Clara Peya: "Trump y Netanyahu son el diablo"
Girar el cuello en direcciones inesperadas y entrenar de nuevo la musculatura de la empatía. Esa es la propuesta de Nuca (2026), el último disco en el que Clara Peya (Palafrugell, Girona, 1986) apuesta por reencontrarnos en un contexto social marcado por la incertidumbre, el miedo y el desánimo, en el que urge inventarnos nuevas fórmulas para juntarnos entre desconocidos y diferentes.
Eso mismo hace la pianista y compositora al rodearse, en estas canciones, de 16 voces distintas, entre las que escuchamos a El Niño de Elche, Rita Payés, Judit Neddermann, Sharim Aresté, Mar Pujol, Juan Quintero o Anna Andreu. Entre todos construyen un disco desnudo y minimalista, liderado por el sonido de un piano de pared con sordina.
¿Qué es Nuca?
Un disco que habla de la soledad y que intenta hacer, en este momento en que las personas nos sentimos tan solas y estamos tan individualizadas, ese gesto que se hace desde la nuca de girar la cabeza para ver al otro. Se llama Nuca porque quiere hacer de las soledades atomizadas una coral de soledades compartidas y conjuntas en presencia. Está claro que la soledad es un mal de época, y que es muy difícil que no nos sintamos así en este contexto sociopolítico terrible, pero se trata, al menos, de entender que todas estamos en lo mismo y que podemos acompañar las soledades. Sentirnos acompañadas en esto de estar solas.
¿Estamos más conectados que nunca pero también todos más solos que nunca?
Sí, totalmente. Las redes sociales son una de las peores cosas que existen actualmente porque, aparte de hacer a las personas infelices, también nos hacen pensar que mantenemos vínculos, pero todo es muy líquido. No hay profundidad en las cosas, no hay atención, no hay dedicación, no hay tiempo. Las personas queremos lo que conocemos, y para conocer necesitamos tiempo.
Pero se nos quiere separados.
Totalmente. Molesta la comunidad, la vida colectiva.
La gente es absolutamente tibia, y, como le viene bien, se ha creído el discurso de “yo no puedo hacer nada para cambiar eso”, algo que me parece muy peligroso.
Hablemos del disco en sí. ¿De dónde salen estas canciones?
Estas son las canciones que he ido haciendo este último tiempo en mi soledad y que pretenden, desde la vulnerabilidad, conectar con las otras. Diría que es un disco voluntariamente hecho con un piano de pared con sordina, para que se escuchen los ruidos, se escuche el corazón, la entraña, lo imperfecto. Y que es muy minimalista, muy orgánico, en un momento en el que cuesta mucho que la música sea natural, porque todo está enlatado, enclaquetado, súper producido, y los directos suenan igual que los discos. Para mí, era importante llevar esta cosa de lo pequeño, lo vulnerable, lo presente, lo tocado. Que también estuviera el error.
¿No tiene eso un punto contracultural en la cultura de masas actual?
Yo espero que el futuro vaya hacia aquí, porque al final lo que no podrá nunca suplir la inteligencia artificial es la presencialidad.
¿Es Nuca un disco que, de alguna manera, nos abre la puerta para detener el tiempo en un mundo paralelo sin este ruido constante de estímulos en el que vivimos? Hay melodías, voces bonitas, no busca el impacto directo. ¿Puede ser un poco como la lectura, que es puro escapismo? ¿Un refugio de belleza incluso?
Jolín, muchas gracias. Es que es justo esto lo que reclama: desconectar de la desconexión para conectar con la conexión. Me explico: al final, en este mundo parece que estamos todos conectados, pero estamos muy desconectados. Por eso, también es un disco que quiero pensar que tendrá una gira larga donde habrá mucha presencia. Sí, creo que esto es lo más importante: compartirlo en presencia.
¿Y también darle un tiempo al disco para que crezca concierto a concierto? En esta industria musical los discos dejan de existir si en un par de semanas no ha pasado “algo” con ellos, pero si no le dejamos espacio a las creaciones artísticas para crecer, al final nada vale nada. ¿En estos tiempos líquidos todo lo que hacemos se nos escurre rápidamente entre los dedos para consumir lo siguiente?
