La nueva legislatura

El futuro de Ciudadanos: entre la espada de acabar en el PP y la pared de facilitar la investidura de Sánchez

La Ejecutiva de Cs en febrero de 2018. De la foto ya han desaparecido cinco de las figuras más relevantes: Albert Rivera, José Manuel Villegas, Fran Hervías, Fernando de Páramo, Juan Carlos Girauta y Toni Roldán.

Ciudadanos sigue en estado de shock.shock En apenas seis meses sus dirigentes han transitado por una montaña rusa que les ha llevado de considerarse al frente de la oposición y ocupar un estimable y decisivo espacio político en el Congreso —57 diputados— a hundirse en la irrelevancia con 10 escaños. Por el camino ha perdido a su espina dorsal, Albert Rivera, el único presidente que ha conocido la formación naranja en sus 13 años de historia. Su dimisión, al día siguiente de perder más de 2,5 millones de votos y 47 escaños, dejó el partido huérfano y sin capacidad de respuesta. José Manuel Villegas, mano derecha de Rivera desde 2007, admitía hace apenas unos días que, a estas alturas de las elecciones, siguen sin entender qué pasó: “Soy incapaz todavía de decir por qué el resultado fue malo. Cuando pasas de 57 a 10, cualquier cosa que hubieras hecho diferente lo hubiera mejorado”, confesó en una entrevista en Onda Cero.

Villegas ya ha dicho que él también lo deja, siguiendo la estela de Juan Carlos Girauta, hasta hace pocos meses portavoz parlamentario en el Congreso. Ninguno de los dos consiguió escaño.

Tras ellos anunció su retirada el secretario de Comunicación, Fernando de Páramo, y esta misma semana se sumó una figura clave en el equipo de Rivera: el secretario de Organización, Fran Hervías, el brazo de hierro que durante años forjó la estructura vertical del partido, lo que le ha ganado la animadversión de los críticos, especialmente de aquellos que desconfian del sistema de primarias del partido, que en primavera mostró su vulnerabilidad al facilitar un sonado pucherazo. Hervías, no obstante, sí ha dejado caer que le gustaría estar en la nueva dirección.

Después de perder más de la mitad de los votos en todas las provincias y de haber reducido su representación en el Congreso a cuatro comunidades —Madrid, Andalucía, Cataluña y Comunitat Valenciana—, las miradas se vuelven hacia Inés Arrimadas, la sucesora natural de Rivera. La actual portavoz parlamentaria de Ciudadanos, que en las elecciones andaluzas de diciembre jugó un papel fundamental en el buen resultados de las candidaturas naranjas, saltó de la política catalana a la española la pasada primavera como parte de la estrategia de intentar el sorpasso al Partido Popular.

Ahora, desde las ruinas de un partido devastado por una catástrofe electoral poco frecuente, Arrimadas busca la manera de relanzar Ciudadanos.busca Si es que es posible. Y si es que todavía existe un espacio que pueda ocupar entre un PSOE que ha elegido gobernar mirando a la izquierda y llegando a acuerdos con los nacionalistas y un PP en disposición de ejercer como la única alternativa viable a Pedro Sánchez.

Diez diputados, poco margen

Tanto los expertos consultados por infoLibre como los dirigentes políticos que contribuyeron a fundar Ciudadanos son pesimistas.

“El futuro de Cs se decidirá en esta legislatura”, pero “es más complicado que en abril”, asegura Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III. “Se le ha cerrado la ventana de oportunidad” en aquellas elecciones, cuando se quedó a muy pocos diputados del PP y se convirtió en la tercera fuerza política española. El problema, recuerda Simón, es que centró su estrategia en disputar al PP la hegemonía del espacio político del centro derecha. “Se movió de sitio”, abandonó el discurso de la regeneración política y “ahora es más difícil” recuperarlo. Con diez diputados “tienen poco margen”, explica en conversación con infoLibre, porque se le ha achicado el espacio.

La situación empeorará además si sale adelante el gobierno PSOE-Unidas Podemos con la ayuda de Esquerra, porque hará imposible que Ciudadanos se pueda mover hacia posiciones más abiertas. Sólo le quedará compartir con el PP el espacio de oposición al nuevo Ejecutivo, y en ese escenario sus diez escaños serán cada vez “más irrelevantes”.

