El eclipse

Jose Maria Barrionuevo Gil 

Ya se nos viene el eclipse y nos sentiremos unidos, pero por la falta de luz. Por si no nos hubiéramos percatado, se nos ha insistido tanto que, una vez más, hemos sido congregados para asistir a un fenómeno extraordinario, de esos ante los que no podemos sentirnos ajenos, porque es la llamada de la naturaleza, que también nos convoca a levantar la vista.

Es verdad que los móviles nos pueden impedir levantar la cabeza por estar embarazosamente acostumbrados a no mirar más allá de nuestro ombligo, convirtiendo nuestro regazo en un punto de flexión, pero no de reflexión.

Ante las alarmas de la existencia real del peligro que esta vez supone el mirar al cielo, tenemos las posibilidades de prepararnos, andarnos con cuidado y prevenir para no quedarnos ciegos, porque no podemos soportar tanta luz como la del astro rey.

No nos podemos descuidar y mirar inconscientemente al sol, como hemos hecho siempre ante los dibujos infantiles en el que el sol aparece con la mejor cara, sonriente y con los ojos llenos de alegría.

Mientras muchísima gente estará pendiente del eclipse, no faltará alguien que aproveche esta pequeña oscuridad para bombardear y provocar que otros no vuelvan a ver la luz.

El eclipse se extiende y no nos deja ver todo lo que pasa. Solo nos enteramos de una parte, porque también existen los eclipses parciales de la información

Siempre hemos hablado mal de la oscuridad, sobre todo porque la noche se ha hecho cómplice de grandes crímenes o robos.

El eclipse es un fenómeno que nos demuestra nuestra fragilidad, porque no podemos evitar que se nos reste una porción de luz. Sin embargo, este acontecimiento nos revela que no somos tan poderosos como nos creemos y que, además, esa vulnerabilidad se nos puede volver en contra, porque podemos dejarnos llevar por todo lo que nos dicen los medios —estorbos—, que nos acostumbran a creer a pies juntillas cuanto nos cuentan, sin detenernos a pensar si realmente puede ser verdad. Sabemos ser más dóciles de lo que nos enseñaron, porque parece que la reflexión se nos hace ociosa.

Es más, cuando nos exponemos a las noticias, no siempre nos dicen las verdades del barquero y podemos naufragar.

El eclipse se extiende y no nos deja ver todo lo que pasa. Solo nos enteramos de una parte, porque también existen los eclipses parciales de la información. Y es verdad que se ha ganado en información veraz, pero no nos enteramos de la misa la media, como si todavía se estuviera oficiando de espaldas y en una lengua antigua.

Los informativos oficiales, y en sus horarios habituales, no nos cuentan todo lo que se dice en el Parlamento, cuando sabemos que el Parlamento trabaja, cuando la mayoría de los españolitos y españolitas están trabajando, y trabajando de verdad.

Los eclipses son muy esporádicos, porque la naturaleza es muy sabia y no quiere crearnos muchas más incomodidades.

“¡Luz, más luz!” (Goethe)

________________________________________

José María Barrionuevo Gil es socio de infoLibre.

Más sobre este tema
stats