preocupación por el impacto de la guerra en Ucrania.

A pesar del delicado contexto, los distintos intercambios han sido productivos y de ellos pueden extraerse varias conclusiones clave, reflejadas en la declaración de la presidencia publicada tras la reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional, el principal comité asesor del Fondo Monetario Internacional (FMI), presidido por España.

En los últimos años hemos experimentado varios shocks sucesivos. Además de los persistentes efectos de la pandemia, la guerra de Rusia contra Ucrania se ha sumado a las tensiones existentes en las cadenas de valor mundiales y ha generado una conmoción en los mercados energéticos internacionales. La inseguridad alimentaria y las vulnerabilidades de deuda están en aumento, golpeando a los países más vulnerables.

Vivimos en un mundo más impredecible e inestable. Este nuevo contexto más convulso hace que la acción de los responsables políticos sea aún más relevante y exigente. Las decisiones importan y la experiencia reciente lidiando con la pandemia nos muestra que la acción conjunta y la coordinación para afrontar retos comunes incrementan la eficacia de las acciones a nivel nacional.

La historia demuestra que las crisis, la inflación y la inestabilidad financiera perjudican especialmente a los más desfavorecidos. Debemos calibrar cuidadosamente y coordinar políticas económicas para combatir la inflación

El marco multilateral provee una base sólida para garantizar la estabilidad económica y financiera, proporcionando un asesoramiento útil, respaldando respuestas coordinadas y ofreciendo apoyo financiero a los países necesitados. Además, los debates en el FMI también han resaltado la necesidad de un enfoque más equitativo e inclusivo, un nuevo contrato social basado en el crecimiento inclusivo y sostenible en todo el mundo.   

La historia demuestra que las crisis, la inflación y la inestabilidad financiera perjudican especialmente a los más desfavorecidos. Debemos calibrar cuidadosamente y coordinar políticas económicas para combatir la inflación, al tiempo que protegemos el crecimiento, preservamos la sostenibilidad de la deuda y la estabilidad macroeconómica y no dejamos atrás a nadie.

Además, debemos abordar lo que es urgente sin perder de vista lo importante a medio plazo. En relación con la transición verde, hay un consenso creciente en muchas partes del mundo sobre la necesidad de impulsar la inversión en renovables, diversificar el suministro y reformar los mercados energéticos, también por motivos de autonomía estratégica. La digitalización desempeñará un papel crucial en la productividad y la resiliencia de nuestras economías.

Todos estos retos compartidos precisan de una respuesta multilateral, y el FMI continúa siendo un actor esencial para proporcionar estabilidad y apoyar reformas estructurales. La nueva Ventanilla para Shocks Alimentarios y el Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad –respaldado firmemente por España, que ha sido el primer país en formalizar su contribución– son buenos ejemplos de nuevos instrumentos para lidiar con las nuevas realidades. Pero la crisis es profunda y se necesita más apoyo. En sintonía con el Secretario General de las Naciones Unidas, muchos miembros han solicitado el refuerzo de los mecanismos de alivio de la deuda a fin de proveer estabilidad financiera, apoyar a los países más vulnerables y avanzar hacia una distribución más equitativa de la liquidez en todo el mundo.

En este momento, la guerra es el elemento más importante que está frenando el crecimiento y generando inflación, volatilidad, incertidumbre e inseguridad energética y alimentaria. Se ha realizado un llamamiento muy firme a Rusia para detener la guerra contra Ucrania.

Somos testigos del mayor cambio estructural en los cimientos del orden mundial internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En contra de los que abogan por un mundo fragmentado y polarizado, nuestra respuesta decidida ha de ser la acción conjunta y el nacimiento de un nuevo contrato social mundial, con el multilateralismo y la resolución pacífica de los conflictos en su centro.  

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Nadia Calviño es Vicepresidenta Primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital.

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