Cambios en la jerarquía católica

Un aperturista que pide "diálogo" en Cataluña: así es Omella, el hombre del papa al frente de la Iglesia española

El cardenal Juan José Omella durante la rueda de prensa ofrecida tras ser elegido este martes nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Al igual que no es lo mismo decir "liberal" o "republicano" en España que en Estados Unidos, es distinto decir "moderado" o "progresista" en la Iglesia y fuera de ella. Y más aún en la ultraconservadora cúpula de la Iglesia española. El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal (CEE), Juan José Omella (Cretas, Teruel, 1946), elegido este martes, rechaza de entrada esta dicotomía entre conservador y moderado-progresista porque cree que sólo hay que clasificar al clero en función de la conformidad de sus actos con el Evangelio. Pero eso no lo ha librado de que a él mismo se lo adscriba a la rama "moderada" o incluso "progresista" del episcopado. No obstante, hay que aclarar que, si la comparación se realiza con los obispos alineados con las tesis integristas de Antonio María Rouco Varela, la etiqueta de moderado o de progresista no significa gran cosa en sí misma. Mantener mínimamente viva la llama del Concilio Vaticano II en España ya te hace parecer el moderno de la clase, por oposición a un sector de aliento tridentino marcado a fuego por el pontificado antiizquierdista de Juan Pablo II, obsesionado con purgar de la Iglesia la Teología de la Liberación y cualquier veleidad socialista, y por la ortodoxia doctrinal de Benedicto XVI. Con poco, Omella se distingue. Al igual que Francisco, habla más de pobreza que de aborto, defiende una Iglesia atenta a su tiempo y no replegada sobre sí misma. Y emplea una retórica que no trae ecos nacionalcatólicos. Eso ya lo convierte en un moderado, en un aperturista.

A eso se añade que Omella ha sido un defensor del "diálogo" en Cataluña, hasta el punto de mediar entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont en la antesala del referéndum del 1 de octubre de 2017, lo cual da relevancia a su nombramiento en atención a la situación actual, marcada por la negociación entre el Gobierno español y el Govern catalán en torno al "conflicto político". Son suficientes ingredientes para que algunos hayan concluido que el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos tiene un amigo en la CEE. No tan deprisa. La realidad, como siempre ocurre con la Iglesia, es algo más complicada.

Hombre del papa

Lo innegable es que este martes fue un buen día para el papa. La transición impulsada por el jesuita Jorge Mario Bergoglio, papa desde 2013, aún no contaba con un referente en lo alto de la cúpula española. Y, en la medida en que Francisco es un pontífice tenido por reformista en relación con la curia, las finanzas y la respuesta a la pederastia, y por moderado o progresista en la interpretación doctrinal, Omella también es adjetivado del mismo modo, en tanto que es considerado desde hace más de un lustro el hombre del papa en España, junto al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro. Hasta ahí se justifica la extendida consideración como moderado de Omella, que por lo demás es fiel a los postulados vigentes para la interpretación de los textos sagrados y al que no se le conocen opiniones fueran del canon sobre el aborto, la homosexualidad o la eutanasia.

Lo diferente de Omella, cuya llegada rompe con dos décadas de Rouco Varela y Ricardo Blázquez alternándose en la presidencia de la CEE, no es tanto el contenido como las prioridades. Un ejemplo: en una carta de mayo del año pasado, se significó contra las casas de apuestas, demostrando reflejos y atención a la actualidad. También se muestra compasivo ante la inmigración, un tema en el que insiste, porque cree que mide la humanidad de una sociedad. Y todo ello lo hace con un tono y un acento conciliadores. Lo que José Luis Rodríguez Zapatero llamaba "talante".

Pobreza, inmigración

Frente a la beligerancia de Rouco y la parquedad de Blázquez, Omella propone una afabilidad distendida, risueña, a veces incluso chistosa, sin salir en el fondo de la prudencia. Será más fácil verlo en los telediarios que al austero Blázquez. Son modos que a algunos les han recordado a Vicente Enrique y Tarancón, aunque Omella rechaza pudorosamente la comparación. Al igual que Francisco, el nuevo líder de los obispos pone el acento en la pobreza, en el acogimiento de los inmigrantes, en la función "social" de la Iglesia. Ojo, no con un análisis de fondo o un examen de las causas estructurales, dado que no existe en el episcopado español una corriente de liberación como en América Latina, pero sí reservando a la Iglesia un papel de "acompañamiento" de los más necesitados. No se profundiza en las causas, sino en la paliación de la pobreza. El de Omella es en este punto un discurso parecido al del papa Francisco, con el que tiene una relación habitual. Como presidente de la Pastoral Social (2002-2008), el nuevo presidente de la CEE conoce al dedillo la tarea de Cáritas. También ha sido consiliario nacional de Manos Unidas (1999-2015).

