Dios, patria y rey. El discurso de la ultraderecha española —heredado del carlismo— no se explicaba sin esos tres elementos. Hasta ahora. Desde hace un tiempo tanto dirigentes de Vox como el agitador ultra Alvise Pérez han empezado a distanciarse de aquellas figuras que no avalan sus tesis más radicales. Entre ellos están miembros de la Iglesia católica, de la actual Casa Real y del empresariado español. Además, frente a las amenazas directas a España por parte del presidente norteamericano Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, personificadas en el presidente Pedro Sánchez, los ultraderechistas se alinean con los mandatarios extranjeros antes que defender a su país.
Aunque la formación de Santiago Abascal no cuestiona la religión católica —de hecho, se ensalzan sus valores frente a los de otras religiones que según su discurso quieren imponer la suya en toda Europa—, ni la indivisibilidad de España —frente a unos "enemigos" claramente identificados con las fuerzas independentistas— y tampoco la monarquía —de la que se reproducen sus bondades, incluso las de Juan Carlos I pese a los múltiples escándalos tras su abdicación—, sí ponen en duda a sus autoridades y máximos exponentes.
Así, esta misma semana el líder de Vox, Santiago Abascal, ha arremetido contra el obispo de Canarias, José Mazuelos, por defender la necesidad empatizar con quienes llegan en cayuco a las costas españolas, una ruta que calificó de “especialmente dura y peligrosa”, una crítica que también trasladan al Papa León XIV, protagonista a su vez de los ataques de Trump por, en sus palabras, “complacer a la izquierda radical”. Asimismo, Zarzuela ha recibido en los últimos meses quejas de dirigentes de Vox por el contenido de algunos discursos pronunciados por Felipe VI en una línea similar.
Por su parte, este viernes el portavoz episcopal, César García Magán, calificó como “injurias” las palabras del líder de Vox, tras acusar a la Iglesia española de “enriquecerse” a costa de la inmigración ilegal. “No solamente no obedecen a la realidad de los hechos, sino que entran en el ámbito de la pura posición ideológica, porque no se basan en la verdad, sino en la falsedad. Incluso, en un ámbito de injuria. Afirmar que hay enriquecimiento donde no lo hay, entra en ese ámbito”, manifestó. Sobre la “prioridad nacional” incluida en los acuerdos entre PP y Vox, el portavoz de la CEE lamentó la “política a golpe de eslogan que busca la polarización”: “Nuestra prioridad es y será el Evangelio”, señaló.
En pie de guerra con la Conferencia Episcopal
Aunque, teóricamente, el partido de ultraderecha está condenado a entenderse con la jerarquía eclesiástica —Vox es el partido cuyos votantes más se identifican con el catolicismo—, los de Abascal no ven con buenos ojos la “deriva” que ha asumido la Iglesia desde el pontificado de Francisco, no solo con los migrantes, sino con cuestiones como la renta mínima, que según Abascal solo llevan a “la ruina y al paraíso comunista”. El líder de Vox criticó en público las declaraciones del papa Francisco, a quien llamó “ciudadano Bergoglio” cuando este arremetió contra las políticas antiinmigración.
El respaldo de la Iglesia a la regularización de migrantes aprobada por el Gobierno ha abierto una enorme brecha entre los sectores más radicales del catolicismo y una jerarquía eclesiástica que no es, precisamente, progresista. La elección de Luis Argüello como presidente de la Conferencia Episcopal, que llegó a minimizar los casos de pederastia en el seno de la Iglesia, supuso la vuelta a la cúspide del sector más conservador del episcopado. Una cúpula, sin embargo, demasiado blanda a ojos del movimiento ultracatólico y también de la ultraderecha institucionalizada.
El caso de Jumilla del pasado verano también provocó choques con la Conferencia Episcopal después de que Vox promoviera una moción para impedir que la comunidad musulmana celebrara sus festividades religiosas en el polideportivo municipal. El hecho de que desde la Iglesia Católica defendiera la libertad religiosa, también la del Islam, amparada por la Constitución, no sentó bien en las filas del partido, que ha hecho de la islamofobia uno de sus ejes electorales. El líder ultra criticó entonces el "silencio" de parte de la "jerarquía eclesiástica" y dejó entrever que su falta de críticas al Gobierno de Pedro Sánchez estaban motivada por "los ingresos públicos que reciben” y lo vinculó también con los casos de pederastia en la Iglesia. "La tienen absolutamente amordazada ante las acciones de determinados gobiernos liberticidas”, alegó.
La ruptura con Hazte Oír, el ala más reaccionaria del catolicismo
Por otro lado, los sectores más reaccionarios del catolicismo tampoco consideran que Vox sea lo suficientemente firme en sus postulados. La organización ultra Hazte Oír, vinculada a la secta secreta de extrema derecha El Yunque y que durante muchos años compartió convocatorias, actos, discursos e incluso cargos directivos con Vox, escenificó en 2022 su divorcio con la formación de Abascal, a la que tildó de “derechita cobarde”, el mismo apelativo que ellos han utilizado habitualmente para referirse al Partido Popular.
