En mi casa nunca se hablaba de la Guerra Civil
Quizás porque las referencias familiares de uno u otro lado eran tan dispares que mejor no sacar el tema, con el paso del tiempo se convirtió en un tabú.
Mi padre provenía de una familia pequeñoburguesa de profesionales liberales y pequeños empresarios de Zaragoza, heredera de los principios de Basilio Paraíso (tío carnal de mi abuela). Era primo de Manuel Tagüeña Lacorte (sus madres eran hermanas), oficial de alto rango en el ejército republicano que serviría después con las tropas rusas, yugoeslavas, checas... Murió en el exilio en México después de una azarosa vida. Recuerdo haberlo conocido en un viaje que realizó a España para despedir a su madre cuando pudimos pasar una tarde con él, cerca de San Sebastián.
La familia de mi madre eran agricultores “medieros” (sin propiedades) de la ribera navarra. Y su hermano mayor, Juan José Visus Antoñanzas, fue camisa vieja de Falange. Participó en muchas de las campañas del ejército de Franco y llegó a entrar en Barcelona con las tropas nacionales en febrero de 1939. Mi tío fue después, y durante muchos años, alcalde nombrado por el régimen del pueblo donde nació, Carcastillo.
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En mi familia paterna hubo además, otros casos en uno y otro bando: un hermano de mi padre fue condenado a cárcel por un consejo de guerra franquista por conducta no adecuada cuando ejercía de alférez de milicias, en el ejército “nacional”. Y mi abuelo Pablo tuvo que pasar por un proceso de depuración, que superó, aunque condenado a colaborar en la reconstrucción con “el día sin postre”. De ello nos enteramos al revisar los papeles de mi padre, una vez desaparecido.
En los finales de los años 60 e inicios de los 70, todos en casa leíamos con avidez Triunfo, Cambio16, La Codorniz, Hermano Lobo, Historia16, Cuadernos para el Diálogo, etc., y quizás gracias a la apertura de mente y a las preguntas que esas lecturas nos posibilitaron (junto a la influencia de algunas comunidades de base cristianas, que estaban por “el hombre nuevo”), muchos de mis hermanos, y yo mismo, acabamos comprometidos en la militancia clandestina antifranquista. Y discutíamos mucho de política.
Pero, en mi casa nunca se hablaba de la Guerra Civil.