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Las cuentas del PP

La financiación ilegal del PP era práctica general avalada por la cúpula, dice Bárcenas

El furgón de la Guardia Civil que ha trasladado este jueves al extesorero del PP Luis Bárcenas desde la madrileña cárcel de Soto del Real, a su llegada a la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares.

Alicia Gutiérrez / Tono Calleja

Luis Bárcenas apretó ayer las tuercas del PP al declarar ante el juez Ruz que no solo la sede nacional del partido mantuvo durante dos décadas una caja B para financiar sus campañas electorales con donaciones opacas sino que ese mismo esquema era aplicado por todas y cada una de las organizaciones regionales y provinciales con pleno conocimiento de la cúpula.

Pero si esa revelación iba en detrimento del partido, la segunda le beneficia: el extesorero narró que tras el estallido del caso Gürtel en 2009 destruyó recibos que acreditaban los pagos en negro de las obras de reforma de la sede de la madrileña calle Génova, así como el pago de unos trajes para Mariano Rajoy, cuyo nombre se resistió inicialmente a pronunciar. Durante el interrogatorio, Bárcenas solo respondió a las preguntas del juez, las fiscales del caso Gürtel y las defensas. Por la noche, fuentes jurídicas confirmaron que el fiscal encargado de la pieza separada de los papeles de Bárcenas, es decir, el de la financiación del PP, no asistió a la declaración.

Durante sus cinco horas ante el juez Pablo Ruz, las únicas que no ha pasado en la cárcel de Soto del Real desde julio, el extesorero sostuvo que los secretarios generales del partido y el presidente de cada nivel orgánico –de todos- conocían que el partido financiaba sus campañas electorales con dinero negro de la caja B, aunque salvo en el caso de Álvarez Cascos durante el periodo en que no hubo tesorero (1990-1993), el control efectivo de los fondos estaba en manos del tesorero.

Según fuentes jurídicas, Bárcenas remachó a preguntas del juez que tal vez cabría entender que el presidente del partido no estuviera pendiente de la caja B aunque entiende que sí sabía de ella. Pero que de lo que no cabe duda es de que la conocían los secretarios generales del PP, que han negado al unísono la existencia de una contabilidad B-. Para reforzar su afirmación, el imputado repitió en varias ocasiones que Álvaro Lapuerta “no iba por libre”.

Rebaja del 8% a cambio de tolerar

Y ofreció otros detalles para reforzar sus afirmaciones. Contó, por ejemplo, que el PP sabía y permitía que el arquitecto cuya empresa reformó la sede de Génova pagaba en negro a sus proveedores y, a cambio, hacía al partido una rebaja del 8%. Dado que, a su vez, el PP pagaba en negro parte de esas obras, se ahorraba el IVA.

Bárcenas relató igualmente cómo el número dos del PP riojano entregó en metálico 200.000 euros que el PP nacional le transfirió de nuevo ya desde sus cuentas oficiales, había caja B incluso en municipios de Madrid como Majadahonda -controlada por el entonces alcalde-, Pozuelo -por el tesorero local- y en Las Rozas; el dirigente valenciano Juan Cotino entregó 200.000 euros en 2004 para la campaña de Mariano Rajoy que fueron incorporados a la caja B; y por supuesto -vino a decir Bárcenas- que el gerente del PP castellano-manchego, José Ángel Cañas, se llevó 200.000 euros donados por Sacyr para la campaña de Cospedal de 2007 y por eso firmó un recibí. Si lo firmó y ahora alega que no recibió el dinero -apostilló aquí Bárcenas, Cañas es "un imbécil".

Papeles con copia y papeles destruidos

Pese a su referencia al conocimiento que de ese sistema tenían todos los presidentes, Bárcenas no introdujo aquí el nombre de José María Aznar ni el de Mariano Rajoy, que antes que presidente fue secretario general entre 2003 y 2004. Sí se refirió al segundo cuando reiteró que pagó 25.000 euros al hoy presidente del Gobierno y otros tantos a María Dolores de Cospedal en 2010. Y se ratificó en todo lo dicho sobre los sobresueldos pero sin extenderse.

