Israel reconoce haber matado a más de 71.000 gazatíes tras meses negando las cifras palestinas

Israel mata a más de 90 personas en la Franja de Gaza

Clothilde Mraffko (Mediapart)

El propio presidente estadounidense Joe Biden participó en la amplia campaña de deslegitimación de Israel. El 25 de octubre de 2023, cuando Gaza llevaba poco más de dos semanas sufriendo los bombardeos israelíes, el ministerio de Sanidad palestino presentó un balance humano espantoso: más de 7.000 gazatíes muertos. El inquilino de la Casa Blanca, que apoyó sin reservas la guerra israelí, afirmó entonces que no tenía “ninguna confianza en las cifras utilizadas por los palestinos”. Admitió que “habían muerto inocentes”, pero, según él, ese era “el precio que hay que pagar por una guerra”.

Dos años después, organizaciones internacionales y juristas acusan a Israel de haber cometido un genocidio en Gaza. El balance oficial a fecha 2 de febrero de 2026 asciende a 71.800 palestinos asesinados por Israel en el enclave desde octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad palestino. Al menos otros 11.000 están desaparecidos, probablemente sepultados bajo los escombros, según estima la ONU.

A finales de enero, tras más de dos años sembrando la sospecha, los responsables militares israelíes acabaron por respaldar las cifras palestinas ante los medios de comunicación israelíes. “Estamos llevando a cabo la clasificación entre terroristas y civiles no implicados”, precisaron las fuentes, según Ynet.

Un responsable militar se defendió ante Mediapart: esos datos, asegura, “no son los datos oficiales” del ejército israelí. Hasta entonces, Israel se había contentado con dar estimaciones del número de combatientes muertos. Como primera brecha en la cadena de negativas que duraba desde hacía dos años, el exjefe del Estado Mayor israelí Herzi Halevi (en el cargo hasta marzo de 2025) reconoció en septiembre de 2025, ante los habitantes de una comunidad colindante con la Franja de Gaza, que “más del 10% [de los habitantes de Gaza había] muerto o resultado heridos”, cifras que coinciden con las estadísticas del ministerio palestino.

Comunicación israelí

“La controversia sobre el número de muertos podría llegar a su fin, pero el debate sobre la identidad de los fallecidos debe continuar”, advierte el periodista Nir Hasson en un artículo del diario israelí Haaretz. Las negativas israelíes han cambiado de objetivo: Israel ya no cuestiona el número de muertos, sino que se justifica afirmando que se trataba en su mayoría de combatientes.

En marzo de 2024, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ya avanzaba una proporción de un civil por cada hombre armado muerto. La realidad de las fuentes militares israelíes desclasificadas, reveladas en agosto en una investigación conjunta del diario británico The Guardian, el medio israelí Local Call y +972 Magazine, socio de Mediapart, parece indicar, por el contrario, que el 83% de los palestinos muertos hasta mayo de 2025 eran civiles. Entre los fallecidos hay más de 20.000 niños, 10.400 mujeres y casi 5.000 ancianos. Y, por supuesto, entre los más de 31.700 hombres fallecidos no solo hay combatientes, ni mucho menos.

Israel ha matado a un ritmo descabellado desde octubre de 2023 - Número de muertos acumulados

El reciente cambio de postura de Israel sobre las estadísticas palestinas no ha tenido mucho eco en la prensa local, con la excepción de Haaretz, y, a nivel internacional, las prioridades editoriales ya no tienen a Gaza en el punto de mira. Las autoridades israelíes están acostumbradas a esas técnicas de comunicación. Primero, negar. Luego, sembrar la duda. A continuación, ya no son categóricos. Por último, cuando la atención mediática ha disminuido, reconocer, entre líneas, las responsabilidades, sin darle seguimiento.

El discurso israelí en torno al asesinato de la periodista palestina de nacionalidad estadounidense Shireen Abu Akleh, en Jenin, el 11 de mayo de 2022, constituye un ejemplo esclarecedor. Inmediatamente después del anuncio de la muerte de la reportera, mientras todos los testigos palestinos señalaban la responsabilidad del ejército israelí, el entonces primer ministro israelí, Naftali Bennett, acusó a los combatientes palestinos y publicó un vídeo de hombres armados disparando.

Unas horas más tarde, la ONG israelí B'Tselem demostró que la escena había sido filmada en otra parte del campo de Jenin y que no había combatientes palestinos cerca del equipo de Shireen Abu Akleh. Israel propuso entonces una investigación conjunta con los palestinos, pero la Autoridad Palestina la rechazó por temor a ser manipulada.

