Mis propios símbolos: una debilidad
A veces los símbolos surgen de manera espontánea. Alguien detiene su mirada en una imagen que le atrapa, se alza ante ella y la deja prácticamente hipnotizada sin saber muy bien el motivo de ese trance, a continuación puede llegar a pensar que se trata de una advertencia, puede llegar a pensar que ese acto en sí ha conseguido desplazarla a un futuro próximo, y ahí es donde se conforman los símbolos. Los míos, en este caso, han llegado de la mano de la alegoría porque la fotografía que ha impactado en mi retina posee un significado literal (lo que veo) y un significado oculto (la idea real que me transmite).
Les invito a que la busquen, se trata de la plaza Schuman, ubicada en un barrio de Bruselas, flanqueada por la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Servicio de Acción exterior de la Unión Europea. Los bruselenses la han bautizado como “la sartén más grande de Europa”. Parece ser que es fruto de una larga y fallida rehabilitación que, aunque no está concluida, ya la dan por fracasada. La imagen que ofrece es desoladora: sin vegetación alguna (tan solo unas estrechas jardineras), sin techados, sin asientos (mejor no aventurarse a detenerse), diáfana, sin alma (¿por qué no?). Si a esta plaza la revestimos de símbolos, representará una Comunidad Europea tan grande como yerma, tan gris y dura como débil, tan frustrada como ridiculizada, tan condenable como fea y tan sofocada como incendiada.
La Europa en la que creemos no cumple nuestras expectativas
La plaza Schuman es la idea de que algunas cosas representan a otras. Un espacio como ese nos puede remitir a esos pensamientos, a los que con bastante frecuencia nos asomamos cuando la Europa en la que creemos no cumple nuestras expectativas, los de las promesas incumplidas y los esfuerzos infructuosos.
Esa fisonomía circular no armoniza con ninguna de las construcciones que la rodean, pero al menos es circular, y eso representa el tiempo y el espacio sin un principio ni un fin. Dicen que el círculo refleja el flujo constante del tiempo, el universo y el eterno retorno de la vida. Quizás Europa todavía pueda salvarse, y nosotros con ella.
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Rosa Ángeles Fernández es socia de infoLibre.