Unidas Podemos

Un año después del traspaso de carteras: Iglesias no termina de irse y Díaz no termina de llegar

El exvicepresidente Pablo Iglesias traspasa su cartera ministerial a la actual vicepresidenta segunda ministra de Trabajo y Economía social, Yolanda Díaz

Pablo Iglesias estuvo 441 días como número tres del Ejecutivo de coalición, algo más de un año. Su paso por el Gobierno culminó con el traspaso de carteras: su vicepresidencia recayó en la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el ministerio que ocupaba, Derechos Sociales y Agenda 2030, fue a parar a Ione Belarra. Ambas dirigentes han jugado un papel crucial en el ‘Podemos-post Iglesias’. La primera como líder del espacio confederal dentro del Gobierno y la segunda desde la secretaría general del partido. Se trata de una “bicefalia” que le funciona a otros partidos como el PNV pero que a los morados no les acaba de encajar.

Tras el fracaso de la izquierda en la Comunidad de Madrid, Iglesias abandonó la política institucional. Tras unos meses de silencio informativo, anunció en julio que en el inicio del curso educativo se incorporaría a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) como investigador a tiempo parcial. Ese mismo verano también se dio a conocer que colaboraría como analista en varios medios de comunicación como La Ser y Rac1, una lista que actualmente también incluye a los diarios Gara, Ctxt, Ara.cat y al diario Público, donde emite un podcast de lunes a jueves en el que se dedica a analizar la actualidad.

Iglesias asegura que ya no se siente atado por los corsés de la política institucional pero según ha podido saber infoLibre consulta asiduamente a miembros de la dirección de Podemos antes de realizar sus intervenciones para saber por dónde respira el partido y evitar mensajes contradictorios. El exvicepresidente mantiene una interlocución fluida con Belarra (no así con Díaz) y otros cargos de la formación morada, que también acuden a él en busca de consejo y opinión.

Pero la sobrexposición mediática del antaño líder de Podemos no convence a todos dentro del grupo confederal, empezando por los comunes y acabando con la propia Díaz, a la que en más de una ocasión ha situado (de manera más o menos sutil) en la diana de sus reproches. Sucedió durante la negociación y posterior votación de la reforma laboral. Iglesias sugirió que la reforma debería haber sido más ambiciosa mientras que en el entorno de Díaz recordaban que Trabajo llegó hasta donde marcaba el acuerdo de coalición con el PSOE, pactado por Iglesias y Sánchez.

En los comunes hay quien considera que Iglesias se "sobreexcede" con sus opiniones y que eso no beneficia a Díaz y tampoco a Belarra, a la que ven "desdibujada" frente a la opinión pública. Sin embargo, otras voces de Podemos sí creen que Iglesias les "ayuda" a "reforzar" la comunicación de Podemos y a "marcar la línea" frente al PSOE. En este sentido siguen considerando a Iglesias un "referente moral" para Unidas Podemos y aseguran que seguirán contando con él para futuros actos de partido.

La salida de Iglesias de la política compartió una similitud con su llegada al Gobierno: nadie lo esperaba. Pocos apostaban en el verano de 2019 por un Ejecutivo con presencia de Unidas Podemos y menos aún con su líder dentro. Solo su empeño personal y su convencimiento de que los gobiernos monocolor eran parte de la historia acabaron dibujando la coalición como única forma plausible de investidura para Pedro Sánchez tras dos elecciones generales en siete meses. Siete años después de su llegada a la política institucional y tras varios meses de enfrentamientos públicos y de ruido de sables en el seno de la coalición, Iglesias llegó a la conclusión de que su papel en el Gobierno había concluido. Tras tomar la decisión de presentarse como candidato a la comunidad de Madrid y dar paso a un relevo de liderazgo en Unidas Podemos con Yolanda Díaz al frente, volvió a hacer lo que nadie esperaba: mandó un mensaje al presidente comunicándole su dimisión.

En el entorno de Iglesias aseguran a este periódico que está "muy feliz" con su nueva vida y que, además de sus obligaciones laborales, se dedica sobre todo a leer, a estar con sus hijos y a ver a amigos de la infancia y a excompañeros de partido, de los que se distanció durante su etapa como líder de la formación morada. Aunque es cierto que no puede hacer una vida completamente 'normal', le ha ayudado a pasar desapercibido el hecho de haberse cortado su característica coleta y llevar mascarilla por la calle. De hecho, según explican fuentes de su entorno, pocos días después de cortarse el pelo fue por un barrio céntrico de Madrid y nadie le reconoció.

Díaz paraliza su 'proceso de escucha' por la guerra de Ucrania

La noche de su dimisión, Iglesias señaló a Díaz como su sucesora natural de cara a las próximas elecciones generales. "Ella puede ser la próxima presidenta", aseguró. El nombre de Díaz ya sonaba en algunas quinielas, pero el anuncio de Iglesias acabó por catapultarla: ascendió hasta la vicepresidencia tercera –que luego se transformó en segunda tras la salida de Carmen Calvo del Gobierno– y se convirtió, de facto, en la líder de Unidas Podemos en el Ejecutivo de coalición.

