Democracia, ¿qué democracia?
En esta ocasión voy a reflexionar sobre opiniones mías, pero avaladas por la encuesta sociológica del CIS de junio del 2026, es decir, no son solo mías, que tendrían escaso valor, son opiniones de la mayoría de los españoles y la Constitución dice claramente en su artículo 1º, apartado 2: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Son por tanto opiniones que deberían ser tenidas en cuenta por nuestros políticos estén en el gobierno o en la oposición.
Estamos viendo a un gobierno que no ha sido capaz de aprobar unos presupuestos en toda la legislatura y a una oposición que no respeta las mayorías parlamentarias y que desde el mismo momento de la constitución del ejecutivo en el año 2023 está pidiendo su disolución, no criticando sus políticas y haciendo propuestas alternativas, como es su obligación, sino descalificando el modelo de democracia parlamentaria, diciendo al pueblo que lo legal es ilegítimo y por otro lado tenemos a un poder judicial que es, o parece ser, manifiestamente, partidista a favor de las derechas, saltándose las más elementales normas de la separación de poderes dictaminadas por Montesquieu y a la que unos y otros se aferran como verdad revelada.
Veamos algunas de las opiniones de nuestros conciudadanos:
Respecto a la democracia:
El 80,8% dice que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.
El 75,9% está de acuerdo o muy de acuerdo en que sin partidos políticos no hay democracia.
El 56,9% se siente poco o nada satisfecho con el funcionamiento de nuestra democracia.
El 87,5% opina que los mecanismos de lucha contra la corrupción son insuficientes.
El 89,8% considera que se deben crear nuevas formas de participación ciudadana.
Es evidente que el pueblo español apuesta claramente por la democracia, por una democracia de acuerdos y no de divisiones cainitas, cree en la necesidad de los partidos políticos, pero no está satisfecho con su comportamiento, cree que se deberían buscar nuevas formas de participación de los ciudadanos en la gestión de las cosas públicas y también cree que no hay mecanismos eficaces para luchar contra la corrupción.
Personalmente creo que nuestra democracia se diseñó pensando en una clase política que por su origen o por su adscripción social sabe lo que nos conviene, y nos gobierna en una aparente democracia. El pueblo español, teóricamente soberano, no elige a ninguno de sus representantes nacionales ni autonómicos, elije una lista de un partido político que desde su dirección ha colocado unos nombres u otros en la papeleta electoral, por tanto esos diputados o senadores no tienen que responder ante sus electores, sino ante sus jefes orgánicos del partido. Tenemos una democracia viciada en origen, pero si el pueblo español opina que la democracia es el modelo preferible, algo habrá que hacer para conseguirlo y desde luego la opción no es el “todos son iguales y me quedo en casa”.
Personalmente creo que nuestra democracia se diseñó pensando en una clase política que por su origen o por su adscripción social sabe lo que nos conviene, y nos gobierna en una aparente democracia
Por otra parte, ¿cuál es el miedo de los políticos a imitar algunas prácticas saludables de los suizos? ¿No se pueden organizar referéndums casi cada domingo para que los ciudadanos decidamos sobre las distintas cuestiones que más nos preocupan? No siempre todos estaríamos de acuerdo con los resultados, pero serían verdaderamente democráticos.
En resumen, menos poder a los partidos y más participación al pueblo.
Respecto a la justicia:
El 78,2% no cree que la justicia trata igual a ricos que a pobres.
El 76,9% opina que la justicia no siempre es imparcial en casos judiciales de los partidos.
Respecto a la justicia, es la parte menos democratizada y más endogámica de nuestra vida pública, los jueces y fiscales lo son después de unas larguísimas y muy costosas oposiciones, que dejan fuera a las clases trabajadoras. La justicia no es igual para todos. En un pleito no es lo mismo tener que contratar un abogado modesto que pagar un importante bufete de abogados, que tienen relaciones de amistad cuando no de interés con las más altas magistraturas.
Opino que se debería ir a un Sistema Público de Justicia, donde el ciudadano que vea perjudicados sus intereses o sus derechos acuda a Urgencias Judiciales, y allí se le asignen el juzgado y los letrados especializados para su defensa o su denuncia, igual que sucede con nuestra sanidad, que cuando ha estado bien dotada ha sido una de las mejores del mundo. Ya sé que esto es una utopía, ¿cómo los legisladores, la mayor parte de ellos provenientes del mundo jurídico, van a legislar para limitar sus ingresos?
Cuestión especialmente antidemocrática es la politización de la justicia. ¿Cómo es posible que los casos de corrupción que afectan al PP tarden más de una década en ser resueltos y los del PSOE se resuelvan en meses? ¿Cómo es posible que cuando se resuelve un caso de corrupción se condena a los políticos corruptos, pero casi nunca a las empresas corruptoras? Si queremos acabar con la corrupción hay que acabar con el que “suelta la pasta”, que es el origen de todo. Hay un viejo refrán que dice que “vale más un mal acuerdo que un buen pleito”, si fuera jurista me avergonzaría de que el pueblo tenga, desde siempre, ese concepto tan negativo de la justicia española y que la democracia no haya logrado cambiarlo.
¿Cómo se puede confiar en una justicia que condena a alguien porque el hecho punible lo ha cometido “él o alguien de su entorno inmediato”? ¿Cómo se puede confiar en una justicia que exige al reo que demuestre su inocencia, en vez de ser ella la que demuestra la culpa? ¿Cómo confiar en una justicia que es incapaz de saber quién es M. Rajoy, y que no se esfuerza en transcribir todos los audios de Villarejo que podrían inculpar al expresidente?
¿España hoy es un Estado de derecho o de derechas? ¿De verdad el poder judicial emana y responde ante la soberanía popular? ¿Cómo y cuándo?
Respecto a los medios de comunicación:
El 81,5% cree que los medios de comunicación se hacen eco de bulos y mentiras.
El 75,4% cree que están concentrados en pocas manos.
El 87,9% opina que favorecen a determinadas opciones políticas e intereses económicos.
El 57,7% cree que hoy los periodistas son menos libres e independientes que hace 10 años.
Respecto a los medios de comunicación, opino que, sin un periodismo libre, independiente y plural, no es posible la democracia, pero hoy se puede decir que “quien paga, manda”, y los que pagan son los grandes fondos de inversión con su propio dinero y las instituciones públicas que pagan con el dinero de todos para favorecer los intereses de quienes controlan esas mismas instituciones. ¿Cómo vamos a esperar que los periodistas investiguen y descubran los trapos sucios de quienes les pagan el sueldo? ¿Cómo vamos a esperar que los periodistas investiguen las corruptelas de los políticos que mantienen esos medios con la publicidad institucional?
Mi padre me decía muchas veces que el periódico decía dos verdades cada día: la fecha y el precio; lo demás todo era cuestionable. ¡Qué razón tenía mi padre!
Los que me conocen saben que soy optimista patológico, por tanto, debo decir que España tendrá la democracia que decidamos los españoles, puede ser esta que tenemos y que está empeorando por momentos o podemos aspirar a una verdadera democracia política, social y económica, para eso los ciudadanos debemos tener pensamiento crítico, y ser exigentes con nuestros representantes públicos a los que pagamos el sueldo, aunque se lo pongan ellos.
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Ángel Díez de Miguel es socio de infoLibre.