El 12 de mayo, el Gobierno israelí calificó de “irresponsables” las acusaciones “precipitadas” contra uno de sus militares. El 13 de mayo, cambio de rumbo: el ejército israelí admitió “la posibilidad de que la Sra. Abu Akleh […] hubiera sido alcanzada por el disparo de un soldado” que apuntaba a combatientes palestinos, versión que, una vez más, contradecía la de los testigos presentes en el lugar. El 5 de septiembre, cuando se calmó la agitación, Israel finalmente anunció los resultados de su investigación militar, concluyendo que existía “una alta probabilidad” de que la periodista hubiera sido “accidentalmente alcanzada” por un disparo israelí. No fue imputado ningún militar.

Listas aterradoras

En Francia, los medios de comunicación también han minimizado regularmente los crímenes israelíes en Gaza. La periodista Caroline Fourest consideraba en BFMTV, en enero de 2024, que “cuando se tiene una única fuente terrorista”, Hamás, “hay que dividir las cifras, si no por cinco, al menos por diez”. En ese momento, Sudáfrica ya había acusado a Israel ante el Tribunal Internacional de Justicia de violar la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.

Ante esas campañas de deslegitimación, el ministerio de Sanidad palestino ha hecho públicos en varias ocasiones sus datos, validados por la Autoridad Palestina de Ramala, poco sospechosa de complacencia con Hamás. En cientos de páginas se presentan nombres, fechas de nacimiento y números de identidad de las víctimas para dar un estado civil a los fallecidos. Dado que Israel es la autoridad que expide los documentos de identidad a los palestinos en los territorios ocupados, entre los que se encuentra Gaza, le resulta fácil verificar esos datos.

En el momento álgido de la masacre, cuando los hospitales eran atacados sistemáticamente, la recopilación de estas estadísticas se vio alterada en ocasiones. Se detectaron algunos duplicados, pero se trata de errores marginales que ya han sido rectificados. Miles de cadáveres no han sido identificados formalmente, pero se han registrado una vez llegados al depósito de cadáveres. Algunos han sido declarados por las familias, mediante un procedimiento muy controlado. La ONU y las ONG presentes en el lugar consideran que las cifras son fiables.

Al profundizar en los detalles de estas listas de fallecidos, las estadísticas ya no son tan frías. Diecisiete bebés fueron asesinados el día de su nacimiento, 115 en su primer mes de vida y 1.054 antes de cumplir un año. A los palestinos se les ningunea incluso en la muerte, que se pone en duda. A esas decenas de miles de cadáveres que llegaron a los depósitos de Gaza se suman probablemente otros miles, incluso decenas de miles: cadáveres atrapados entre los escombros, víctimas de la hambruna que no han sido declaradas, enfermos que sucumbieron al asedio israelí y a la falta de higiene o bebés muertos de frío.

“Y lo que es más grave aún, para muchos israelíes esas atrocidades no se consideran como tal”, relataba el periodista de Haaretz Nir Hasson. “Decenas de ellos publicaron sin ninguna vergüenza comentarios en los que se regocijaban por la muerte de Ayesha, una bebé de pocas semanas, a causa de la hipotermia”.

En junio de 2025, un estudio basado en proyecciones a partir de una muestra de dos mil hogares (unas 9.700 personas) en Gaza, realizado en particular por el economista anglo-americano Michael Spagat y el politólogo palestino Khalil Shikaki, estimaba que en Gaza ya habían muerto 100.000 personas, la inmensa mayoría en bombardeos o por disparos israelíes.

Desde la entrada en vigor del supuesto alto el fuego, el 11 de octubre de 2025, han sido asesinados 526 palestinos, lo que supone más de cuatro muertos al día. El 30 de enero, una serie de bombardeos israelíes mataron a 26 personas en la Franja de Gaza. El ejército afirma que respondió después de que ocho palestinos salieran de un túnel en Rafah, en el sur del enclave, bombardeando infraestructuras de Hamás y la Yihad Islámica.

En el centro de la ciudad de Gaza cayó una bomba en una habitación de una vivienda residencial. Según un vecino, en el bombardeo murieron cinco palestinas, entre ellas tres niñas. El resto de la vivienda no resultó afectada. El barrio está conmocionado: la familia llevaba décadas viviendo allí, todo el mundo los conocía y el padre no pertenece a Hamás ni a la Yihad Islámica.

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Tras solicitar un tiempo para responder a Mediapart, el ejército israelí finalmente emitió un comunicado con la fórmula habitual cuando mueren civiles en Gaza: “El ejército israelí solo ataca objetivos militares y toma todas las medidas posibles para minimizar los daños causados a la población civil y a los bienes civiles”. Los militares añaden que están “siendo investigadas” las consecuencias del bombardeo.

Ahora, observa este vecino, incluso los palestinos se preguntan tras un bombardeo: ¿había algún combatiente entre las personas asesinadas? ¿Por qué se ha atacado ese lugar? Como si la presencia de un simpatizante de Hamás o de la Yihad Islámica hiciera aceptable que se aniquilaran familias enteras. “Los israelíes han conseguido que cualquier ataque esté justificado”, lamenta. “Pero eso no es cierto”.

Traducción de Miguel López

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