Pero en política hasta los mejores amigos se pueden volver en extraños —que le pregunten al propio Iglesias y a Errejón— y actualmente la relación entre el exdirigente de Podemos y Díaz es prácticamente nula, según confirman fuentes de sus entornos. Los motivos de su distanciamiento difieren en función de a qué parte se le pregunte, pero se trata de un conflicto que también tiene eco dentro del espacio confederal y que afecta a Díaz, por un lado, y a Belarra e Irene Montero por el otro. El estilo comunicativo de Díaz, con una posición menos beligerante hacia su socio de gobierno, es uno de los detonantes, aunque no el único. Los morados reprochan que la gallega debería implicarse más en la vida interna del espacio y no ir tanto "por libre", mientras que ella hace de esa 'libertad' su seña de identidad.

Hay quien cree que Díaz debe ejercer de portavoz de Unidas Podemos y 'mojarse' en todos los temas de actualidad. Otros opinan que su papel es otro, más institucional, y le apremian a seguir por esa línea pero sin caer en el hiperliderazgo. Lo que sí molesta al conjunto del espacio confederal es que la vicepresidenta diga que los partidos "tienen que estar pero no ser" de cara a configurar su proyecto político.

En Unidas Podemos hay unanimidad en que Díaz es la candidata perfecta para las próximas generales, pero también existe cierta inquietud con los plazos que maneja para su "proceso de escucha". Se trata de una gira que la llevará por todos los rincones de España para reunirse con colectivos, asociaciones, ONG y representantes de la sociedad civil y que inicialmente estaba previsto que comenzara en abril o en mayo. Sin embargo, la propia Díaz ha reconocido que la guerra de Ucrania ha trastocado sus planes.

La intención con la que trabajan en el equipo de Díaz es que todo ese proceso desemboque en algo parecido a lo que tiene en la cabeza la política gallega: un espacio amplio, con gente de procedencias diversas e incluso distintas sensibilidades. Sin embargo, ella misma asegura que ese proyecto mira más allá de "personas, siglas y partidos". En este contexto un sector de la formación morada teme que Díaz se "desentienda" de su resultado en los comicios municipales y autonómicos, como ya ocurrió en Castilla y León, donde solo obtuvieron un escaño. A lo que la ministra siempre responde con que ella no "milita" en ninguna formación.

Ione Belarra: el contrapeso de Díaz dentro del Gobierno

La navarra llegó a la secretaría general de Podemos en junio del pasado año. En el grupo confederal hay quien la ve como una líder "de transición", pero según fuentes cercanas Belarra estará como mínimo "dos o tres años" en el cargo. El día del intercambio de carteras, Iglesias la calificó como “una mujer valiente, comprometida y brillante” y aseguró estar convencido de que “lo hará mejor que yo”. Antes de acceder al liderazgo de Podemos y a la cartera de Derechos Sociales ya tuvo un importante papel al ser la negociadora principal de Unidas Podemos el acuerdo de coalición con el PSOE, los primeros presupuestos tras la moción de censura a Rajoy y más recientemente con la ley de vivienda en el seno del Gobierno.

Belarra también ha sido una de las voces más críticas de Podemos con el PSOE durante la presente etapa del Gobierno de coalición. Ha protagonizado duras críticas a ministras socialistas como Margarita Robles, a la que definió como "la ministra favorita de los poderes que quieren que gobierne el PP con Vox". También ha tenido duros reproches hacia la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, y también hacia Sánchez tras la decisión del presidente del Gobierno de enviar armas a Ucrania. "Es un error, es ineficaz y es una medida que no será suficiente para cambiar a correlación de fuerzas", aseguró recientemente, lo que generó un choque con Díaz, que sí apoyó la decisión de Sánchez.

En el partido definen a Belarra como una "dura negociadora" a la interna y también como una "trabajadora incansable", sin demasiadas reservas para criticar en público y “sin complejos” tanto los incumplimientos del socio de Gobierno como a la oposición. Sus afines creen que ha "revitalizado" los territorios de la mano de su secretaria de organización, Lilith Verstrynge, a los que, según afirman, "ahora se escucha mucho más que en la época de Pablo".

Sin embargo, también admiten las dificultades a las que se encuentra: no cuenta con una abrumadora proyección mediática en comparación con Iglesias y, en muchas ocasiones, también se encuentra eclipsada por la propia Díaz. "Se enfrenta a las dificultades lógicas de ser la líder de Podemos sin ser la líder del espacio", señalan fuentes de la dirección. En ese sentido lamentan que la relación entre ambas dirigentes podría ser "mucho mejor" y creen que ahora es el momento de hacer "esfuerzos extra" para reconducirla. "Nos lo jugamos todo", zanjan.

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