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21D | Elecciones en Cataluña

Los daños colaterales en Moncloa de la crisis catalana: el fuego amigo contra Santamaría

Soraya Sáenz de Santamaría preside la Comisión Delegada del Gobierno para Política Científica.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, no se presentó a las elecciones autonómicas del pasado 21 de diciembre en Cataluña. Pero el papel protagonista que le otorgó el presidente del Gobierno en la gestión de la crisis entre el Estado y Cataluña ha hecho que en su propio partido muchos la vean, junto al propio presidente, como una de las principales responsables de una estrategia que se ha demostrado fallida y que, en clave de partido, ha conducido a que el Partido Popular de Cataluña se desplome de los once a los cuatro escaños, perdiendo grupo parlamentario propio en el Parlament.

Hasta la fecha, las críticas internas a la mano derecha de Rajoy en el Gobierno son todas fuera de micrófono, nunca en público. Sólo el expresidente del Gobierno, José María Aznar, militante de base desde que renunció a la presidencia de honor del PP hace ya un año, se ha atrevido a lanzar un dardo a la vicepresidenta en el análisis que FAES, la fundación que preside, hizo de los resultados de las elecciones del 21D. 

Así, el documento arrancaba cargando directamente, sin mencionarla, contra la vicepresidenta del Gobierno recordando que los resultados del 21D no son compatibles con su afirmación de que se había "descabezado" al independentismo. No puede decirse que a día de hoy elaznarismosiga vivo dentro del PP como corriente interna. Pero sí hay un sector del electorado, el más conservador, que sigue viendo en el expresidente del Gobierno un referente.un referente.

Hay en el PP quien atribuye estas críticas al hecho de que la vicepresidenta sea fija en todas las quinielas para la sucesión de Rajoy. "Tratan de desgastarla. Sin más", añade un diputado nacional. "Siempre que hay algún momento difícil se le culpa a ella, haga lo que haga", señala un dirigente conservador en su defensa, que sostiene que ni el PP de Cataluña se ha hundido de la noche a la mañana ni el Gobierno se equivocado en Cataluña solamente en el último año. "Si se trata de buscar culpables y asumir responsabilidades hay que mirar también años atrás. Hay que abrir una reflexión. Pero no perder de vista el contexto", señala un destacado miembro de los conservadores catalanes. 

En este contexto, la citada fuente considera que no hay que perder de vista la campaña de firmas contra el Estatut organizada por Rajoy cuando el PP estaba en la oposición y la gestión de la consulta del 9 de noviembre de 2014.

¿Pero cuáles son los hechos concretos que han puesto a Santamaría en el punto de mira?

  1. Una ministra para Cataluña

Cuando Mariano Rajoy nombró a su nuevo Gobierno tras casi un año en funciones, en círculos conservadores sorprendió que Soraya Sáenz de Santamaría fuese despojada de la portavocía del Ejecutivo, una tarea que le garantizaba gran presencia mediática gracias a las ruedas de prensa posteriores a los consejos de ministros de los viernes. Criticada por sus rivales internos dentro del Partido Popular y la Moncloa por su acumulación de cargos, dejaba de ser la voz del Gobierno para, manteniendo la Vicepresidencia y el Ministerio de la Presidencia, liderar el área de Administraciones Territoriales. Se llegó a decir que, perdiendo la portavocía, iba a evitar desgastarse viernes a viernes en una legislatura muy complicada en la que los conservadores ya no contaban con la mayoría absoluta del periodo 2012-2015.

En clave de Gobierno, asumiendo Administraciones Territoriales se convertía en una especie de ministra para Cataluña en pleno "desafío soberanista" y en la persona en la que Mariano Rajoy había depositado, junto al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, la tarea de mover obstáculos para la reforma del modelo de financiación autonómica. Y en clave de partido, se interpretó que asumiendo Administraciones Territoriales iba a lograr mayor presencia en las diferentes comunidades autónomas y esto le iba a servir para, de forma paralela, mantener contactos con las diferentes estructuras del PP a nivel regional.

A la hora de citar sus principales obstáculos ante una eventual sucesión de Mariano Rajoy, sus compañeros de partido siempre citaban que le faltaba haber pisado el territorio, algo en lo que María Dolores de Cospedal, también en las quinielas para la sucesión, le llevaba algo de ventaja de la etapa en la que no compaginaba la Secretaría General del PP con el Ministerio de Defensa.

Sus críticos consideran que, a tenor de los resultados, Rajoy erró a la hora de depositar todo el peso de la llamada "agenda catalana" en Santamaría y que debería haber "repartido juego". Sus defensores ven al entorno de Cospedal tras estas críticas.

A tenor de las palabras del presidente del Gobierno en la rueda de prensa de balance de 2017, el panorama seguirá igual. Rajoy no tiene intención de hacer ningún cambio en su gabinete porque considera que todos los ministros hacen bien su trabajo.

