Despedida a una autora eterna

El Ayuntamiento de Madrid prefiere a aristócratas como Hijas Predilectas

José Luis Martínez-Almeida en la sesión plenaria de este martes.

Y al final terminaron pesando más las diferencias ideológicas que el incontestable prestigio y méritos de una de las escritoras españolas más reconocidas. El Ayuntamiento de la capital rechazó este martes conceder a Almudena Grandes el título de Hija Predilecta de la ciudad. Derecha y ultraderecha –PP, Ciudadanos y Vox– fueron los encargados de hacer caer la propuesta, nacida al calor de la oposición. Lo hicieron sin dar apenas explicaciones, eliminando de un plumazo cualquier posibilidad de que, por primera vez, la mayor distinción que el consistorio puede otorgar vaya para una mujer dedicada en cuerpo y alma a las letras y la memoria. Porque, hasta la fecha, solo dos nombres femeninos han sido homenajeados con dicho título. Eso sí, ambas procedentes de la aristocracia.

La primera a la que se le concedió, según la información oficial del Ayuntamiento de Madrid, fue Fabiola de Mora y Aragón. Era octubre de 1960, plena dictadura franquista. "No sé si la Villa y su Concejo podrán conferir más altos honores, pero sí creo que para una madrileña ningún otro puede tener una significación tan entrañable, porque ello lleva consigo el testimonio permanente de los madrileños", señaló el alcalde, José Finat y Escrivá de Romaní, sobre el título otorgado a la que sería poco después reina de Bélgica. En el acto estuvo presente tanto el ministro de la Gobernación como el obispo Eijo y Garay, quien fuera nombrado por el dictador coordinador nacional de Falange. Y culminó con el regalo de un bolso de oro y un cuadro de Regoyos.

Treinta años más tarde la distinción llegó a manos de otra mujer. En este caso, de la madre del actual rey emérito. El 29 de marzo de 1990, esta vez sí en democracia, el Pleno del Ayuntamiento de Madrid concedió por unanimidad el título de Hija Predilecta de la ciudad a María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, condesa de Barcelona.

"Su alteza sabe mejor que yo, porque lo ha de notar por donde quiera que vaya, que ha sabido ganarse el afecto del pueblo de Madrid por esa simpatía y sencillez, que es característica de la familia real", era la justificación que el entonces alcalde de la capital, Agustín Rodríguez Sahagún, de la CDS, daba en el acto de entrega de la distinción. Un Pleno que estuvo presidido por Juan Carlos I.

De Dámaso Alonso a Julio Iglesias o Plácido Domingo

De los 19 pergaminos que se han expedido hasta la fecha, solo estos dos rinden un homenaje a ellas. El resto, llevan nombre masculino. Entre los galardonados hay actores, escritores, poetas, dibujantes, humoristas gráficos o arquitectos: Enrique Borrás, Federico Sainz de Robles, Julio Caro Baroja, Dámaso Alonso, Enrique Herreros, Rafael de Penagos, Fernando Chueca o Arturo Soria, el último en recibirlo. En el listado, además, aparecen diferentes figuras políticas, como Manuel Gutiérrez Mellado, Francisco Fernández Ordoñez o Guido Brunner. O de la aristocracia, como Beltrán de Osorio. E, incluso, un hostelero: el barman Pedro Chicote, propietario de un famoso establecimiento en Gran Vía.

Y, por supuesto, personajes con alguna sombra reciente –eso sin contar al general Moscardó o Carlos Arias Navarro, a los que el Ejecutivo de Carmena retiró el reconocimiento en aplicación de la Ley de Memoria–. Es el caso del cantante Julio Iglesias, que acaba de aparecer en los Papeles de Pandora vinculado a una veintena de sociedades offshore en Islas Vírgenes. O del tenor Plácido Domingo, acusado por más de una veintena de mujeres de acoso sexual. Una distinción, concedida en la época de Ana Botella, que la oposición pidió sin éxito retirar hace algo más de un año –se encontró con el muro de Ciudadanos, PP y Vox–.

La ausencia de mujeres es notoria en las mayores distinciones que puede otorgar el consistorio. Tanto en el caso de Hijas predilectas como Adoptivas –esta mención se reserva para aquellas de fuera de Madrid–. De los 46 diplomas expedidos en total para ambas categorías, solo tres fueron para ellas. Los dos mencionados anteriormente y el que se concedió a comienzos de los sesenta –Hija Adoptiva– a Carmen Franco Polo, la niña del dictador. Un título que le fue retirado durante la época de Manuela Carmena en el Palacio de Cibeles, sede del gobierno municipal.

"La mejor manera de recordarla es leyéndola"

La normativa del franquismo que todavía regula la concesión de estas distinciones reserva el título de "predilecto" para quienes "hayan nacido en la Villa" y que "por sus destacadas cualidades personales o méritos señalados, y singularmente por sus servicios de beneficio, mejora u honor de Madrid" hayan alcanzado "tan alto prestigio y consideración general tan indiscutible en el concepto público" que dicho título deba estimarse como "el más adecuado y merecido reconocimiento".

Que el de Grandes sea uno de los nombres más reconocidos de la literatura española y de la memoria de Madrid, que en su haber cuente con una larga lista de reconocimientos a su trabajo –entre ellos el Premio Nacional de Narrativa– o que siempre haya llevado su ciudad por bandera parece no ser justificación suficiente a la hora de conceder la distinción para una derecha que siempre anda mirando por el rabillo del ojo a los ultras. Es más, ni siquiera consideran que lo es como para dar su nombre a una biblioteca –también rechazado por PP, Ciudadanos y Vox–, algo que sí hará el Gobierno de La Rioja y que ya han planteado ciudades como Alcorcón.

Ni conservadores ni naranjas argumentaron detalladamente en el Pleno de Cibeles el porqué del veto a estas iniciativas, un debate en el que la extrema derecha ni siquiera se molestó en participar. "España ha perdido sin duda a una de sus escritoras más relevantes, pero nos quedan sus libros", dijeron desde Ciudadanos. "La mejor manera de recordar a una escritora es leyéndola", sostuvo, por su parte, la delegada de Cultura, Andrea Levy. Luego, ambos grupos rechazaron ambas propuestas, si bien aceptaron bautizar con su nombre una calle y que se le rinda un homenaje.

Almeida y Ayuso miran hacia otro lado

Durante las cuarenta y ocho horas posteriores al fallecimiento de la escritora, el silencio tanto del Ayuntamiento de Madrid como del Ejecutivo regional fue atronador. Ni un solo mensaje oficial, ni un solo comunicado. José Luis Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso prefirieron mirar hacia otro lado.

Y así estuvieron hasta este lunes, cuando presionados por las numerosas críticas y las preguntas de los periodistas se vieron obligados a reaccionar. "Por supuesto, mostrar mis condolencias. La duda ofende", dijo el primero en un acto público. Minutos después, era el Gobierno autonómico el que informaba de que la presidenta había enviado un telegrama a la familia de la escritora.

Ninguno de los dos representantes políticos estuvieron presentes ese lunes en el sepelio de la novelista. Tenían la agenda repleta. Ayuso se encontraba inaugurando el Belén de la Puerta del Sol en el momento en que celebraba el entierro en el Cementerio Civil de La Almudena. Almeida, por su parte, entregando uno de los premios que el diario Marca concedía al entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone.

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