Los correos secretos de Blesa

El juicio a Elpidio Silva será tras las elecciones europeas

El magistrado Elpidio José Silva, durante el juicio que ha comenzado contra él en el TSJM.

Elpidio Silva, todavía magistrado aunque en excedencia y candidato a las europeas por el llamado Movimiento Red, no será juzgado por haber encarcelado al expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, antes de que se celebren los comicios el próximo día 25. Salvo terremoto o ejercicio inédito de celeridad, resulta materialmente imposible conformar antes de esa fecha el nuevo tribunal encargado de la vista tras la recusación de uno de los tres miembros de la terna original, María Tardón, quien como desveló infoLibre el pasado 23 de abril perteneció a la asamblea de Caja Madrid entre 2003 y 2005 bajo la presidencia de Miguel Blesa y tras cesar como concejal del PP en la capital. Abogados cercanos a Silva añaden un argumento más que este diario no pudo verificar anoche: que la doctrina del Supremo impide juzgar a un candidato durante la campaña.

La decisión de la llamada Sala del 77 del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) sobre la juez Tardón tuvo un inmediato efecto dominó: la abstención de Arturo Beltrán, presidente del tribunal que el 21 de abril abrió contra Silva una vista en la que se arriesga a 30 años de inhabilitación. Beltrán, que anunció su apartamiento pasadas las tres de la tarde, goza de notable prestigio en la carrera. Sabía desde antes de que el juicio arrancase el 21 de abril que Tardón había sido consejera general de la asamblea de Caja Madrid y, como ella, entendió que ese hecho no implicaba causa de abstención ni de recusación. Entre las competencias de la asamblea general de la entidad figuraba la aprobación de cuentas anuales y del informe de gestión, así como ratificar el nombramiento del presidente.

El auto –unánime– por el que los cuatro magistrados de la Sala del 77 aceptan la recusación de Tardón para diluir cualquier duda que su pasada pertenencia a Caja Madrid pudiera suscitar en el acusado asesta al fiscal jefe de Madrid, Manuel Moix, el primer varapalo del caso desde que en julio de 2013 interpuso contra Silva una querella por prevaricación, retardo malicioso y dos delitos contra la libertad individual, uno por cada vez que envió a Blesa a prisión. Como los abogados de Blesa y Gerardo Díaz Ferrán, que ejercen la acusación privada contra Silva, el fiscal Moix se opuso a la recusación de Tardón. Era, sostuvo, una maniobra “burda” para suspender el juicio.

La Sala del 77 ha entendido lo contrario. Y eso significa un auténtico desmarque de las previsiones iniciales: que el tribunal tumbaría la recusación y el juicio seguiría adelante como si nada hubiera sucedido. El perfil de Elpidio Silva, que desde el primer día optó por la estrategia de reventar el juicio, parecía jugar en contra de sus intereses. Sus continuas interrupciones y enfrentamientos con Arturo Beltrán eclipsaron incluso el importante testimonio de dos agentes de la Guardia Civil que desbarataron la tesis de la Fiscalía, según la cual Silva se apropió de los correos secretos de Blesa porque sí y vulnerando el derecho a la intimidad del expresidente de Caja Madrid.

Desde cero

En la práctica, el auto de la Sala del 77 implica que el juicio comenzará desde cero con un tribunal por completo nuevo, dado que si bien el tercer integrante del inicial, Eduardo Urbano, no ha sido recusado, tampoco podría asistir a sesiones en las que necesariamente deberían repetirse los interrogatorios ya practicados.

Según fuentes del TSJM, los componentes del nuevo tribunal han de salir de la lista de magistrados de la Audiencia Provincial que voluntariamente se ofrecen para participar en tareas del tribunal autonómico. El proceso de selección se anticipa lento, máxime por cuanto ninguno de los magistrados de cuatro salas de la Audiencia Provincial que resolvieron recursos de Blesa o Díaz Ferrán contra la instrucción de Silva podría juzgar al acusado.

Una vez formado el tribunal, las partes tendrán 10 días para recusar a alguno o algunos de sus componentes desde el momento en que conozcan la causa por la que el magistrado debería apartarse. En el caso de Silva, mediaron cinco días hábiles y no 10 –la Semana Santa cayó en medio– entre la notificación de quiénes integraban el tribunal y el inicio de la vista. El equipo de Elpidio Silva mantiene que fue la premura con que el TSJM abrió juicio nueve meses después de interpuesta la querella lo que explica que el anterior defensor de Silva, Cándido Conde-Pumpido hijo, no detectara la presencia de Tardón en el “supremo” –lo dice la ley de Cajas madrileña– órgano de gobierno de Caja Madrid.

A primera hora de la mañana circuló la idea de que, una vez incorporado el sustituto de Tardón el juicio se reanudaría en el punto en que quedó interrumpido el jueves 24 tras la recusación planteada por Silva. De inmediato, distintos juristas consultados por este diario coincidieron en que esa fórmula sería garantía automática de nulidad, dado que el nuevo miembro del tribunal, fuera quien fuese, en ningún caso habría asistido a las sesiones anteriores ni, por tanto, tendría capacidad para valorar por sí mismo las pruebas.

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