Ciudadanos se debate entre la desaparición y la refundación

El líder de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, es animado por su hijo, tras los resultados obtenidos por su partido en las elecciones autonómicas.

"Cada vez que se abren las urnas, Ciudadanos crece”. Esa era una de las frases que el exlíder de Ciudadanos, Albert Rivera, repetía machaconamente en 2019, cuando la formación pasaba por su mejor momento. Su resultado en las generales de abril y en las autonómicas y municipales avalaban esa tesis. Tres años después, el diagnóstico es precisamente el opuesto: cada vez que se abren las urnas, Ciudadanos se desploma o, directamente, desaparece. Acaba de suceder en Andalucía, el único bastión autonómico que le quedaba a los naranjas y que fue el inicio de sus pactos de coalición con el Partido Popular.

En diciembre de 2018 los naranjas obtuvieron 660.000 votos y 21 escaños, coronándose como la tercera fuerza del Parlamento andaluz de la mano de Juan Marín. En estos comicios y tras una buena campaña liderada por el mismo candidato, han perdido más de medio millón de votantes, logrando apenas 120.000 que no se han convertido en ningún escaño. La misma noche electoral Marín anunció la dimisión de todos sus cargos en la formación naranja. El presidente de la Junta, Juanma Moreno (PP), ha vuelto a señalar que quiere contar con cargos naranjas para su nuevo Ejecutivo, pero Marín ya se ha autodescartado: "No voy a estar en un gobierno donde no está mi partido", ha manifestado.

Ciudadanos paga ahora los errores de la estrategia de Rivera, que la actual dirección encabezada por Inés Arrimadas reconoce como un estrepitoso fracaso. Tras entrar en el gobierno andaluz, el expresidente de Cs entregó al PP las presidencias de Madrid (Isabel Díaz Ayuso), Murcia (Fernando López Miras) y Castilla y León (Alfonso Fernández Mañueco). Lo mismo sucedió en el Ayuntamiento de Madrid y en otros municipios como Alicante, Málaga, Zaragoza, Córdoba, Oviedo y Santander. En total consiguieron 2.786 concejales.

La decisión de Rivera de no llegar a acuerdo alguno para investir a Pedro Sánchez —ambas formaciones sumaban 180 escaños—, contribuyó a forzar la repetición electoral de noviembre de ese 2019. En esa convocatoria los electores abandonaron a Cs —cayó de 57 a 10 escaños— y el PP diseñó una operación de desestabilización interna de Ciudadanos para quedarse con su espacio político que culminó, tras el fallido intento de los naranjas de sacar adelante una moción de censura con ayuda del PSOE en la Región de Murcia, con la ruptura de ese gobierno y de los de Madrid y Castilla y León. 

Las elecciones catalanas dieron fe de la huida masiva de electores allí donde hace tres años Cs alcanzó su mayor éxito. Y la fallida moción de censura de Murcia —que el PP desactivó rápidamente comprando con un cargo a varios diputados naranjas— acabó de la peor manera para Arrimadas: fuera del gobierno de la Región y fuera también del ejecutivo de la Comunidad de Madrid. También el PP siguió esa estrategia en Castilla y León para justificar el adelanto electoral. En esos comicios los naranjas aguantaron el escaño del antaño vicepresidente, Francisco Igea, que mantuvo un discurso muy duro contra Mañueco.

La dirección de Inés Arrimadas se resiste de momento a rendirse y desembarcar en un PP busca la absorción de los naranjas o, si se siguen negando, su desaparición de las instituciones, tal y como está sucediendo. La apuesta de Arrimadas de ensayar una vía intermedia con la que reivindicar sus nueve diputados en el Congreso llegando a acuerdos con el PSOE tampoco ha dado los frutos esperados. La presión interna de los sectores más afines a Rivera —que fue quien definió en 2019 el cordón sanitario contra Pedro Sánchez — y la voluntad del Gobierno de no cegar la vía de la negociación con Esquerra Republicana, devolvió Ciudadanos al redil de las tres derechas al que llegó cuando Albert Rivera se hizo la foto de Colón.