Formado en Jerusalén y Lovaina (Bélgica), donde se licenció en Teología, Omella es sacerdote desde 1970 y obispo desde 1996. Ha pasado por las diócesis de Zaragoza, Barbastro-Monzón, Calahorra y La Calzada-Logroño, desde donde pasó a Barcelona. En su trayectoria hay un año de misionero en Zaire. Al igual que el papa, Omella reivindica su condición de párroco –su referente es el santo cura de Ars–, se comporta con sencillez, se muestra mundano y poco apegado al boato. Dice algo de su visión de la Iglesia el título de su plan pastoral en Barcelona: "Salgamos". Omella quiere un Iglesia menos replegada sobre sí misma y que alcance a los jóvenes. En Barcelona ha observado el cardenal turolense los efectos de la secularización. Cataluña es de las comunidades donde más retrocede la influencia de la Iglesia. Es, por ejemplo, la que menos marca la equis católica en el IRPF.

Posición ante el independentismo

El nuevo líder de los obispos aguanta una tras otra sin protestar las preguntas sobre el procés en las entrevistas, aunque está claro que le incomoda hablar de política.

– ¿Cataluña es una nación? –le preguntaron en una entrevista en El Mundo.

– Esa es una pregunta muy peligrosa para mí. Es una pregunta más política.

Políticamente, se dice neutro. A su pesar, su participación como mediador circunstancial en el procés es el elemento más comentado de su trayectoria, y el que más irrita a los sectores de la derecha contrarios a cualquier forma de negociación, diálogo o concesión al independentismo, aunque sea para desactivar el procés. Antes del 1-O, medió entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, como él mismo contó meses después en una entrevista en Catalunya Radio. "He hecho lo que he podido. he hablado con unos y con otros en aquellos momentos de tensión. “Rajoy me escuchó muy bien. Y también el señor Puigdemont. Tanto uno como el otro”, afirmó.

No hay ni una sola declaración en la trayectoria del presidente de la CEE que acredite simpatía por la causa independentista, o nacionalista, mucho menos por el procés. A lo máximo que ha llegado ha sido a exponer que le parecía "excesiva" la prisión preventiva a los líderes independentistas. Ni una palabra crítica sobre la sentencia, para la que pidió respeto. Omella se ha significado contra el nacionalismo, al que vincula con el populismo, opuesto al "humanismo cristiano" [ver aquí una entrevista sobre sus ideas en La Vanguardia]. Es más, su posición contrasta con la de un sector del clero catalán mucho más próximo a las tesis nacionalistas, encarnado en figuras como el abad de Montserrat, Josep María Soler, que defiende el llamado "derecho a decidir". Omella jamás ha entrado ahí. Es más, fue recibido con escepticismo por parte del catolicismo catalán, que mantiene en alto la divisa del "volem bisbes catalans", es decir, "queremos obispos catalanes", eslogan católico catalanista desde los 60.

Omella, que se convertirá en el primer arzobispo salido de Cataluña en llegar a la cima de la CEE en sus más de 50 años de historia, no es catalán. Eso sí, conoce Cataluña y su lengua, no en vano se ha criado en Cretas, muy cerca de Tarragona, donde se habla chapurriao o lapao, el catalán hablado en Aragón. Además de catalán, castellano y latín, Omella habla francés e italiano.

Tradicionalismo moral

En el campo moral, Omella no saca los pies del tiesto. Rechaza el aborto incluso en caso de violación, ya que debe prevalecer la "misericordia hacia el ser humano". Si se acepta el poder de decidir sobre la vida de una persona, "se justificaría el terrorismo", afirmó en 2017, declaraciones por las que luego se disculpó. Ha lamentado también que se hable más de las "nuevas familias" que de la "tradicional", que es la "natural".

