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El futuro de Cataluña

¿Y si los independentistas ganan otra vez el 21D?

Ángel Munárriz

En los días posteriores a la votación del Brexit, los gráficos de Google Trends desvelaron que millones de británicos habían corrido nada más ver los resultados a informarse sobre qué diablos iba a pasar. De muy poco, a efectos informativos, había servido una campaña plagada de falsedades y exageraciones. Se interesaban por los posibles problemas de movilidad de personas, mercancías y capitales, por la validez de su documentación en según qué países y hasta por la propia naturaleza de la Unión Europea. "¿Qué significa salir de la UE?", fue una de las búsquedas estrella. El referéndum británico, vinculante y con todas las garantías, fue el 23 de junio de 2016 y Reino Unido aún sigue buscando una forma de salir del club europeo.

¿Era creíble que Cataluña podía salir de España con un proceso unilateral? Casi hasta las puertas de la aplicación del artículo 155 por parte del Gobierno, las fuerzas independentistas prometían la inminente república catalana. Sin un referéndum legal, como en Reino Unido. Sin resultados verificados. Sin reconocimiento internacional de ningún tipo. ¿Era verosímil? Quizás para algunos. ¿Lo es ahora, en la antesala de una nueva campaña electoral, justo cuando el reciente intento independentista ha terminado con fugas de empresas, políticos encarcelados, división social e intervención de la autonomía? Si los votantes se inclinan ahora de nuevo por proyectos independentistas, nadie podrá argumentar que no saben bien lo que votan.

Esta información añadida es una de las consecuencias del procés. El itinerario independentista de la pasada legislatura, con un referéndum sin garantías y una declaración de independencia sin vinculación efectiva, ha tenido la utilidad de desmontar el discurso de la independencia low cost que vendieron CiU, después PDeCAT y también ERC. La prometida era una ruptura que saldría prácticamente gratis. La Unión Europea la vería con agrado. Obtendría pleno reconocimiento internacional. No implicaría estrago económico alguno. Al contrario, conllevaría mayor prosperidad. La sociedad se adaptaría con normalidad y sin traumas a su nueva república.

El electorado, aun sin un proceso real de separación, ha atisbado cómo podría ser el proceso de separación de Cataluña. Ha visto el cambio masivo de sedes de compañías, la pérdida de mercado español de las empresas, la tensión en las calles, las manifestaciones masivas por la unidad del Estado, la oposición frontal del Gobierno de España, el nulo reconocimiento internacional, la evidencia de su salida de la UE. Los independentistas ya saben que cuando los líderes del procés les dijeron que tenían fuerza para separar a Cataluña de España con sus propios mecanismos institucionales e invocando la legitimidad del "pueblo catalán", no les estaban contando exactamente la verdad.

Un posible adelanto de las generales

El jueves 21 de diciembre habrá urnas en los colegios electorales catalanes. ¿Y si, con toda esta información en su mochila, vuelve a ganar el independentismo? Si un bloque de partidos defensores de la ruptura unilateral con España suma la mayoría absoluta en el Parlament, con la alta participación que auguran las encuestas, no la habría obtenido desde luego sobre la base de un electorado ignorante de algunas de las consecuencias menos agradables de una eventual independencia. "Ahora mismo es imposible saber qué ocurriría en tal caso. Pero hay una cosa clara. Una nueva victoria del independentismo cuestionaría la posición del Gobierno central y tendría consecuencias que irían más allá de Cataluña y podrían precipitar incluso una convocatoria electoral a nivel estatal", afirma Joan Botella, decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona y presidente de Federalistes d'Esquerres, una organización defensora de la reforma constitucional como vía para afrontar la crisis catalana.

La idea de un adelanto electoral en España en caso de victoria del independentismo cobra fuerza. La maneja incluso el expresidente José María Aznar, que se ha incorporado al debate sobre la cuestión catalana con un discurso que combina la exigencia de mano dura con la advertencia de consecuencias apocalípticas en caso de triunfo separatista. Más cerca en apariencia de las posiciones de Ciudadanos que de las de su propio partido, el PP, Aznar sí cree que la puerta a unas generales se podría abrir tras el 21-D. "¿Cree que esta legislatura [en España] acaba con las elecciones catalanas?", le preguntaron en la Ser. "Depende del resultado", respondió.

