Papa, el abuelo ya está en casa

Florentino Moreno López, abuelo del autor de este texto.

Luis Moreno García

Hola, papá. Como bien recordarás, en tu funeral Floren y yo te prometimos tres cosas: acabarnos la botella de coñac que habías empezado; celebrar tu 93 cumpleaños, que teníamos preparado y al que no llegaste por unos días, y conseguir que los restos del abuelo descansaran junto a los de la abuela. Misión cumplida.

Suponemos que lo viste desde algún lugar junto a la abuela y a la tía Pruden, pero quiero contarte que el pasado día 25 de octubre celebramos un precioso acto en el que nos entregaron en una urna los restos del abuelo. El salón del Centro Cultural San Sebastián de la Roda, en el que caben varios centenares de personas, estaba a reventar. Familiares de los 24 camaradas enterrados juntos en la fosa del cementerio, que tantas veces visitamos, nos encontrábamos allí presentes. Algunos para recoger los restos de los nuestros y otros para acompañarnos, con la enorme frustración que supone que sus familiares no pudieran ser identificados tras esta larga espera, que finalizó para ellos de la peor manera. Con todos ellos nos solidarizamos ese día por su dolor y les agradecimos enormemente su presencia.

En primer lugar, hablaron varios políticos representando a las instituciones que han financiado la exhumación, también un experto de la Universidad de Castilla-La Mancha, los arqueólogos e, incluso, tuvimos un cantautor, que interpretó dos canciones preciosas que te hubieran encantado. Todo este acto fue organizado por un puñado de personas comprometidas con la dignificación, la justicia y la reparación de las víctimas del franquismo: la Asociación Memoria Histórica de la Roda y Comarca, encabezada por Carmen María Parreño (a quien conociste en casa de los tíos, en Fuensanta). Han realizado un intensísimo trabajo a lo largo de varios años, absolutamente desinteresado y, por lo tanto, trabajo impagable.

Otra cosa maravillosa, y que te hubiera encantado, es que junto a los restos nos entregaron un peine del abuelo y varios botones de la ropa que llevaba puesta cuando lo fusilaron

Papá, estuvimos toda la familia en el acto, algunos de manera presencial y otros con el corazón prestado para la ocasión. El tío Tino, acompañado del primo Diego, recogió la urna con los restos del abuelo mientras yo decía unas palabras. Emocionados, presenciaban la escena la tía Isabel, Floren y Rosa, los primos Isa, Reme, Pepe y Pruden, Blanca con Víctor, Blanquita y Sergio (te hubiera encantado conocer a Sergio) y Bárbara con Nagore, a la vez que nos acompañaban desde la distancia Mónica, Valeria, Mia (tu tercera biznieta), Pedro y Mario.

No te lo vas a creer, pero cuando le contamos a mamá a dónde íbamos a ir ese día, recuperó de manera espontánea su lucidez y nos hizo un montón de preguntas absolutamente coherentes al respecto, antes del acto y también a nuestra vuelta.

Otra cosa maravillosa, y que te hubiera encantado, es que junto a los restos nos entregaron un peine del abuelo y varios botones de la ropa que llevaba puesta cuando lo fusilaron. El tío Tino me ha ofrecido que me quede yo estos recuerdos, ya que sabía de la ilusión que me hace, y los he dejado junto a las cosas tuyas que tengo en mi cuarto. Estoy seguro de que te parece bien.

Al terminar nos fuimos todos al cementerio de Fuensanta —nos acompañó el alcalde, José Manuel, quien se ha portado fenomenal facilitando todas las gestiones—. Allí nos esperaba el primo Jacinto para realizar los trabajos y dejar los restos junto con los de la abuela. Fue todo muy emotivo, con la familia al completo rodeando la lápida. Después te visitamos unos minutos, imagino que nos viste, y nos fuimos todos a comer juntos para celebrar este día a un nuevo restaurante que han abierto en la calle de la Virgen. Comentarte que tenemos que agradecer el asesoramiento que nos ha proporcionado para el traslado del abuelo a mi amigo Juan Antonio Mondéjar, a quien tanto apreciabas, y también a Reme Laserna.

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Fíjate, papá, hay algunas personas que no quisieron ir al acto porque piensan que se están reabriendo heridas. Si estas personas supieran lo callado que tuviste vuestra tragedia durante toda tu vida y las cosas que descubrimos cuando publicaste tus memorias al cumplir 80 años, seguramente pensarían de manera bien diferente. Lejos de transmitirnos odio y rencor, supiste mantener, de manera callada, en Floren y en mí —y nosotros en nuestros hijos— el anhelo que mueve a la mayor parte de víctimas del franquismo: cerrar el duelo haciendo que los suyos descansen donde deben estar. Nada más, pero tampoco nada menos que eso.

No hemos abierto nada. Bueno sí, una fosa. Pero nuestra herida está, definitivamente, cerrada: Florentino Moreno López descansa en paz, junto a su querida esposa, Demetria Belmar Jiménez, en el cementerio de Fuensanta, casi 86 años después de su muerte.

Luis Moreno García (hijo de Víctor Moreno Belmar y nieto de Florentino Moreno López).

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