Disidencia y silencio en política
La figura de Lamine Yamal, orando según el rito musulmán en medio de la batahola de jugadores de ambos equipos, quedará como una de las imágenes más valiosas del reciente Mundial de fútbol.
Esa imagen simboliza la disidencia del silencio dentro del ruido del espectáculo: darle la espalda a un mundo desquiciado que ya no sabe vivir sin gritar. La posibilidad de apartarse de la corriente mayoritaria y construir un espacio propio, diseñando y habitando modos de ser y de estar silenciosos, pero rotundos.
¿Nos puede servir el comportamiento de Yamal para reflexionar acerca de una posible conducta de las izquierdas y del "progresismo" en medio de la cacofonía dominante en la esfera pública? ¿Sirve de algo seguir gritando en medio del bullicio continuo e insano de los medios y las redes digitales? ¿Es realista pensar que la identidad y el discurso de las izquierdas puedan transmitir algo verdadero y valioso en medio de la algarabía ruidosa y caótica en que se ha convertido nuestra vida social? ¿Es solo cuestión de gritar más alto? ¿Tenemos algo que decir que no sea responder horrorizados ante los errores y horrores con los que nos invaden día a día las extremas derechas? ¿O, por el contrario, es mejor hablar solo cuando nuestras palabras sean mejores que el silencio?
No se trata de callarse, sino de renunciar a una locuacidad redundante y obsolescente y optar por la disidencia del silencio frente a la estrategia del grito
El despliegue victorioso del discurso y las prácticas de las extremas derechas en el mundo es una obviedad trágica. El péndulo de la historia está de su lado. Esto no es derrotismo. Es un principio de realidad básico. Las actuales derechas promueven una identidad incompatible con la vida común; eso lo sabemos. Pero el discurso de las izquierdas ha perdido capacidad utópica y, por lo tanto, capacidad apelativa y convocante. Se somete a las reglas del juego del adversario y no es audible en medio del barullo masivo.
Hablamos de un silencio estratégico, no táctico. No del que espera la siguiente declaración o conferencia de prensa del adversario para cuestionarlo. Se trata de salir del escándalo estridente en política y de la política del escándalo. Hablamos de un silencio moral frente a la inmoralidad del ruido autoritario, para reorganizar la vida en común.
En todas las sociedades hay mecanismos de cierre y apertura frente al ruido semántico. La actual fase del capitalismo se sostiene en la aceleración, las agitaciones y las obsolescencias informativas, que por su exceso y ubicuidad se convierten en estridencias sin sentido. Las sociedades están generando más ruido del que pueden soportar. El autoritarismo, el supremacismo y la xenofobia son la respuesta de las derechas frente a la falta de sentido provocada por el ruido social que el mismo capitalismo ha producido.
El desafío no es construir una identidad bulliciosa copiando a la de las derechas y en sus mismos espacios, sino diseñar y habitar una identidad calma pero firme, tejedora de vínculos y confianzas en espacios propios. Se trata de construir una presencia que, replegándose y sin ruido, produzca lazo social y sentido compartido. No se trata de callarse, sino de renunciar a una locuacidad redundante y obsolescente, y optar por la disidencia del silencio frente a la estrategia del grito.
__________________
Adolfo Estrella es socio de infoLibre.