Mira el lío que tenemos con el consumo de personas. ¿Cómo nos relacionamos con los demás? Qué poco tiempo les damos a las cosas. Yo, a veces, voy a comprar al mercado y tengo la mañana medio libre pero voy rápido y corriendo, y mientras estoy en una parada me digo: “Pero si no tienes ninguna prisa. ¿Cómo has llegado hasta aquí?"
Hablemos de las colaboraciones, que son muchas, muy variadas y talentosas. ¿Surgen por amistad, por afinidad, por casualidad?
Como yo no puedo cantar mis canciones, pero tengo muy claro cómo quiero que sean, me es muy fácil imaginar a alguien e intentar acercarme a su universo para ponérselo fácil. A mí no me gusta decir cómo tienen que cantar; me gusta explicar cómo siento, qué quiere decir la canción o desde dónde la he compuesto. También me gusta que la otra persona pueda hacer su parte artística lo más libre posible, y eso también es una dosis de humildad, porque te obliga a compartir tu creación con alguien para quien también es suya al cantarla, como también es luego de quien la escucha. Se trata de entender que el arte es un acto colectivo de transformación colectiva, de resistencia colectiva.
¿Y de empatía? ¿Está esa capacidad en el concepto mismo de Nuca?
Sí, porque este disco justamente pide eso. Ver a la otra persona requiere de empatía. Girar la nuca es como trabajar el músculo de la empatía, como si fuera la nuca el lugar donde existe esto.
Rita Payés canta en La vanidad que “cuando calla la ciudad solo crece entre la multitud la soledad”, algo que me lleva a darle la vuelta para encontrar la soledad cuanto más ruidosa es la ciudad.
Sí, y sentirse solo en compañía. Estar con mucha gente pero sentirse solo, que no es una cuestión espacial y física, sino que el vacío lo llevas contigo porque eres tú quien está en esta incompletitud.
En otra canción, titulada Solo existe una verdad, Nora Navarro canta: “Solo existe una verdad, la soledad. Duele la imaginación de lo que fui, de lo que soy”. ¿Eso es estar solo con uno mismo para conocerse, algo que igual hacemos demasiado poco?
Totalmente. Es que, de hecho, está la soledad, digamos, buscada, que es la que busca espacios para estar contigo mismo, que también es un privilegio porque significa que tienes el espacio y el tiempo para hacerlo. Esa es muy distinta a la sensación de soledad, ya que estar sola contigo es algo muy necesario, pero sentirse sola es otra cosa.
He leído que una de las canciones de Nuca estaba pensada para que la cantara Robe Iniesta pero, claro, no pudo ser.
Las voces, sí, pero no pudo ser y qué disgusto, porque en toda mi música está Extremoduro influenciando y empujando muchísimo. Por ejemplo, para mí, el bonus track en el que canto yo, que es La nuca, es bastante tributo a Extremoduro. Si fuera cantada por alguien como Robe se entendería que podría ser casi suya.
¿Y por qué cantar en ese bonus track?
Porque como es un disco que también pone la vulnerabilidad en el centro, entendiendo que mostrar nuestra vulnerabilidad es un acto de generosidad, quise enseñar cómo hago yo el proceso. Por eso, este último tema está grabado con el móvil en casa en una toma. Eso es lo que yo hago: pongo el móvil, grabo la canción y la envío a quien sea para ver si la quiere cantar. Esta canción es como la semilla que yo mando a cualquier persona que quiera colaborar conmigo para decirle: “Oye, esto es lo que haremos, construímos algo juntos si quieres”. Por eso la quería compartir con los oyentes.
No vamos a enumerar todos los colaboradores, pero sí al músico palestino Ahmed Eid, que canta en Porvenir. Como integrante de la misión humanitaria civil Global Sumud Flotilla, que zarpó hace un año con el objetivo de llevar ayuda a la Franja de Gaza, ¿es esta una manera de seguir hablando de ello? ¿Qué le hace sentir que cada vez se hable menos en los medios de lo que sigue ocurriendo en Palestina?
