Yolanda Díaz gana a Irene Montero en los sondeos pero ambas se necesitan en las urnas

Yolanda Díaz e Irene Montero.

En la izquierda existe un deseo común: acudir en una coalición electoral a las próximas elecciones generales. Al menos, es lo que apuntan las partes. Según la reciente información publicada por Marta Monforte en infoLibre, el plan A de Podemos —el principal partido de UP— pasa por un “acuerdo justo” entre los distintos actores que configuran el espacio —con “prioridad” para los morados— encabezado por el mayor activo político que tiene actualmente la izquierda alternativa: Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social.

Pero todo plan A tiene un plan B de resguardo. Si ese acuerdo no se produce, entonces, Irene Montero —ministra de Igualdad— podría perfilarse como candidata de Podemos y existe una posibilidad real de que el espacio a la izquierda del PSOE acuda dividido —al menos en tres candidaturas— a las generales previstas para finales de este mismo año.

En esta sección se ha escrito mucho sobre estos escenarios: desde la decisión que los partidos de la izquierda tendrían que tomar para optimizar el resultado de las elecciones y sortear las dificultades del sistema electoral; de la capacidad de Díaz de llegar a capas de la población a las que UP no ha conseguido mantener; o la ‘presidencialidad’ de la vicepresidenta segunda.

En esta ocasión, analizaremos el perfil de ambas ministras: cómo son valoradas por la ciudadanía y qué grupos poblacionales podrían apoyarlos más. Así, podremos conocer las debilidades y fortalezas de cada líder y su posible despempeño en las próximas elecciones generales.

En un primer vistazo se constata que Díaz, al frente de la cartera de Trabajo, es una de las ministras mejor valoradas del Ejecutivo. Goza de una valoración por encima de 4,5 puntos de media (en una escala de 1 a 10) —según cálculos propios a partir de los microdatos del CIS—, una popularidad que está al alcance de unos pocos, ya que los votantes no alineados ideológicamente con el partido que representa un líder político tienden a asignar malas valoraciones. De hecho, solo Margarita Robles (Defensa) y Nadia Calviño (Economía) tienen puntuaciones similares a Yolanda Díaz, principalmente, por el poco rechazo que generan entre los partidos de derecha.

Irene Montero, en cambio, es de las ministras con peor valoración, ligeramente por encima de los 3 puntos de media. Es una figura que polariza el electorado: más del 60% de los votantes de UP en noviembre de 2019 lo valoran con 5 o más puntos, mientras que por encima del 70% de votantes de PP y Vox le colocan en el 1.

Esto no tiene que ser necesariamente negativo para Montero en términos electorales y, en buena medida, ha quedado patente con la aprobación de la llamada ley de solo sí es sí. Como apunta una reciente encuesta de NC Report/La Razón, la mayoría de votantes de la derecha la consideran una ley perjudicial para las mujeres; en cambio, 7 de cada 10 votantes de Podemos opinan lo contrario. Es decir, en un contexto tan polarizado, consolidar tu base de votantes puede ser considerado un buen resultado electoral: es cuestión de expectativas.

Pero las expectativas ya están fijadas. Esto es, en las próximas elecciones se dirimirá si el bloque de investidura está en condiciones de revalidar el Gobierno, o, por el contrario y sin terceras opciones, la derecha consigue sumar la mayoría absoluta.

La impresión que da es que Podemos, de la mano de Montero, tiene la capacidad de garantizar un determinado suelo electoral, por las bases afianzadas a lo largo de los últimos años, pero que Sumar, de la mano de Díaz, tiene el potencial de superar las expectativas actuales del espacio confederal, estancadas lejos de sus mejores resultados.

Esta reflexión se sustenta en el siguiente gráfico, que muestra el porcentaje de la ciudadanía que aprueba a Montero o Díaz (con una nota de 5 o más) respecto a la población en su conjunto. La referencia, según mis cálculos, es que cerca de 1 de cada 2 ciudadanos aprueba a la ministra de Trabajo, mientras que menos de 1 de cada 3 hace lo propio con la titular de Igualdad.  

La primera impresión es que en los grupos poblacionales principales (sexo, edad, estudios, situación laboral etc.) Yolanda Díaz es más transversal que Irene Montero, ya que tiene polos menos dispares entre los distintos demográficos, empezando por el sexo.

Montero consigue mejores valoraciones entre las mujeres, cerca del 9% más que entre la población en su conjunto, que Díaz (2%), aunque se contrarrestan con el apoyo del sexo opuesto.

Por grupos de edad la diferencia es aún más notoria. La titular de Igualdad consigue hasta un 30% más de valoraciones positivas entre los jóvenes de 18 a 29 años, mientras que Díaz mantiene su media global. En cambio, Montero empeora entre los demás grupos, consiguiendo peores registros en edades más avanzadas, mientras que la líder de Sumar solo se descuelga entre los más mayores (65+ años).

Una diferencia aún más notable se puede apreciar en el estado civil de los votantes. Ambas líderes mejoran entre los solteros y empeoran entre los casados. De nuevo, Díaz se mantiene más cerca de su media y Montero consigue resultados más dispares.

Este fenómeno se repite en la mayoría de los grupos poblacionales analizados (también en situación laboral o en la religiosidad), quizá con la excepción del nivel de estudios, donde este efecto de revierte.

En líneas generales, se puede afirmar que los números de Yolanda Díaz son mejores que las de Irene Montero por cierta tendencia hacia la transversalidad, porque genera menos rechazo entre los votantes y, una clave importante, porque es capaz de atraer a grupos poblacionales más numerosos: como personas con estudios de tercer grado (1 de cada 3 de la muestra analizada), los católicos (6 de 10) o las personas con trabajo (5,5 de 10). Mientras que la ministra de Igualdad destaca entre grupos más reducidos: ateos (3 de 20), estudiantes (1 de 20) o parados (1 de 10).

Por tanto, la capacidad competitiviva —en términos electorales— de ambas ministras es notable. Montero podría ser capaz de asegurar a ‘los suyos’ y obtener un resultado electoral sólido, empujado por los fieles a la marca y confrontando directamente con la derecha, aunque probablemente por debajo del 10% de los votos si encabezara una candidatura en solitario. Y Díaz por su capacidad de penetrar en grupos poblacionales más amplios, sin generar tanto rechazo con su figura y tono, aunque con una marca aún desconocida para muchos.

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