Mikel Herrán (PutoMikel): “El relato que más ha afianzado el Estado es el de ‘nosotros contra ellos’”

El arquólogo y divulgador Mikel Herrán (PutoMikel)

El control del relato histórico es de los vencedores. A través de él se conforma cómo la gente de a pie ve y entiende el mundo, y Mikel Herrán (Zaragoza, 1991) lo tiene claro. A través de su proyecto PutoMikel, el arqueólogo y divulgador explica la historia desde una perspectiva decolonial y de género, invitando a ejercer el pensamiento crítico a todo aquel que quiera escucharle.

Herrán, que se define a sí mismo como “doctor en arqueología, borracho y mamarracho”, recibe el Premio Joven infoLibre 2026 a la Creación Audiovisual. Autor de tres libros: La historia no es la que es: Es la que te cuentan (Planeta, 2022); Sodomitas, vagas y maleantes (Planeta, 2024); y Sobrevivir en el Medievo (Planeta, 2026), PutoMikel analiza temas como los abusos de “la conquista”, la historia LGTB o las mentiras de Israel para justificar el genocidio en Palestina, asumiendo el papel de educador en una sociedad que, en general, solo conoce la narrativa hegemónica.

En su proyecto divulga sobre las raíces de asuntos de importancia social, como el racismo o la lgtbifobia, ¿cree que hace falta más educación histórica?

Sí. De hecho, creo que la historia es fundamental para entender no solo cómo hemos llegado a los procesos actuales, sino también cómo creamos los grupos dignos de tener un pasado; es decir, quienes pueden verse representados en ese relato. Si hablamos solo de reyes y guerras, y ocultamos, por ejemplo, la historia de las resistencias populares o de las revoluciones, comunicamos que el sistema y los cambios han sido de una forma concreta. Históricamente, el control del relato sobre el pasado ha sido muy importante para los movimientos autoritarios.

La mayoría de su público es joven. ¿Siente que es esta parte de la población la que necesita mayor educación en el área?

Creo que todos tenemos unas bases sobre historia porque tenemos una asignatura obligatoria en el colegio y en el instituto, pero tiene unas limitaciones y deja cosas fuera. Muchas veces por falta de tiempo del docente, pero también de forma interesada. Hay personas que me han dicho que se han visto representados en la historia a través de mis vídeos, porque al hablar de otros personajes y de otras realidades hago que vean que no están solas. Hay todo un pasado que explica la situación en la que nos encontramos y en la que se encuentran ellas a nivel particular. 

Si hablamos, por ejemplo, de la historia de las mujeres, del racismo o de las disidencias sexuales y de género, motiva mucho entender que no son una invención moderna, como tanto repiten partidos de extrema derecha desde el púlpito o desde el Congreso. Es importante entender que no estás solo, que lo que sientes tiene un origen, que no viene de la nada. 

El control del relato sobre el pasado ha sido muy importante para los movimientos autoritarios

¿Cree que esta falta de conocimiento sobre la historia se puede relacionar con el auge de la extrema derecha?

Sí. La historia en la enseñanza obligatoria, en el caso de España, ha estado muy dominada por relatos concretos, como puede ser la Reconquista o la “conquista” de América. Y la otra gran deuda que tenemos es la memoria histórica, la memoria democrática. Muchas veces ni se enseña.

Creo que la clave está en saber cómo se controla ese relato: qué se permite contar, qué no y con qué palabras se enseña. Si les enseñamos a los jóvenes que los romanos conquistaron la península y que los árabes la invadieron, solo con ese uso de las palabras ya estamos presentando a un grupo propio y a otro como un cuerpo ajeno que hay que expulsar. Y esto, obviamente, se enraiza con muchos discursos antimigratorios.

Mucha gente pregunta: "¿Para qué sirve la historia?". Para eso. La historia sirve para conformar cómo ves el mundo. En este sentido, el relato que más ha afianzado el Estado a lo largo de las décadas es el de "nosotros contra ellos": el de unas esencias que forman la nación o el grupo, y el de todo lo que venga de fuera es una amenaza. Vox no saca estos relatos de la nada. El filósofo Jason Stanley lo defiende mucho: el autoritarismo busca siempre controlar el relato del pasado.

¿Por qué cree que los varones jóvenes se acercan más a los postulados ultras? ¿Cómo cree que se puede combatir? 

