Tres de cada cuatro personas en Ourense carecen de una zona verde a menos de 300 metros de su domicilio
En los últimos años se popularizó la regla 3-30-300 para ilustrar el acceso recomendable a espacios verdes para la población de las ciudades. La norma, ideada por el investigador neerlandés Cecil C. Konijnendijk, fue asumida por la OMS, que declaró que "cada habitante debería poder ver tres árboles desde su casa, el 30% de la superficie de cada barrio tendría que estar cubierta por copas de árboles y debería haber un parque de al menos una hectárea a menos de 300 metros de cada hogar".
Siguiendo este último criterio, el grupo ecologista Amigas da Terra y el Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid acaba de publicar los resultados de una investigación que analizó el acceso a zonas verdes por parte de la población de diez ciudades españolas, entre ellas Ourense y Santiago. Además, buscaron averiguar si había diferencias en función del nivel de renta.
El análisis emplea como referencia los espacios verdes que tengan una superficie de, al menos, una hectárea (10.000 metros cuadrados, cien por cien metros) y busca contabilizar a la población que vive en secciones censales situadas a menos de 300 metros en línea recta de alguno de estos parques o plazas. La investigación concluye que en el conjunto de las diez ciudades estudiadas el 60% de la población no tiene una de estas áreas verdes cerca de su casa.
Sin embargo, hay importantes diferencias entre unas y otras ciudades y también dentro de ellas, en buena medida en función de su renta media. Así, en Ourense el 78% de su población, unas 81.000 personas, carece de zonas verdes en su entorno, un porcentaje que sitúa a la ciudad entre las peores del estudio, junto a Valencia y Badajoz.
En cambio, otras, como Santiago, aparecen como ejemplo positivo, con muchas zonas verdes y muy accesibles para la mayor parte de la población. Y aunque su porcentaje de habitantes sin acceso (55%) es elevado, el informe explica que una parte importante corresponde a población del entorno exterior, próxima a zonas rurales y, por lo tanto, con acceso a espacios naturales.
El estudio detecta además una correlación entre mayor renta y mayor acceso a zonas verdes en algunas ciudades, como Ourense, Palma o Badajoz, de forma que cuanto mayor poder adquisitivo tiene un barrio, mayor disponibilidad de estos espacios tiene. Y, sobre todo, los barrios con menor renta son los que más lejos suelen estar de una zona verde.
Con todo, en algunas de las urbes esta tendencia no se da, sobre todo en los barrios ricos, también situados en zonas sin áreas verdes. Según el informe, alguno de estos casos se explica, por ejemplo, por la "gran cantidad de zona verde privada, situada en jardines de viviendas individuales" en los barrios ricos de Ibiza, lo que hace innecesaria la existencia de zonas verdes públicas. O, en Madrid, porque las zonas verdes de gran tamaño (por ejemplo, la Casa de Campo) están situadas más cerca de barrios con menor nivel de renta.
Amigas da Terra defiende lo que denomina "derecho a la naturaleza", señalando que "todas las personas tendríamos que tener el mismo acceso a los beneficios que producen el resto de especies con las que convivimos". En este sentido, la organización ecologista apunta que "no es posible hablar del derecho a la naturaleza sin mencionar el derecho a la vivienda" y alerta de que las poblaciones más afectadas por la falta de espacios verdes "son las de menor renta con vidas más precarizadas". "Mientras que los barrios más ricos suelen ser más amplios y verdes, las zonas obreras tienen menos espacios para lo común, y suelen tener un mantenimiento de menor calidad", subrayan.
La entidad apuesta por llevar a cabo "procesos de renaturalización" para incrementar la resistencia de la población ante los episodios y olas de calor, generando refugios climáticos y reduciendo la temperatura de los barrios, mejorando la calidad del aire y, en consecuencia, la salud de la población, contribuyendo además a crear espacios de encuentro y ocio colectivo. En todo caso, apunta que este incremento de las zonas verdes, que suele incrementar el valor de las viviendas de su entorno, puede suponer la expulsión de las personas más económicamente vulnerables de sus barrios si a la vez no se regulan los precios de la vivienda.
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Las zonas verdes en Ourense, imprescindibles en una urbe que sufre temperaturas elevadísimas cada verano, se localizan en las riberas del río Miño, además de otras áreas de menor tamaño y dispersas: el corredor del Barbaña y escasos parques como el Jardín del Posío o la Alameda. El informe destaca que esto "conforma un sistema fragmentado y poco continuo" y que, aunque "la proximidad del monte y la interfaz forestal en los bordes de la ciudad genera una aparente disponibilidad de espacios naturales", con todo, esto "no resuelve la falta de acceso a zonas verdes en las áreas más densas del centro urbano".
Además de que casi el 80% de la población no tiene una zona verde cerca de su casa, tan solo el 9% del suelo residencial dispone de cobertura vegetal, lo que la convierte en la ciudad con menor cobertura de las analizadas.
El informe identifica cuatro áreas prioritarias en las que intervenir: los barrios de O Vinteún, A Carballeira, O Couto y San Francisco, zonas que se encuentran lejos de espacios verdes y que, en general, comparten también un bajo nivel de renta.
En O Vinteún, las actuaciones deberían orientarse "hacia la creación de corredores verdes que conecten el barrio con el entorno natural periférico, buscando una mayor permeabilidad, restauración potencial de ecosistemas forestales asociados e integración de los interiores de las manzanas en una red verde".
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En los barrios más céntricos —A Carballeira, O Couto y San Francisco—, las propuestas irían más dirigidas a itinerarios verdes con conexiones, parques de mayor entidad, renaturalización de calles y plazas o incremento del arbolado viario".
Santiago: ejemplo positivo
Por el contrario, Santiago aparece en el informe como contrapunto positivo. El documento destaca que la capital de Galicia cuenta con una infraestructura verde nucleada en torno a los ríos Sar y Sarela que, además, conectan una amplia serie de "parques urbanos, jardines históricos y espacios naturales periurbanos", desde la Alameda y Belvís, pasando por el Parque Eugenio Granell o el área forestal del Monte Pedroso, lo que "garantiza una cobertura de zonas verdes de envergadura que alcanza prácticamente a la totalidad del núcleo principal del municipio".
El documento explica que, aunque el 55% de la población no dispone de espacios verdes suficientes cerca de sus casas, los principales déficits "se concentran en ámbitos periurbanos muy conectados con el entorno natural, tratándose de entornos de alta calidad ambiental". Además, estas áreas "no se concentran en zonas específicas grandes y con baja renta media por hogar".