A pesar de este historial, no puede adscribirse a Omella al sector del alto clero más beligerante contra el feminismo y la diversidad sexual, o al más antiabortista, ya que no tiene el mismo grado de obsesión con el tema ni se expresa sobre el mismo en términos tan apocalípticos como otros, léase Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, o Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares. Además, Omella fue de los obispos que faltó a la manifestación contra el matrimonio gay alentada por Rouco Varela en 2005. No obstante, considera que la "ideología de género" es algo ante lo que la Iglesia no debe "doblegarse". Lo dicho: un aperturista, sí, pero dentro de la Iglesia.

Sus primeras palabras

Hombre de Iglesia, leal a la institución, Omella es lo más parecido que se puede encontrar en la cúpula espñaola a Francisco, cuya posición en la CEE sale reforzada no sólo por la elección del nuevo presidente, sino también por el que será su vicepresidente, Carlos Osoro. No hay más que repasar su currículum para observar cómo Omella ha ascendido con rapidez una vez sentado Francisco en la silla de Pedro. No sólo por su nombramiento como arzobispo de Barcelona (2015) o cardenal (2017). También fue muy significativa su designación como miembro de la Congregación para los Obispos, en 2015. Se trata del organismo vaticano que gestiona el nombramiento de los obispos de todo el mundo. Allí no se suele llegar antes de ser purpurado, como consiguió Omella. Este nombramiento fue interpretado ya inequívocamente: Omella era junto a Osoro el hombre de Francisco en España, país que todavía no ha visitado. Lo hará, ha dicho, "cuando haya paz". ¿Será Omella el presidente que traiga la "paz" a la Iglesia española? Los obispos le han dado la presidencia con 55 de 87 votos. Jesús Sanz, obispo de Oviedo, del sector más conservador, obtuvo 29. Es decir, un tercio de los prelados desconfían del proyecto reformista de Francisco, cuyo hombre en España ya ejerce como presidente.

Tras su elección, compareció este martes junto al presidente saliente, Ricardo Blázquez, para atender a los medios. Quedó claro que los medios no le asustan, pues hasta en la respuesta a las preguntas más peliagudas, como las que atañen a su papel en relación con el Gobierno y el independentismo, tenía espacio para alguna risa. Negó que haya "sectores" en la Iglesia española, aunque sí "sensibilidades". "A pesar de los matices, somos hermanos y nos queremos", afirmó. Citó en varias respuestas a Francisco, especialmente cuando defendió una "Iglesia en apertura". Preguntado sobre la reforma educativa, esquivó toda polémica con una respuesta por elevación, invocando el diálogo. "Privilegios no queremos, pero sí que se nos trate con dignidad y respeto", afirmó. Un clásico del repertorio episcopal. ¿Y su papel ante el diálogo del Gobierno con el independentismo? "En los temas más delicados, hay que buscar siempre los caminos, crear puentes de convivencia y fraternidad. Si hay voluntad de caminar juntos, tenemos que conseguirlo".

Una investigación archivada

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El episodio más delicado de la trayectoria de Omella es su papel en la expulsión del sacerdote Miguel Ángel Barco por una presunta paternidad. Aunque judicialmente zanjado, el tema sigue vivo en el entorno episcopal. En la antesala de la asamblea, los obispos recibieron por correo postal un libro anónimo, titulado Complot de poder en la Iglesia española: Barco contra Omella. En defensa propia, que acusa al arzobispo de falsificar documentación durante la tramitación de su expediente. Concretamente, Barco lo acusa de haber ocultado a Roma documentos orientados para su exculpación que puso en poder de Omella. Nunca se ha demostrado tal cosa.

Los hechos han pasado por las manos de la justicia. Barco se querelló contra Omella por falsificación en documento privado, por lo que este fue investigado judicialmente. Omella declaró el 12 de julio de 2019, con su alzacuellos puesto, ante la titular del juzgado de instrucción 10 de Barcelona, Míriam de la Rosa. Un cardenal en sede judicial no es algo que se vea todos los días. Omella negó haber ocultado al Vaticano papeles sobre la paternidad de Barco.

infoLibre preguntó este martes al Tribunal Superior de Justicia de Barcelona por este procedimiento. Respuesta: fue archivado en agosto. El auto de archivo señala que "documentalmente ha quedado acreditado" que Omella envió a Roma los documentos que le entregó Barco. "Omella no tuvo ninguna intervención oficial en el procedimiento canónico que se siguió contra el querellante [...]. Ni lo promovió, ni lo inició, ni participó procesalmente en el mismo ni tomó parte de la decisión última", señala el auto.

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