Por un lado, hay un blanqueamiento de figuras fascistas. Franco aparece en reels o en TikTok a través de chistes y de un humor que blanquea las brutalidades del franquismo, y no aparece tanto en las aulas. Y, por otro, esta es la ventaja con la que cuentan los reaccionarios: están utilizando y canalizando una rabia y una frustración, y les están diciéndole a los jóvenes que les están quitando algo, que van a dejar de ser los protagonistas de la historia y van a meter a otros grupos. Lo cual, en cierta parte, es verdad, pero no se trata de quitar sino de añadir; de completar ese relato. Al percibir esa pérdida de privilegio, es muy fácil llevar la frustración hacia el odio al diferente o a lo nuevo. 

Estos jóvenes tienen menos en común con los reyes o los emperadores de los que oyen hablar en Historia que con una persona migrante o una mujer de clase obrera. No tienes más en común con Felipe II que con Mohammed el de la esquina. Se nos enseñan unos ejes identitarios concretos para olvidarnos de otros, y de esta forma crear confusión y barullo dentro de las clases sociales, también presentes en las aulas.

No tienes más en común con Felipe II que con Mohammed el de la esquina

Tras siete años con este proyecto en el que se posiciona como de izquierdas y queer, ¿siente que últimamente se castiga más los contenidos en este espectro político? 

Me hace gracia que me preguntes esto hoy precisamente. Me he metido en el canal y, no me había fijado, pero todos los vídeos que tengo sobre historia LGTB o queer, que subí incluso hace años, ahora están limitados para anunciantes, es decir, se censuran. En origen, esos vídeos estaban marcados para todos los públicos, así que suficientes espectadores han llegado de forma organizada y han denunciado que no es apto para todos los públicos simplemente porque hablan de sexualidad.

Sigue existiendo una forma de señalar a las disidencias y de decirles cómo tienen que opinar y qué tienen que decir. Es la idea de: “suficiente te hemos dado, así que adecúate a este discurso”. Por ejemplo, mucha gente ha usado el posicionamiento que ha habido dentro del colectivo LGTB en favor de Palestina para decir: “¿Qué haces defendiendo a gente que te tiraría de un tejado?”. Esa afirmación lleva implícita la idea de que el Islam y el mundo islámico es inherentemente homófobo. 

Gran parte de su contenido se dedica a desmontar discursos públicos de la derecha, como la idea de que México progresó gracias a la invasión española, una tesis que histórica y políticamente es falsa. Sin embargo, estas narrativas continúan circulando con fuerza pese a carecer de base científica. ¿A qué cree que se debe? 

En el caso de México, o de la conquista de América, hay dos cosas. Yo intentaba desmentir sobre todo el mito del progreso, la idea de que la historia es lineal. Esa forma de ver la historia o, en general, el mundo está muy asentada por la cultura popular. Y luego, por otro lado, creo que también está el tema del orgullo. Entendemos que la historia nos explica cómo hemos llegado hasta aquí o quiénes somos, así que sentimos que nos atraviesa a nivel personal. 

Sigue existiendo una forma de señalar a las disidencias y de decirles cómo tienen que opinar y qué tienen que decir

Es un marco tramposo pensar que estudiar la historia desde una perspectiva poscolonial o decolonial, o denunciar y hablar de los abusos de la conquista, te obliga a pedir perdón o a sentirte mal. Nadie quiere sentirse así. El objetivo de estudiar la historia y hablar de esos abusos no es hacer que nadie se sienta como un villano, sino entender las relaciones y las jerarquías que se han creado a lo largo de los siglos. El objetivo es entender, no plantear un "nosotros contra ellos", México contra España.

¿Qué significa para usted recibir el Premio Joven de infoLibre?

Significa que alguien me sigue considerando joven, lo cuál está muy bien. Ahora, en serio, me hizo mucha ilusión. Trabajo en espacios puramente virtuales y es un trabajo muy aislado. Este tipo de reconocimientos ayudan a sentir que no estamos solos, que estamos conectados y que somos muchos los que trabajamos por crear un mundo más justo e igualitario, que acoja a todo el mundo.

En este sentido, que venga de un medio como infoLibre me hace ilusión, porque os he citado mucho en trabajos y en vídeos. Que me deis un premio por mi trabajo me hace sentir muy humilde.

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