Exdirigentes de Cs piden dimisiones y cargos en activo demandan una refundación

Más allá de Marín, no se prevén más dimisiones. En un escueto tuit publicado la noche del domingo, Arrimadas dio las gracias "a los más de 120.000 andaluces que siguen confiando en el proyecto liberal, que debemos reimpulsar entre todos". Este lunes se ha celebrado una reunión de la Ejecutiva en Sevilla, pero no ha habido declaraciones de Arrimadas. El encargado de dar la cara ha sido el portavoz de la formación en el Congreso, Edmundo Bal. En la citada reunión se ha convocado el Comité Ejecutivo nacional y al Consejo General del partido para abordar la situación interna la próxima semana. Exdirigentes como Ignacio Aguado, exvicepresidente del Gobierno madrileño, han reclamado la dimisión en bloque de la directiva. "Los resultados de Ciudadanos en Andalucía exigen la dimisión inmediata de toda la Ejecutiva, la convocatoria de un congreso extraordinario urgente y la conformación de una gestora hasta su celebración". Otros como el exportavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta, han compartido mensajes críticos hacia Arrimadas a la que acusan de "no dejar la silla ni con agua ardiendo" después de varios fracasos electorales. El secretario de organización de Cs en Asturias, Sergio García, también ha solicitado que se asuman responsabilidades.

El antaño número tres del partido, Fran Hervías, ha señalado que Cs no se construyó "para pactar con Sánchez y Podemos": "Una pena lo que habéis hecho con un bonito proyecto. No diréis que no estabais avisados", ha añadido. Hervías fichó por el PP en marzo del pasado año, poco después de que tuviera lugar la moción de censura en Murcia y trabajó en Génova a las órdenes de Teodoro García Egea. Tras la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular fue relevado del cargo.

Por otra parte, la diputada murciana y ex líder de la formación en la región, Ana Martínez Vidal, ha señalado que ha llegado el momento de tomar "decisiones de calado a nivel ideológico y orgánico": "La única opción que nos queda a los que amamos este proyecto liberal es la refundación", ha manifestado. Un mensaje que también han trasladado otras voces como la de David Salazar,  coordinador de Ciudadanos Extremadura, y Enrique Arriaga, coordinador de Ciudadanos Canarias y vicepresidente primero del Cabildo de Tenerife. "Lo dije en el Comité Ejecutivo Nacional del pasado mes de abril y lo repito ahora: la única posibilidad de supervivencia del proyecto político de Ciudadanos es la refundación", ha afirmado a través de su cuenta de Twitter.

Cs planteó cambiar las siglas del partido el pasado año

En su momento la dirección de Ciudadanos se planteó cambiar las siglas del partido a fin de impulsar una nueva marca, pero finalmente la dirección del partido decidió añadir la palabra 'liberales' y dejar el 'Ciudadanos'. No ha pasado ni un año de la convención que se celebró de la mano de Arrimadas. Fue en el mes de julio de 2021 y en ella se reafirmó la bandera del liberalismo y se izaron otras nuevas. En primer lugar, el ecologismo. En segundo lugar, el feminismo y la igualdad. La intención era que ambas cuestiones pasaran a formar parte del corpus ideológico con el objetivo de marcar diferencias con un PP que Arrimadas tachaba de conservador y del que ya le separan asuntos como la ley de eutanasia.

Arrimadas se quiere mirar en el ejemplo del histórico FDP alemán. Los liberales germanos, que desaparecieron en 2013 del Bundestag al no conseguir ni el 5% de los votos, regresaron en las elecciones de 2017 con un 10% de la tarta electoral, un porcentaje mucho más en línea con su peso parlamentario desde la Segunda Guerra Mundial. El eurodiputado liberal alemán Alexander Lambsdorff participó en la convención y advirtió de que la gente pensó que estaban acabados, pero que ellos siguieron trabajando en el ámbito local reconstruyendo el partido para ser “más fuertes”.: "La gente pensó que estábamos muertos, pero estaban equivocados. Seguimos trabajando a nivel regional y nuestros militantes se mantuvieron fieles sin cobrar por su trabajo. Cuatro años después volvimos mucho más fuertes y en las encuestas estamos mejor que cuando empezamos”, se felicitó. Ese es el objetivo que persigue Arrimadas, que ve en las próximas elecciones generales su última oportunidad.

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