Una actitud nueva, gane quien gane

Joan Botella cree que, en cualquier caso, el escenario que se abrirá tras las elecciones no será una copia del que había antes de la convocatoria de los comicios por parte del Gobierno. Ahí está el naufragio de los intentos de reeditar Junts Pel Sí, la coalición entre Podem y los comuns, o la alianza del PSC con parte de los herederos de Unió (el partido de Duran i Lleida). Casi nada es exactamente igual que antes, señala Botella. También porque ya se ha comprobado la imposibilidad de llegar a una independencia verificada por la vía unilateral. Por eso cree que procede una actitud nueva, sea cual sea el resultado.

Lo primero, levantando la intervención de Cataluña. "Ya se está viendo que hacer una campaña electoral con el 155 es enormemente difícil. No se puede hablar de nada, sólo de cómo se levanta el 155. ¿Aplicarlo en la próxima legislatura si se imponen las opciones rupturistas? El 155 no está pensado para predecir o evitar actuaciones futuras, sino para corregir actuaciones ya hechas", subraya Botella. No obstante, la hipótesis de un nuevo 155 está sobre la mesa. El presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, estandarte del discurso de mano dura, ya ha advertido de la aplicación del artículo tras el 21-D si los independentistas repiten la vía unilateral.

Un mapa detallado de posibilidades

Pero dibujar las opciones en caso de vitoria independentista en clave de "155 sí o 155 no" es es un planteamiento estrecho. El doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford Lluis Orriols despliega un mapa de posibilidades mucho más detallado. Éstas son las dos grandes opciones si ganan los independentistas, según Orriols: 

1) Siguen con su hoja de ruta de desobediencia, ante lo que el Gobierno responde con el 155, algo que ningún observador consultado duda que haría. Orriols no ve probable este sostenella y no enmendalla de los independentistas, porque "ya han comprobado los altísimos costes" de la vía insurreccional, así que cree "probable" un "cambio de estrategia".

2) Mantienen su hoja de ruta hacia el Estado propio, pero "sin autoimponerse plazos unilaterales a corto plazo".

Esta opción da más margen de maniobra al Gobierno, que a su vez puede:

1) Negarse a cualquier negociación invocando una defensa a rajatabla del statu quo y la legalidad vigente. "Esto supondría que, habiendo cambiado de actitud los independentistas, el Gobierno no lo hace", señala Orriols.

2) Abrirse a un diálogo. Es decir, que al cambio de actitud de los independentistas, el Gobierno respondiera a su vez con un cambio de actitud. Ahí entraría en juego la negociación.

Lo que se pregunta Orriols es qué hay en la mente de Mariano Rajoy. Es posible, dice, que esté dispuesto a asumir un "enquistamiento del problema político, siempre y cuando no provoque crisis de Estado" como la recién ocurrida tras la aprobación de las leyes de septiembre y el referéndum del 1 de octubre. "El Gobierno podría entender que, si eso [la quiebra de la legalidad] no ocurre por la permanente amenaza del 155, el Gobierno está logrando sus objetivos", señala. Pero también es posible, apunta el politólogo, que Rajoy considere que el problema –más aún tras una nueva victoria independentista– tiene la suficiente entidad política como para conducir a una negociación. ¿Qué negociación? ¿Sobre qué? Eso es harina de otro costal. El politólogo no imagina al PP negociando un referéndum, pero sí un cambio constitucional, o de modelo financiero, "algo que baje la tensión y busque acomodar a parte de la opinión pública catalana".

Un independentismo "sin motor"

Rubén Martínez Dalmau, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia, defensor de un "proceso constituyente" para salir del atolladero político, afirma que el independentismo, pase lo que pase, "ha perdido su motor después de la decepción por el fracaso de la declaración de independencia". "Si obtuvieran una victoria aplastante, por supuesto que regresaría la cuestión; pero, si no es así, se quedará como una opción nacionalista más que independentista", opina.

