Entrevista

Santi Vila: “El 'procés' ha quedado atrás, los indultos son una muestra de compromiso con la reconciliación”

Santi Vila (Granollers, 1973), el último conseller de Empresa del Gobierno de Carles Puigdemont —dimitió el 26 de octubre de 2017, exactamente un día antes de la declaración unilateral de independencia—, es uno de los tres condenados por el Tribunal Supremo en la causa del procés que ya cumplió condena. Los indultos no le afectan, pero acudió este lunes al Gran Teatro del Liceo de Barcelona a escuchar al presidente Pedro Sánchez.

“Es un gesto que hay que poner en valor porque salta a la vista que es muy difícil y que los partidarios del ‘cuanto peor mejor’ seguro que no lo van a apoyar”, explica en conversación con infoLibre. “En cambio, aunque a mí no me afecta en nada en lo personal, sí creo que ha sido una muestra de valentía, de compromiso político con la reconciliación, con la concordia. Recibí la invitación y asistí con mucho gusto”.

PREGUNTA. ¿Pueden de verdad los indultos cambiar el clima político en Cataluña?

RESPUESTA. Seguramente no será condición suficiente, pero era condición necesaria. Porque la expresión del voto hasta ahora ha sido muy sentimental, muy emocional. Hay mucha gente que reprobaba absolutamente posiciones de los partidos independentistas pero mantenía su voto fiel. Por lealtad, por afecto, por compasión hacia los encarcelados. En conciencia, yo creo que los indultos desactivan en gran parte este compromiso emocional que existía hasta ahora. No resolvemos el problema político, pero sí que poco a poco vamos sustituyendo las razones por las emociones.

P. ¿Acierta el PP cuando dice que los indultos van a incentivar a los partidarios de la unilateralidad? ¿Se equivocan quienes creen que estimulará a los que apuestan por mantenerse dentro de la ley?

R. Si estás un poco atento a lo que está pasando en la actualidad política catalana, ya con esta nueva legislatura se ha iniciado una nueva etapa, claramente. El procés ha quedado atrás y sus secuelas en forma de castigo penal también tienen que ir quedando atrás porque estamos hablando de hechos que pasaron hace ya más de cuatro años. El castigo penal ha sido severo y todo el mundo ha aprendido la lección. Otra cosa es, como ha dicho muy bien el presidente Sánchez, que nadie deba renunciar a sus convicciones más profundas. Y hay que recordar que desde el punto de vista constitucional —y esto lo hizo muy bien [el magistrado] Manuel Marchena en su sentencia del procés— España no es una democracia militante. Por tanto, que haya personas que aspiren legítimamente a la secesión puede ser una cosa muy discutible, puede ser un error, pero es legítimo. Y tenemos que aprender a desactivar con razones este tipo de planteamientos. Sinceramente, creo que los indultos van a acabar con los argumentos de tipo más sentimental que todavía hacían que mucha gente apoyara posiciones que la razón no sostiene.

P. Más difícil de resolver parece la situación de otros procesados, así como la de los dirigentes del ‘procés’ que prefirieron huir de España.

R. Esto es lo que le da complejidad a la situación en la que estamos. En algún momento habrá que ir buscando soluciones para todos, esta es mi opinión. También es verdad, y lo digo pensando en los ciudadanos que ven con rubor esta seudoprovocación de ‘lo volveremos a hacer’, que todo el mundo ha aprendido que si alguien rebasa los límites de la ley tendrá que atenerse a sus consecuencias. Yo creo que eso ha quedado meridianamente claro. Y algunos de los tópicos que en su momento se utilizaron, como el apoyo internacional o la democracia como el simple hecho de votar, han quedado definitivamente desacreditados. Para quien quiere entenderlo, porque quien quiere mantenerse en sus trece, a estos no les vas a cambiar. Pero en circunstancias normales no pueden ser el 45% de la población. Tendrán que ser como había sido siempre, el 15 o el 20% como máximo.

P. Después de los indultos toca la mesa de diálogo. ¿Hay espacio para una salida negociada?

R. Yo creo que sí. Lo escribí en el libro Vencer y convencer (Planeta de Libros, 2020). España es un país avanzado, moderno, es una democracia muy madura, y la crisis viene cuando desde el 2012 en Cataluña amplios sectores de la sociedad, entre los que me incluyo, creemos que hay un problema de organización y de reparto del poder político. Para que todo esto funcione seguramente hay que corregir atrofias que se han ido generando con el paso de los años y que sufrimos especialmente las comunidades más densas, como Madrid o Cataluña. La organización y reparto del poder político español continúa siendo excesivamente centralizado. ¿Por qué sería tan difícil de imaginar, como pasa en tanto países del mundo, que en Barcelona existiese un Ministerio de Industria, o un Ministerio de Cultura o el Senado? Eso, sin decir nada, sí que sería un proceso de racionalización tranquilo, sereno y generador de complicidades.

P. ¿La iniciativa de los empresarios a a favor de los indultos es una anécdota o es un síntoma de una movilización más extensa de la sociedad civil?

R. Es muy importante, por dos razones. En primer lugar, los empresarios han alzado la voz exigiendo respeto a la ley y también una cierta serenidad, una cierta previsibilidad. No se puede vivir en tensión continuamente porque tiene consecuencias económicas. Y se echaba de menos que el empresariado catalán alzara la voz en este sentido, porque se había creado un mantra de que una cosa era la agenda política y otra la vida económica de la sociedad catalana. El empresariado ha subrayado que sin estabilidad política el progreso no existe, la reconstrucción económica no va a ser posible. Y hay un segundo elemento que para mí es muy relevante. Una de las consecuencias negativas del procés ha sido la izquierdización de la política catalana. Y yo creo que la burguesía catalana se ha reivindicado de nuevo diciendo que somos una sociedad liberal, emprendedora, y no podemos sufrir resignados este viraje izquierdista que ha conllevado el procés.procés

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