¿Educación y aborto cero?
Hace bastante tiempo que hablamos de “Educación y aborto cero”. En total nos dedicamos a hacerlo doce veces y está claro, dado el ambiente, que no nos atrevemos ahora a decir el numerito que le corresponde a este tema hoy día. Es que hay números que están tocados del ala.
Ahora ha salido a relucir el tema del zigoto y ya nos volvemos a liar. Sin embargo, haciendo un apaño con historias vividas hace años, nos podemos permitir recordar que al principio de los años setenta del pasado siglo nos dimos un vueltazo por Italia, desde el Nápoles de siempre hasta la Venecia, que no sabemos si nos podrá durar mucho.
En Roma, muy cerquita del Estado Vaticano, si todavía es así, pudimos ver máquinas tragaperras, junto a la puerta de las farmacias, que nos dispensaban tres profilácticos por una moneda de cien liras —unas ocho pesetas al cambio—. Estos dispensadores estaban disponibles a todas horas, día y noche, incluidas las horas de las fiestas de guardar.
Para nosotros, tan ibéricos como siempre, eso fue más grande que el descubrimiento de América y, además, nos pillaba más a mano que el Nuevo Mundo. Es que Italia estaba muy cerca y, a pesar de ello, podíamos ver desde el autobús manifestaciones sindicales con sus banderas y pancartas por las calles y tampoco pasaba nada, no como entonces y ahora, otra vez, en nuestra España. Incluso, ya en Roma, donde la estancia fue mayor, pudimos meternos en mítines y fiestas del partido comunista y todo el mundo tan conforme. Nos ayudaba algo el haber terminado Románicas ya por entonces. Ahora algunos fardan de estudios, aunque sin terminar. También nos metimos a ver la película El portero de noche sobre un férreo fascismo, aunque ya residual. Como anécdota, pudimos ver que, en el descanso de la proyección, el techo se abría para que saliera el humo de los fumadores.
Volviendo a España, pudimos percibir el contraste y seguir sabiendo que, en una farmacia no muy lejos de calle Camas, no nos vendían preservativos a los hombres, porque nos decían “es que eso no lo trabajamos”. Sin embargo, a las mujeres sí se los facilitaban por unos dineros, sin más.
Siempre hemos defendido la vida, pero sin Educación la vida se empobrece y dificulta
Siempre hemos defendido la vida, pero sin Educación la vida se empobrece y dificulta y así vivíamos a duras penas, como nos decía Fidel Habib, “bajo el mando estricto de un zigoto cojo afecto de orquidisminución, con voz aflautada, que nos tenía más derechos que en misa, en una España Única, Grandiosa y Liberal y que, a veces, iba bajo palio, porque no lo podía ver ni dios”.
Cuando la Educación es completa, sin prejuicios ni adoctrinamientos, nos encontramos que todos somos buenas personas y muy respetuosas con todos y con todas, sin afiliarnos a ninguna manada, incluidas algunas políticas muy rectas, que no pierden la ocasión para lucirse sin miedo al ridículo.
En los años cuarenta del siglo pasado, los niños nacidos, totalmente vivos, aunque no fueran ni sietemesinos ni rubios como los trigos, y cumplida su gestación reglamentaria, no podían ser inscritos en el Registro el mismo día del nacimiento, no fuera que les faltara vida para sobrevivir en aquel régimen, al menos de hambre y de pobreza. Éramos tan pequeños, que no podíamos decir nada, al igual que la religión nacional, según las informaciones que tenemos hasta la fecha.
Incluso por aquellos años —nos enteramos hace algún tiempo—, ya era famoso el capellán de la cárcel o penal de Ocaña, que tenía el privilegio de dar el tiro de gracia a los fusilados, no fuera que alguno se escapara con vida, como le pasó a Gila, según él contaba: “Yo no era cojo. Es que a mí me fusilaron mal”. Tampoco podemos saber si por aquel entonces, a ciencia cierta, el personal espiritual era consciente de aquellas palabras bíblicas de “Dad y se os dará”.
Con todo, como no todos somos de la misma estirpe, defendemos la vida, incluso antes de nacidos, porque la mujer no tiene por qué parir, bíblicamente, con dolor ni someterse a un dolor añadido por un aborto, cuestión esta que parecen ignorar, sobre todo, algunos hombres hechos y derechos.
En este panorama tan amplio de las tan positivas panorámicas de la vida, podemos defender una Educación afectiva y sexual, como fundamento de una ética que puede ser digna de conseguir el aborto cero, al igual que el crimen cero, porque sabemos respetarnos todos sin supremacismos ya superados por una ley del “Solo sí es sí”, que nos exige y nos educa a todos y a todas.
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Jose María Barrionuevo Gil es socio de infoLibre.