INDUSTRIA TEXTIL

Vestirse con ropa de segunda mano, una alternativa estética... y ética

Interior de una tienda de ropa de segunda mano.

Cada vez son más las personas que se suman a la compra de ropa de segunda mano. Esto se refleja en el crecimiento de las aplicaciones, plataformas o tiendas físicas que se dedican a la compraventa de prendas de segunda mano, pero también a la gran repercusión que está teniendo en las redes sociales. La venta de ropa de segunda mano ha aumentado en España un 38% desde 2015, según un informe de Humana, fundación que se dedica a la recogida y venta de prendas de segunda mano. 

Son varias las cuestiones que pueden explicar este aumento. Alberto Veira, investigador en demografía del mercado laboral y en sociología económica, considera que recientemente ha sido clave la influencia de la crisis del coronavirus. La pandemia, asegura, ha frenado “en seco” la lenta recuperación económica desde la crisis de 2008: “Solo por estas razones, ya no debería resultar sorprendente un aumento de la facturación del mercado de productos de segunda mano”. Las diferentes aplicaciones, plataformas y empresas de mensajería han hecho que el mercado de ropa de segunda mano deje de ser local, poniendo al alcance de cualquier persona prendas mucho más baratas que las que ofrecen la mayoría de empresas textiles. 

Mercedes Pardo-Buendía, catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III de Madrid, coincide en que el factor económico es clave, pues los precios son “más bajos y más adecuados al escaso poder adquisitivo de los jóvenes”, a quienes considera los principales consumidores de moda de segunda mano. 

María Montero, una joven de 23 años, afirma que el precio económico de las prendas fue una de las razones por las que comenzó a comprar, aunque no fue la única. Añade que la ropa de segunda mano en muchas ocasiones le gusta más que “las que se venden actualmente en tiendas”. Eugenia Tenenbaum, influencer con más de 70 mil seguidores en Instagram, lleva más de una década comprando de segunda mano. “En un primer momento me llamó la atención lo únicas que pueden ser estas prendas”, aunque reconoce que continuó porque “era más barato que comprar en tiendas”. 

Ambas jóvenes consideran que la moda ha favorecido la venta de prendas usadas. María asegura que “ahora está de moda vestir con ropa que se estilaba antes, ropa vintage, chaquetas retro, tejanos rectos, etc.”, y esto lo facilitan las plataformas o tiendas de segunda mano. Pardo-Buendía asegura que los bajos precios de estas prendas posibilitan a los jóvenes hacer cambios frecuentes en el vestuario que exige actualmente la moda, pero también acceder a tendencias que las tiendas ya no ofrecen. 

Laura Santiago, licenciada en Economía y activista ambiental, destaca que son muchas las personas conscientes del impacto ecológico de la industria textil, la segunda más contaminante del mundo. Asegura que muchos consumidores se decantan por comprar productos que tengan un menor impacto en el medio ambiente. Sin embargo, considera que este auge “sigue ligado a que se ha puesto de moda”. Veira coincide en que está creciendo el número de personas que se preocupan por el origen y el impacto ecológico de los productos que compran. 

¿Siguen existiendo prejuicios?

Aunque cada vez parece que esta práctica se hace más común, no todos los sectores de la población se han sumado a ella. Si se buscan en internet sinónimos de “segunda mano”, aparecen palabras como “gastado, usado, desgastado, raído, ajado, deteriorado, empleado, utilizado, viejo, manoseado…” Muchos de estos adjetivos con connotaciones negativas se asocian a las prendas de segunda mano. Creer que se encuentra en mal estado, asociarlo a la pobreza o las razones higiénicas son algunos de los factores que pueden frenar la compra. 

María Montero reconoce que algunos miembros de su familia, “sobre todo los más mayores”, tienen muchos prejuicios acerca de la compra de este tipo de ropa. “No ven la necesidad de comprar algo usado, lo ven como algo sucio, algo que no quiere una persona por alguna razón y con lo que tú te estás conformando”, explica. Considera que las personas mayores pueden imaginarse la ropa de segunda mano “manchada y rota” porque antiguamente no se tiraba ninguna prenda hasta que no era inservible. Sin embargo, heredar ropa de familiares también es una práctica común -que implica reutilizar prendas-, y sobre esta parece no haber prejuicios.

Laura Santiago destaca también la relación con la clase. Antiguamente la ropa de segunda mano se ligaba a las personas que no tenían recursos, pues las personas con dinero podían permitirse comprar prendas nuevas. 

Futuro de la ropa de segunda mano

Los prejuicios sobre la compraventa de ropa de segunda mano han ido disminuyendo con los años, y según Pardo-Buendía, para los jóvenes “ya casi no existen”. Las nuevas generaciones parecen haber normalizado el consumo de este tipo de prendas. 

Las redes sociales han contribuido a este auge, y no solo en el ámbito textil. Eugenia Tenenbaum anima a sus seguidores a adentrarse en la “cultura de la segunda mano”, y al igual que ella lo hacen muchos otros influencers. “Desde las redes sociales somos capaces de crear tendencias, y creo que algunas de nosotras hemos contribuido a que más personas se inicien en este mundo”, explica. 

Santiago considera que la normalización de la ropa de segunda mano puede perjudicar a las personas con menos recursos económicos. “El hecho de que se haya puesto de moda han hecho que las tiendas suban los precios”, y que las prendas sean menos accesibles para estos sectores. 

Un informe publicado por la compañía ThredUp prevé que el mercado de segunda mano se duplique en los próximos cinco años. Esta compañía también revela que el mercado de la reventa crece a un ritmo once veces superior al del comercio al por menor. 

A pesar de los datos que aporta este informe, Veira considera que la economía circular crecerá, pero afirma que no supondrá una amenaza a la economía lineal. Sostiene que la costumbre de comprar “ropa de temporada” está tan arraigada que es difícil suponer que el auge del mercado de ropa de segunda mano pueda llegar a representar una seria amenaza a las cadenas textiles. Afirma que puede que “resulten formas de consumo complementarias”, pues el ahorro que puede suponer comprar varias prendas de segunda mano puede favorecer adquirir una prenda nueva. 

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