Hay que seguir entendiendo que es la punta del iceberg de la lucha antirracista y de la lucha antifascista. Al final, lo que está ocurriendo en todo el mundo es terrible: hay muchos genocidios, los gobiernos de derechas están haciendo de todo... No hace falta que hablemos de Trump… Bueno, Trump y Netanyahu son el diablo. Hay muchos gobiernos corruptos, con total impunidad, y ahora ya, con todo al descubierto, sin ninguna vergüenza, y, para mí, la resistencia palestina significa la resistencia un poco ante todo. Yo hablo catalán y castellano y el único idioma aparte de esos en este disco es el árabe, y es la única parte de letra que no es mía, por lo que para mí era muy importante. Es una declaración de intenciones.
Ha dicho que se apuntó a la flotilla sin pensarlo mucho porque, si lo hubiera pensado, igual no habría ido. ¿Hay que dejarse llevar si uno siente ese ímpetu para defender los derechos humanos?
Totalmente, sí, lo que pasa es que todo tiene sus secuelas. Es decir, ha sido una experiencia bastante fuerte para mí, y aún la estoy masticando.
¿Esa es la importancia de los pequeños gestos? Puede que una canción o asistir a una manifestación no cambie el mundo, pero también puede que se haga un poquito mejor por esos pequeños gestos.
Sí, y creo que por eso es tan importante la responsabilidad individual, en un momento en que nadie quiere perder sus privilegios. Por ejemplo, mira lo de Spotify: nadie quiere sacar su música de ahí, los oyentes tampoco se van y, al final, por no perder sus privilegios, no tenemos nada. Es de suma importancia que cada una haga su pequeña parte, es así como se consigue un colectivo, y como se consiguen los cambios. Pero vivimos en la época de la tibieza. La gente es tibia, absolutamente tibia, y, como le viene bien, se ha creído el discurso de “yo no puedo hacer nada para cambiar eso”, algo que me parece muy peligroso.
Spotify y Amazon son las plataformas más corruptas
Su música no está en Spotify, por motivos obvios. ¿Dónde puede encontrar la gente La nuca y sus otros discos? A lo mejor eso es lo que hay que hacer, recordar que hay alternativas.
Claro, la gente me puede escuchar en la plataforma que yo siempre recomiendo, Qobuz, que es la más ética. También en YouTube, en Tidal, en Apple… en todas las plataformas, de hecho, menos Spotify y Amazon, que son las más corruptas.
¿Las más corruptas porque están inyectadas de capital sionista?
Sí, sí, totalmente. Van hasta las trancas.
Ahí siguen también los festivales de música comprados por el fondo israelí KKR. ¿Actuaría diferente la gente si supiera bien dónde va su dinero?
La gente no toma partido, sinceramente. Igual algunos festivales se resienten, pero en general mucha gente sigue asistiendo y muchos grupos tocan y deciden decir “Free Palestine”, pero sin la renuncia. Yo creo que tomar partido significa decir: “Vale, voy a perder esto, pero voy a ganar esto”. Y ganar en dignidad, en coherencia, siempre merece la pena.
Nuca está siendo presentado en una gira de conciertos que se extenderá durante los próximos meses. ¿Esos son los planes?
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Este verano haremos los conciertos de la zona de Cataluña y, a partir de septiembre y octubre ya vamos por Galicia, País Vasco, Madrid, Murcia… y el resto de España.
¿Qué sería para Clara Peya un éxito con Nuca? ¿Que los oyentes lo escucharan de principio a fin, a lo mejor? A eso invita este disco, pero tampoco se hace apenas ya.
Esa es una cosa que se ha perdido mucho y que, para mí, es lo que tiene sentido porque, al final, los discos se trabajan con un sentido. Una canción suelta no te explica el disco, por lo que es muy necesario volver a la práctica de escuchar el disco entero, porque también dignifica todo el tiempo que cuesta grabarlo, que normalmente son años de mucho esfuerzo, dinero y poner mucho de tu persona.