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Crisis del coronavirus

El pulso entre la variante británica y la vacunación de vulnerables marcará una Semana Santa difícil de salvar

Una mujer recibe la segunda dosis de la vacuna anti-covid en una residencia de Ibiza.

La evolución de la tercera ola es positiva. No así la situación de España durante la tercera ola. Los datos de este lunes, con 79.686 ingresos registrados durante todo el fin de semana, indican que España puede haber alcanzado ya el pico de esta fase de pandemia de covid-19, pero la incidencia sigue por las nubes. Tal y como previeron los expertos, la semana pasada la incidencia acumulada a 14 días (casos/100.000 habitantes) empezó a descender por primera vez en semanas. Ahora se encuentra en 865,7 casos. "Está bajando rápido", reconoce el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, que llamó a distinguir entre evolución y tendencia. No son buenos ni 800, ni 700, ni 500: solo por debajo de 50 se puede dar la epidemia por controlada. En todo caso, el horizonte no pinta completamente despejado: la variante británica, más contagiosa, podría imponerse pronto en el país, volviendo a cambiar la tendencia o, incluso, forzando una cuarta ola antes de llegar a la inmunidad de rebaño. La pregunta es qué llegará antes: si la vacuna a todas las personas mayores que quieran inmunizarse, las más proclives a acabar en Cuidados Intensivos, o la victoria del linaje B117. Las previsiones apuntan a un ring ubicado en el tiempo: el comienzo de la primavera y la llegada de la Semana Santa, un periodo vacacional con peligros asociados a la movilidad.

La mutación también conocida por los especialistas como VUI-202012/01, ha trastocado los planes. Las evidencias se acumulan a favor de su mayor transmisibilidad, aunque establecer un porcentaje concreto es complicado: las diversas estimaciones fluctúan entre el 30% y el 70%. En Reino Unido tienen claro que, además, es más letal, aunque muchos expertos dudan todavía. En todo caso, ya a nadie escapa que es un problema, aunque las vacunas de Pfizer y Moderna –como mínimo– lo neutralicen sin problema. Cuanta más transmisión, más contagios: y cuantos más contagios, más ocupación en los hospitales y más muertes, aunque el patógeno afecte exactamente igual al organismo.

El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes), con Simón a la cabeza, estima que la variante será la predominante en el país a mediados de marzo. Y el Gobierno espera vacunar a todas las personas mayores y de riesgo a principios de abril. La Semana Santa de 2021 se celebra entre el 28 de marzo y el domingo 4 de abril, y la ministra de Turismo, Reyes Maroto, abrió la puerta este fin de semana a volver a los vuelos internacionales para esta fecha si la situación está controlada. Pero los indicios epidemiológicos apuntan a que, más que una oportunidad de relajar restricciones, las fiestas serán el ring de una peculiar batalla: variante vs. vacuna. 

Los expertos alertan, con todas las precauciones que se deben tomar al predecir la evolución de una pandemia, de que la tercera ola podría frenar su descenso o, incluso, dar paso a una cuarta ola cuando la variante británica se convierta en la mutación principal en circulación. Y sin contar que otras variantes, como las aparecidas en Brasil, México o Sudáfrica, puedan desembarcar en tierras europeas. "La naturaleza de las medidas debe ser la misma, pero la intensidad debe ser mayor", considera el epidemiólogo Fernando Rodríguez, que explica que la mayor contagiosidad de este linaje puede girar el timón de la curva.

Coincide Simón: la receta es exactamente igual. Así lo apoya la evidencia de Reino Unido, aseguró en rueda de prensa este lunes: "Las medidas de control allí estaban teniendo un efecto similar en las zonas donde circulaba más la variante" . "Cuanto más transmisible, más difícil, pero yo creo que podemos hacerlo", apuntó, optimista. 

Teniendo en cuenta la variable de la mutación, el objetivo de vacunar a toda la población mayor en dos meses cobra más importancia, incluso, que la meta repetida una y otra vez por el ex ministro de Sanidad, Salvador Illa, y su sucesora, Carolina Darias: el 70% de los españoles inmunizados en verano. No solo se trata de alcanzar la inmunidad de rebaño, sino de proteger las vidas de las personas con más peligro de desarrollar una enfermedad grave en un contexto de una posible subida de la transmisión.

¿Seremos capaces? "A mí me salen las cuentas", asegura Julián Ezquerra, portavoz de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid. "Con tres o cuatro enfermeras que todos los días se dedicaran a vacunar... llegaríamos un poco justos, pero se puede ser optimista". Pero depende de que el personal de enfermería pueda hacer un esfuerzo extra. Y muchas veces no se puede. 

"Para llegar al ratio medio de enfermeras de la Unión Europea necesitaríamos importar unas 125.000 al sistema", explica el presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas (Anevac), José Antonio Forcada. Pero reconoce: "esto no se hace ni en un día, ni en un mes, ni en un año". A grandes rasgos, todos los titulados en Enfermería que pueden trabajar lo están haciendo en este país, considera Ezquerra. Por lo que ese esfuerzo extra pasa por horas adicionales, bien retribuidas y sin desembocar en situaciones de explotación, y que se incorporen todos los trabajadores posibles de hospitales o del sector privado a la campaña de vacunación.

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Sanidad y las comunidades autónomas cuentan con los más de 13.000 ambulatorios que operan en el país como puntos de vacunación, pero los expertos ven lagunas a ese plan, especialmente en un contexto de alta incidencia. "No podemos cerrar un centro de salud y dedicarnos solamente a vacunar. Hay que hacer PCR, rastreos, controles familiares, etc... y prestar atención a todas las personas que tienen otras enfermedades", recuerda Forcada. Cuantos menos contagios se produzcan, menos trabajo tendrá este personal tanto de Atención Primaria como de Hospitalaria, por lo que la inmunización se acelerará.

Para inyectar el antígeno con la máxima seguridad posible, contando con personal de enfermería tanto de ambulatorios como de hospitales, Ezquerra pide "medidas excepcionales para tiempos excepcionales": la habilitación de recintos fuera de los centros de salud, con todo el equipamiento necesario –también informático, para llevar un registro de las dosis–. Ya se está haciendo en otros países, donde se abren hasta catedrales a tal efecto. Esto facilitaría, explica el facultativo, el trabajo conjunto de sanitarios procedentes de diversos centros. Y si se plantean al aire libre, se convertirían en circuitos seguros donde se reduciría al mínimo la posibilidad de contagio. Teniendo en cuenta que durante marzo y abril se vacunará preferentemente a personas mayores, importa cómo se hace.

Sin embargo, por ahora la respuesta de las comunidades a estas peticiones, valora Forcada, no está a la altura. Ni hay anuncios relevantes para reforzar la Atención Primaria, ni medidas ambiciosas para mejorar el ritmo de vacunación. En la actualidad, el cuello de botella lo provoca la falta de vacunas. Pero, tras los últimos compromisos adquiridos por Pfizer, Moderna y AstraZeneca, el reto volverá a estar, como a principios de enero, en distribuirlas a la velocidad suficiente. La primavera dictará el éxito o el fracaso.

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