La crisis de Gobierno que sectores de su partido le piden para dar impulso al nuevo año de momento tendrá que esperar. Más cercanos en el tiempo podrían estar algunos movimiento en el PP catalán. El propio candidato, Xavier García Albiol, presentó su renuncia al cargo tras el batacazo electoral. Pero su jefe de filas le pidió esperar con el argumento de que no se pueden tomar decisiones de forma precipitada.

  2. El fracaso de la 'operación diálogo'

Durante cierto tiempo, en el Gobierno se pensó que la buena sintonía existente en un principio entre Santamaría y el entonces vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, era un buen síntoma para la marcha de esa Operación Diálogo. Se le dibujó como el interlocutor válido con la vista puesta en que, gracias a su intermediación, Carles Puigdemont iba a dar un paso atrás e iba a reconsiderar sus planes independentistas. Y también con la vista puesta en las opciones de Junqueras de ganar unas elecciones en Cataluña en un escenario en el que Puigdemont, ahora huido de la Justicia española, se había autodescartado como candidato.

En Moncloa consideraban que a ERC le interesaba más una convocatoria electoral que el referéndum de independencia y creían que en ese campo había margen de acción. Pero las impresiones fallaron. Y en la Presidencia del Gobierno se dejó de ver a Junqueras como interlocutor válido cuando se percataron de que la vía del referéndum no desaparecía de la agenda. Los puentes estaban del todo rotos.

En defensa de Santamaría, algunos de sus compañeros de partido subrayan que quizá su intento de intermediación llegó demasiado tarde y que no sólo era cuestión de tender puentes políticos, sino que la sociedad ya estaba fracturada

  3. La gestión del 1-O

A diez día del 1-O, la fecha escogida por los independentistas para la consulta, el Gobierno dio prácticamente por desactivada la "logística" del 1-O. Era miércoles 20 de septiembre y desde el Ministerio del Interior se informaba de la incautación de papeletas para el referéndum y la detención de varios cargos públicos. Después se informaría de la incautación de material censal en las sedes de Unipost en L'Hospitalet y Terrassa.

Ya a las puertas del 1-O, una de las principales dudas que se planteaba era dónde estaban las urnas y si el Gobierno estaba en disposición de garantizar que, tal y como se había señalado, ese día no iba a haber urnas. Desde el Gobierno se defendía que no habían sido localizadas porque no existían. Y aseguraban que si había algún tipo de movimiento al respecto, serían incautadas antes de que pudieran ser introducidas en los colegios electorales.

El Govern catalán presentó el prototipo de este objeto dos días antes de la consulta. Y el 1-O se depositaron papeletas en urnas como las del prototipo. La pregunta en este momento era la de cómo el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no había logrado detectar estos movimientos. Dirigido por Félix Sanz Roldán, el CNI depende directamente de la Vicepresidencia del Gobierno.

La hemeroteca está plagada de declaraciones de miembros del Gobierno en las que se aseguraba que no se iba a votar y que no iba a haber urnas.

Y el siguiente fallo de los servicios de inteligencia llegó en el momento de la huida de Carles Puigdemont a Bélgica. 

  4. La cúpula independentista "descabezada"

En plena campaña electoral, Santamaría indignó al bloque independentista hablando del descabezamiento de los promotores del separatismo, en referencia a los dirigentes encarcelados o hudos de la Justicia. "¿Quién ha hecho que hoy por hoy ERC, Junts per Catalunya y el resto de independentistas no tengan líderes porque están descabezados? Mariano Rajoy y el PP", dijo en un acto en Girona en la recta final hacia el 21D.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, había delegado en la vicepresidenta del Gobierno las funciones de presidencia de la Generalitat de Cataluña en el real decreto por el que se designaba a los órganos y autoridades encargados de dar cumplimiento al acuerdo de aplicación del artículo 155, aprobado en el Senado.

Los aludidos coincidieron en señalar que estas palabras eran una prueba muy gráfica de que en España no existe la separación de poderes.

Además, Santamaría sacó pecho de la aplicación del artículo 155. "¿O acaso se pensaban que Rajoy y el PP no iban a tener arrestos de aplicar el Estado de Derecho?", se preguntó.

Dos días después, la número dos del Gobierno comparecía en el Senado para, precisamente, rendir cuentas de la aplicación del 155. Y los partidos independentistas le echaron en cara haber hablado del independentismo "descabezado".

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En la réplica, Santamaría consideró que ERC y el PDeCAT tienen "la piel fina" y se molestan porque en un mitin se diga que han sido "descabezados" cuando al mismo tiempo demuestran una "lengua gruesa" al dedicar a PP, PSOE y Ciudadanos calificativos como "fachas", "franquistas", "descerebrados, ladrones y psicópatas". 

Según justificó, en los mítines se permiten ciertas "licencias". Y reformuló sus declaraciones: "Perdieron la cabeza con el independentismo y el procés".

Pero precisamente esa referencia al descabezamiento de los partidos independentistas fue la que aprovechó Aznar para criticar a Santamaría, pero por motivos opuestos: porque el 21D ha demostrado la fuerza que conservan los soberanistas.

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