Golpe en Venezuela
Del silencio a la celebración: así se posiciona la derecha europea ante el ataque de Trump sobre Venezuela
La derecha europea no sabe qué hacer ni qué decir sobre Donald Trump. La gran mayoría de dirigentes del Partido Popular Europeo o bien guardaron silencio o se apresuraron a celebrar la operación ilegal en Venezuela que derivó en el secuestro del presidente del país, Nicolás Maduro, antes de conocer el plan de Trump de situar a su número dos, Delcy Rodríguez, como presidenta interina, como hizo el líder PP español, Alberto Núñez Feijóo. La euforia del primer momento dejó paso a un desconcierto extendido en el seno de la familia de los conservadores europeos —la más numerosa del Parlamento Europeo— que evita sin embargo confrontar con Trump por miedo a las repercusiones.
Desde el PP presumen de que la UE y el propio Partido Popular Europeo han "copiado" su posición, que pasa por que los tribunales decidan si lo de Trump ha vulnerado o no el derecho internacional. Lo cierto es que la postura de la cúpula comunitaria y la de los 27 Estados miembros tampoco ha sido la de criticar las acciones de Washington y se han limitado a reclamar respeto por el derecho internacional. Un comunicado en el que ni siquiera se mencionaba a Estados Unidos y únicamente se pedía "a todos los actores" implicados evitar "una escalada" y asegurar "una salida pacífica".
Por su parte, la posición del grupo llegó a través de Manfred Weber, que dirige con mano de hierro la familia conservadora europea y es un fiel aliado de Feijóo. "Maduro se ha ido, y eso es una buena noticia. Para nosotros, era un dictador. El futuro de Venezuela está en manos del pueblo venezolano. Los ganadores de las elecciones de 2024 son los representantes más legítimos de Venezuela en este momento crítico", escribió el pasado sábado, en un post en el que reclamaba "restaurar el derecho internacional", pero también sin mencionar a Trump por ninguna parte.
Los populares europeos no tienen relación directa con la Administración Trump, pero tampoco se atreven a desairarla. En privado, y desde hace ya un año, los populares hablan de un estado de ánimo de "incertidumbre", "pérdida", hasta de "crisis espiritual" o de "emociones negativas" ante el nuevo escenario político abierto en los Estados Unidos. Es lo que dijo también el propio Alberto Núñez Feijóo a puerta cerrada este miércoles ante el Comité de Dirección del partido, según el diario El Mundo, pero las declaraciones públicas fueron por otros derroteros, como contó infoLibre.
Una derecha que no quiere desairar a EEUU
En cuanto a los diferentes partidos de la derecha conservadora, el más contundente ha sido Coalición Cívica, el partido del presidente polaco Donald Tusk, que ha pedido distanciarse de EEUU. "Nadie tomará en serio una Europa débil y dividida: ni enemigo ni aliado. Ya está claro", escribió recientemente en X. Algunos como el irlandés Fine Gael han puesto el foco en las implicaciones legales. Su ministra de Exteriores, Helen McEntee, insistió en la "necesidad absoluta" de respeto al derecho internacional y la Carta de la ONU, aunque también recordó que Irlanda considera que Maduro "no tiene legitimidad democrática". Una posición similar a la del Kokoomus finés, que en los últimos días ha recalcado que todos los Estados deben respetar el derecho internacional, al igual que el partido sueco Moderaterna.
Sin embargo, otros han optado por el mismo planteamiento que el PP español, pasando de puntillas por la operación ilegal, han evitado cualquier choque con el presidente estadounidense y han reclamado una "transición ordenada" para la que Trump se da tiempo. Esa ha sido la postura de la CDU alemana, principal partido de la Eurocámara y antiguo partido de Angela Merkel, ahora liderado por Friedrich Merz. Su postura se ha basado en decir que la "valoración jurídica" es "compleja", mientras que otros como la Nueva Democracia griega o la Unión Democrática Croata han evitado posicionarse. Sí lo han hecho, en favor de Trump, el partido de la ministra italiana Giorgia Meloni y el de Andrej Babiš, primer ministro de República Checa, ambos aliados del presidente estadounidense.
El mapa lo completan formaciones que no forman parte del PPE pero también se sitúan en el bloque de la derecha, como el partido del ministro francés Emmanuel Macron, el Frente Nacional de Marine Le Pen o el Partido Popular por la Libertad y la Democracia de Países Bajos. Son los que más dudas han expresado sobre el ataque estadounidense. Especialmente contundente fue la líder de la extrema derecha francesa, que escribió en X: "La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente. Es inviolable y sagrada".
Los ninguneos de Trump a Bruselas
Hasta su llegada a la Casa Blanca, el Partido Popular Europeo había representado a la familia conservadora del continente y tenía en el Partido Republicano de EEUU a su hermano político al otro lado del Atlántico. Sin embargo, en la investidura de Trump celebrada en enero del pasado año no hubo representantes populares del viejo continente. Fue un termómetro revelador de quiénes son sus aliados en Europa: la extrema derecha de Giorgia Meloni, Viktor Orbán y Santiago Abascal, entre otros. Todos ellos lo veneran. En clave de bloques, en lugar de marcar distancias con ellos, este último año el Partido Popular Europeo en la Eurocámara ha roto con el cordón sanitario a la extrema derecha.
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Todo ello a pesar de que la Unión Europea ha sido ninguneada por Donald Trump en varias ocasiones y no ha contado con una respuesta contundente de la institución ni de sus líderes. Ni en la apertura de negociaciones con el presidente ruso, Vladimir Putin, sobre la guerra en Ucrania, ni en la política arancelaria, ni en el gasto militar. Es más, en los últimos días, Bruselas tampoco ha sido capaz de dar una respuesta clara a la amenaza de Trump de anexionar Groenlandia a EEUU, un territorio perteneciente a Dinamarca, miembro de la UE.
La Comisión Europea respondió con un comunicado en el que recalcaba que la preservación de la integridad territorial de Dinamarca es "esencial". La jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, dijo que cualquier cambio en el estatus de Groenlandia "es decisión exclusiva de groenlandeses y daneses", lo que deja la puerta abierta a la negociación que quiere emprender EEUU con el país europeo para gestionar la compra de la isla, clave para los intereses de Trump.
El presidente estadounidense quiere que cualquier relación con Europa —y el resto del mundo— pase por la dominación. La ley del más fuerte frente a la diplomacia. Algo a lo que se plegó el ex primer ministro neerlandés, Mark Rutte, actual presidente de la OTAN, con Trump en junio del pasado año, antes de la cumbre de La Haya. Rutte le llamó "papi" y le agasajó mientras el presidente estadounidense explicaba el acuerdo sobre el gasto militar.