Uno de los problemas, explica Simón, es que Cs “comparte votantes” con el Partido Popular. Y si no consigue diferenciarse de los de Pablo Casado acabará corriendo la misma suerte que el CDS de Adolfo Suárez, que se fue diluyendo hasta disolverse en el PP. En parte también porque es “un partido de notables, sin cuadros” intermedios, algo que sí tienen los conservadores.

¿Fusión con el PP?

El consultor político César Calderón cree que una solución sería el ingreso de Cs en el PP, lo que permitiría “reordenar el tráfico en el centro derecha” y facilitar que el resultado de esa fusión pudiese marcar perfil frente a Vox. Porque Ciudadanos “es una partido personalista creado a imagen y semejanza de Albert Rivera”, en el que los cuadros intermedios no tienen derecho a opinar, así que le va a costar mucho trabajo transformarse en otra cosa. No es un partido liberal, subraya, porque si lo fuera se comportaría como tal.

El problema, en su opinión, ya no es si tiene posibilidades de hacerse con un espacio propio. Porque si se presta a atención a las transferencias de voto, se observa cómo se les han ido votantes al PP pero también a Vox. Y eso tiene una solución “complicada”. Crecieron, recuerda Calderón, cuando giraron a la derecha, en las elecciones de abril, y luego se hundieron cuando impidieron un gobierno más liberal con el PSOE.

En ese contexto, ¿qué puede hacer Arrimadas, habiendo sido partícipe y coprotagonista de la estrategia que ha conducido al partido al desastre del 10N? “Una de las tareas del príncipe es matar al rey”, ironiza Calderón, pero “ninguna renovación ha sido revolucionaria”. En eso Cs no se diferencia mucho de los demás partidos, señala.

Sin banquillo

Simón recuerda que la formación naranja tampoco tiene otras opciones. “El problema es que no hay banquillo. Y llevándola a la primera línea la han desgastado”.

El profesor Félix Ovejero ya extendió hace unos días el “certificado de defunción” del partido naranja en un artículo en el diario El Mundo. Ovejero, profesor titular de Economía, Ética y Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona y uno de los promotores de la plataforma que en 2006 dio origen al nacimiento de Ciudadanos, reconoce al partido haber sido capaz de señalar “la presencia del mal”, como se refiere al nacionalismo, y de “colocarlo en nuestro debate político, incluso cuando casi todos, interesadamente o no, lo escamoteaban”. Pero critica la decisión de buscar un espacio a la derecha del espectro político: “Un empeño casi imposible y de dudosa rentabilidad” que despreciaba “el único espacio electoral virgen, el de la izquierda antinacionalista, en donde abundan”, según él, “antiguos votantes del PSOE descontentos por sus complicidades con el nacionalismo”.

Ciudadanos ya no está en situación de hacer realidad el sueño de construir una organización política sobre las bases de una doble identidad socialdemócrata y antinacionalista. Según Ovejero, tuvo la oportunidad de emplazar al PSOE a elegir entre la Constitución y sus enemigos y obligar así a los socialistas a “abandonar para siempre” lo que considera el “filón virgen electoralmente” de la política española: “un partido de izquierdas antinacionalista”. Algo que, a su juicio, Cs nunca debió abandonar.

Partido "redundante e innecesario"

Antonio Robles, el dirigente de Cs que plantó a Rivera cuando decidió acudir a las europeas de 2009 con Libertas, una formación en el espacio de la ultraderecha, coincide con el análisis de Ovejero y está convencido de que “el alma de Ciudadanos ya no existe” porque era socialdemócrata y ahora el partido es, en muchos aspectos, más de derechas que el PP. Tanto por sus dirigentes como por sus electores. La disolución en el partido de Casado parece el único camino viable.

Robles recuerda que, después del 28 de abril, Rivera tuvo “la oportunidad de impedir” que Sánchez “se entregase a populistas y nacionalistas. De ser un hombre de Estado y convertir un error táctico en una oportunidad”. Pero no la aprovechó.

No obstante, en su opinión, la causa definitiva del hundimiento de Ciudadanos tiene que ver con la irrupción de Vox y del PP “de Pablo Casado y de Cayetana Álvarez de Toledo”. Cuando nació Cs, razona, “no existía partido alguno que defendiera sin complejos la nación española”, pero eso desapareció con la llegada del partido de Santiago Abascal. “Cs se convirtió en partido redundante e innecesario. Y Albert en un personaje poco fiable”, concluye.

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