Hazte Oír fue uno de los colectivos clave en el ascenso de Vox. Tanto que la entidad ultracatólica logró colocar en las instituciones a personajes vinculados o, directamente, pertenecientes a la misma. Es el caso, por ejemplo, de Francisco José Contreras, que ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados. O de Gador Joya, que ejerció como parlamentaria ultra en la Asamblea de Madrid. Y también el de la actual presidenta de las Cortes Valencianas, Llanos Massó, o el portavoz de Vox en la misma Cámara, José María Llanos.
Los ultracatólicos ejercieron desde un primer momento como canalizadores de voto a la formación de Abascal. Pero por primera vez, y con la vista puesta en los comicios aragoneses, el lobby capitaneado por Ignacio Arsuaga encontró una mejor opción, la de Se Acabó La Fiesta. La relación del partido con el colectivo comenzó a deteriorarse a finales de 2021, cuando puso en marcha una campaña de recogida de firmas para exigir a Vox que rompiera en la Comunidad de Madrid con Isabel Díaz Ayuso y le tumbase los presupuestos si no había derogación de leyes LGTB y trans. Unos meses después, en febrero de 2022 y con las elecciones en Castilla y León a la vuelta de la esquina, el lobby ultracatólico puso en marcha una campaña similar a la actual contra la formación de extrema derecha porque no respondía a su cuestionario.
Vox se queja a La Zarzuela de los posicionamientos de Felipe VI
En la ultraderecha española también se ha producido un cambio de discurso frente al seguidismo hacia la monarquía con desplantes incluidos. El propio líder de Vox se ausentó del acto presidido por el rey Felipe VI en el Congreso el pasado mes de febrero para celebrar que la Constitución es la más longeva de la historia de España Según avanzó El Periódico de Cataluña, La Zarzuela ha recibido en los últimos meses quejas de dirigentes de Vox por el contenido de algunos discursos pronunciados por Felipe VI en los que el partido de Santiago Abascal considera que el jefe del Estado ha incumplido la Constitución y ha roto su obligada neutralidad política.
Entre estas cuestiones, estaría la posición que el monarca asumió ante asuntos como la intervención de Trump en Venezuela para secuestrar a Nicolás Maduro, su manera de referirse a la liberación de encarcelados los días siguientes y su celebración del acuerdo comercial de Mercosur. El último choque se produjo cuando Felipe VI admitió que en la conquista de América hubo "mucho abuso". Vox rehusó respaldar específicamente al rey y, en cambio, reivindicó que la Corona realizó "la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia universal".
El caldo de cultivo comenzó en la investidura de Pedro Sánchez de 2023, cuando en los foros de extrema derecha se extendió una profunda decepción con el monarca por proponer al socialista como candidato tras el fracaso del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Es más, en las manifestaciones convocadas durante esos meses contra la amnistía, se podían leer pancartas como "Felipe VI, cómplice del golpe de Estado. A las urnas, a la democracia y a la voluntad de los españoles o "Felipe VI cobarde. Se vende España por cinco votos".
Una de las voces que más defendió esa tesis, con bulos de por medio, fue Alvise, que desde hace meses acusa al rey Felipe VI de no "cumplir con su tarea constitucional": "La pregunta obvia de todos los españoles es para qué cojones sirve el rey. Y si no sirve para nada, ni siquiera para la única función que tiene, ¿por qué tenemos que dedicar diez millones de euros al año en que viva en la Zarzuela?", se preguntó, en una entrevista compartida en su canal de Telegram.
Apoyo a Trump y Netanyahu pese a sus amenazas
Ver másDe delincuentes a parásitos de lo público: Vox arrastra al PP a su criminalización de los migrantes
Vox sigue manteniendo su apoyo a Trump pese a que el presidente norteamericano se ha convertido para una parte muy amplia de la sociedad española en un símbolo de inestabilidad, unilateralismo y amenaza bélica. Su reciente advertencia de destruir la "civilización iraní" si Teherán no cedía, incidió todavía más en esa percepción, hasta el punto de provocar críticas incluso en sectores conservadores españoles y en la Iglesia. Esta misma semana se ha filtrado un correo interno del Pentágono que recoge opciones de castigo para aliados de la OTAN que rechazaron facilitar bases y espacio aéreo a EE.UU, entre las que estaría España. Pero para Vox, la culpa es de Pedro Sánchez y nadie más. Una posición compartida a su vez por el principal partido de la oposición.
Ni PP ni Vox han condenado, por su parte, las amenazas de Netanyahu tras acusar al Gobierno de Pedro Sánchez de "librar una guerra diplomática" por la que "pagará un precio". Como represalia, expulsó a los representantes españoles en el Centro de Coordinación Civil y Militar , el órgano multinacional que supervisa el alto el fuego alcanzado en la franja de Gaza en octubre del año pasado. Es más, Abascal prometió a Netanyahu que si llega a La Moncloa revertirá el reconocimiento a Palestina impulsado por el Gobierno de Sánchez.
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Dios, patria y rey. El discurso de la ultraderecha española —heredado del carlismo— no se explicaba sin esos tres elementos. Hasta ahora. Desde hace un tiempo tanto dirigentes de Vox como el agitador ultra Alvise Pérez han empezado a distanciarse de aquellas figuras que no avalan sus tesis más radicales. Entre ellos están miembros de la Iglesia católica, de la actual Casa Real y del empresariado español. Además, frente a las amenazas directas a España por parte del presidente norteamericano Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, personificadas en el presidente Pedro Sánchez, los ultraderechistas se alinean con los mandatarios extranjeros antes que defender a su país.