Aunque Bárcenas intercaló una apostilla para deslizar que el sistema descrito era común en todas las siglas, sus afirmaciones amplían el ámbito de las sospechas y agravan la posición del partido en el Gobierno. Pero, aunque recordó dos veces y de manera difusa que sigue teniendo copia de los papeles que guardaba en la caja fuerte de su despacho, también esta vez midió sus palabras en cuanto a la atribución de responsabilidades.

Y, de paso, desveló que los documentos que acreditaban los pagos en negro de las obras de reforma de la sede de Génova, así como otros dos de 10.000 euros cada uno para el sastre que confeccionó los trajes de campaña de Mariano Rajoy en 2008, quedaron destruidos en 2009 tras el estallido del caso Gürtel por decisión suya consensuada con su precedesor, Álvaro Lapuerta. Rajoy, precisó Bárcenas tras resistirse a pronunciar su nombre –dijo “el candidato” y Ruz tuvo que preguntarle si se refería a Rajoy-, nunca supo cómo se habían pagado esos trajes.

Que Bárcenas midió al milímetro sus palabras a la hora de señalar con nombres y apellidos quedó constatado cuando, a preguntas del juez Ruz, abordó por primera vez el asunto de quiénes conocían la caja B. Ocurrió al filo de las dos de la tarde. Y Bárcenas solo hizo mención nominal directa de dos de los cinco secretarios generales que se han sucedido en el cargo desde 1990: Francisco Álvarez Cascos, a quien señaló como la persona que puso en sus manos los ocho millones de pesetas que almacenaba la caja B cuando el PP se quedó sin tesorero en 1990 tras la detención de Rosendo Naseiro y quien habría supervisado esos fondos hasta el nombramiento de Álvaro Lapuerta como tesorero en 2003; y a Ángel Acebes.

Ni una palabra, en este contexto, sobre Javier Arenas ni sobre Mariano Rajoy, que ocupó la secretaría general entre 2003 y 2004.

A María Dolores de Cospedal, actual secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, Bárcenas no la citó de forma expresa en ese punto pero le dedicó capítulo propio. El extesorero, enfrentado a Cospedal desde 2008, reiteró que trató directamente con ella la donación de 200.000 euros –inicialmente iban a ser 700.000, repitió como en julio de 2013 sin apearse de esa cifra no se sabe por qué- presuntamente realizada por Sacyr para la campaña autonómica de 2007 en Castilla-La Mancha.

Pero si Bárcenas situó de nuevo a Cospedal en el centro de ese episodio de supuesta financiación ilegal, la atacó también desde otro flanco: según el extesorero, resulta difícil de creer que Cospedal le revocara notarialmente sus poderes en octubre de 2009 dado que hasta marzo de 2010 él mismo dio órdenes a los bancos para comprar bonos del Estado con parte de los seis millones de euros que el PP tenía entonces en sus cuentas oficiales. Cospedal se refirió a esa revocación durante la declaración que prestó el pasado verano ante el juez Ruz en calidad de testigo.

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Bárcenas, quien negó de nuevo que el dinero que ocultaba en Suiza proceda del PP pero quien tampoco ahora logró justificar de manera fiable cómo llegó entonces a sus manos. No quiso decir, por ejemplo, quién es la persona que le transfirió 200.000 euros desde Nassau, en el paraíso fiscal de Bahamas. 

El nombre de Rajoy salió a colación cuando, al filo de las dos de la tarde, Bárcenas relató con abundancia de detalles lo siguiente: que con el dinero negro de la caja B nacional –y esto coincide punto por punto con lo que mantiene la Policía- también se pagó la reforma de la sede central del partido, que costó casi 4,17 millones, casi el doble de lo oficialmente certificado. Y que esos fondos sirvieron igualmente para liquidar dos deudas de 10.000 euros con el sastre que, según Bárcenas, confeccionó trajes para una campaña de Mariano Rajoy, aunque el hoy presidente –remachó su antiguo subordinado- permaneció por complejo ajeno a esa operación.

Según el extesorero, tanto los recibos de la reforma de la sede de la madrileña calle Génova como los del sastre fueron destruidos por él mismo en 2009 tras el estallido del caso Gürtel de común acuerdo con su antaño mentor y precedesor en el puente de mando financiero del PP, Álvaro Lapuerta. Bárcenas contó que ambos consideraron que mantener esos documentos en la caja fuerte del partido podía ser peligroso.

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