¿Se moverá Rajoy? "No creo que, pase lo que pase, el Gobierno se sienta forzado a dar un paso atrás. Salvo que hubiera una verdadera revolución, lo que no parece que vaya a pasar. No hay suficiente acumulación material de fuerzas", analiza. Ni siquiera una hipotética victoria independentista provocaría una reforma constitucional "de calado", posibilidad que "se va a soslayar más que nunca", opina Martínez Dalmau. Sobre el referéndum pactado, no ve ningún escenario que lo haga posible. "El poder constituyente es un poder de hecho, y se tiene o no se tiene", señala Martínez Dalmau, que prevé que el Gobierno continuará respondiendo con "represión" a cualquier intento de quiebra del actual statu quo.

La opinión pública internacional

José Fernández-Albertos, doctor en Ciencias Políticas por Harvard, no cree que haya que minusvalorar lo que supondría una victoria en votos y escaños del independentismo. Al producirse con mayor información que en 2015, el independentismo recibiría "un impulso de legitimidad". No obstante, advierte de que todo lo que haya de ocurrir a partir del 21 de diciembre se desarrollará dentro de la escala de grises. Habrá discrepancias sobre la interpretación de los resultados, para empezar. "Aunque no se pudiera decir ya, si gana el independentismo, que no sabían lo que votaban, se podrá intentar deslegitimar con el argumento de que son unos resultados obtenidos bajo el impacto de una movilización emocional" por los dirigentes independentistas encarcelados, señala. El debate se trasladaría así a determinar si Oriol Junquers es –o ha sido– o no un preso político. Se convertiría en un debate sobre la democracia en España. Más cobertura para mantener el bloqueo en Cataluña.

Sea cual sea el resultado, el Gobierno se opondrá siempre a una ruptura unilateral. Eso no lo duda nadie. ¿Dónde están las esperanzas para el independentismo, entonces? "Unos resultados claramente interpretables como un apoyo al proceso independentista podrían contribuir a movilizar a la opinión pública internacional y favorecer la posibilidad de un referéndum pactado, que encontraría un argumento de peso", afirma Fernández-Albertos. El Gobierno, opinan todos los académicos consultados, se opondría rotundamente a esta posibilidad, o en todo caso la ligaría a una reforma constitucional con referéndum en toda España. Se daría entonces una parálisis, que sólo podría romperse con nuevas mayorías, nuevos líderes, o con la comprensión –fruto del paso del tiempo– de que el diálogo es la única vía posible. El resultado de ese diálogo debería contentar no a los independentistas irredentos, pero sí a los "instrumentales", en terminología de Fernández-Albertos. Es decir, a aquellos que se han sumado al independentismo porque creen que es la mejor forma de obtener concesiones del Gobierno, sean en materia económica, competencial, de identidad o reconocimiento.

La clave de los 'comuns'

Los medios de comunicación tienden a acomodar los hechos políticos a narraciones convencionales. Según sus esquemas, los procesos tienen, o deberían tener, un principio y un final. El desarrollo debería obedecer a una lógica. Pero la realidad no tiene por qué ser así. En la política catalana, no ha sido así. El procés no tiene por qué acabar. Quienes esperen que el 21-D suponga el desenlace del conflicto probablemente se equivoquen. Es más, uno de los escenarios más previsibles es que no gane ningún bloque. O que ambos puedan reivindicarse como ganadores en la misma noche electoral.

Orriols pone el énfasis en el papel que puede tener Catalunya en Comú, el partido que se resiste a integrarse en ninguno de los dos bloques. Podría formar parte, por ejemplo, de un frente por el referéndum pactado junto con las fuerzas independentistas que abandonaran la vía unilateral. Esquerra, "si juega bien sus cartas", tiene muchas posibilidades de salir reforzado de esta vía, según Orriols. "Si como parece es el partido más votado, pero sin mayoría absoluta, podría presentar una cesión como obligada por la realidad parlamentaria, abandonar la vía unilateral y consolidarse como el actor central de la política catalana", señala.

Los comuns serían los que han conseguido devolver al mayor partido independentista al diálogo –empeño en el que antes fracasó el PP–, al tiempo que abrir un frente amplio por el referéndum, una extendida reivindicación que va más allá del independentismo. ERC sería el partido que lidera el proceso. Hay quien especula estos días sobre cual sería la conversación en la cena –que pretendía ser discreta– de Pablo Iglesias (Podemos) y Oriol Junqueras (ERC) en casa de Jaume Roures.

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