Cultura

Un relámpago en la oscuridad

Libros
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Vale, no es una última hora. En mayo de 1945, en su discurso de ingreso en la RAE, Wenceslao Fernández Flórez hablaba de lo suyo, el humor. Cuyas fronteras son "elásticas y difusas", en el que caben "como en saco de trapero", los productos más heterogéneos: "Los chistes, el sarcasmo, las payasadas, la ironía, un libro de Quevedo y una salida de cualquier excéntrico de circo". Las mismas diversas acepciones que en nuestro idioma tiene esa palabra, aseguró, contribuyen a desorientarnos. Y concluía: "El humor es, sencillamente, una posición ante la vida".

"Lo suscribo y añado que es curativo para el alma, una gran vía de escape y un arma poderosa", me dice Beatriz Rico, a la que pillo en plena gira con su monólogo Antes muerta que convicta y con Palabras Encadenadas, de Jordi Galcerán. "Algo de eso hay", coincide Juan Aparicio Belmonte, convencido de que el humor "es una manera de desacralizar la vida y de celebrarla, buscando el lado ridículo o absurdo de la situaciones, cosas o personas", y de que "no se puede impostar. Los mejores humoristas, y no hablo solo de los literatos, hacen humor incluso cuando no quieren".

El gaditano José Rodríguez Plocia, autor de Ave, Ciudadano, completa a don Wenceslao citando a Muñoz Seca: el humor es también una posición ante la muerte. "Podéis quitarme mi hacienda, mi fortuna, incluso mi vida, que es lo que vais a hacer, pero no podréis quitarme el miedo que tengo ahora mismo", dijo. "La paradoja ―remata Plocia― viene a demostrar la imposibilidad de vivir sin humor".

El último convocado en el día de hoy es Máximo Pradera. "El humor tiene que ver con la sorpresa y con la agresión benigna. Todo humor es contra algo o alguien, pero sin tensar a terceros". Un ejemplo: cuando Cervantes atacó El Quijote de Avellaneda lo hizo comparándolo con el trabajo del nefasto pintor Orbaneja que, si pintaba un gallo, tenía que indicar "gallo" para que nadie pensara que era una zorra. "Es una denuncia de la incompetencia de su plagiador, pero al mismo tiempo es muy gracioso, porque no te esperas esa comparación. Para mí eso es la quintaesencia del humor."

En un lugar de La Mancha

Cervantes también ilustra la tesis de Rodríguez Plocia: los intelectuales humanistas desaprobaban los libros de caballería por contener mentiras y estar escritos por malos literatos. "Igual que Cervantes, que así lo declara en su prólogo del Quijote. La diferencia entre Cervantes y el resto de humanistas es que Cervantes enfocó la crítica a través del humor y la parodia". Por eso, los románticos del siglo XIX vieron en el Quijote valores de libertad y justiciaQuijote , "hecho que no evita que durante doscientos años fuese un libro humorístico, solo eso, y de no haber sido así habríamos tenido un montón de románticos aburridos...".

Lo llamativo es que, a pesar de obras de tanto relumbrón en su pedigrí, el humor en la literatura está desprestigiado…

"No creo que esté desprestigiado ―puntualiza Aparicio Belmonte, viñetista además de escritor―. La desprestigiada es la literatura en general, que ya no tiene la repercusión que tuvo hace años". No obstante, evoca a quienes en España cultivan el humor con éxito de público y reputación literaria, autores como Mendoza, Millás, Orejudo o Lindo.

Digamos, pues, que el humor no goza de una reputación sobresaliente. Quizá, apunta Beatriz Rico, porque hay un concepto equivocado que relaciona el drama con lo que es serio. "Que no exista un premio de literatura prestigioso para la literatura de humor, tampoco ayuda". Ella, que transita por la escritura (De Miss a más sin pasar por Albacete), las artes escénicas y el cine, sabe que las comedias son tenidas, injustamente, por un género menor.

Curiosamente, Pradera señala que todos los premios que le han dado, desde el Ondas de radio al de televisión, pasando por el reciente Premio Jaén de Novela, El hombre que fue Sherlock Holmes, reconocen sus trabajos de humor. "Si te lo tomas en serio, como se lo tomaba Cervantes, es un género tan respetable o más que otro cualquiera".

El humor en la caja de herramientas

Muy en la línea de Fernández Flórez, Ramón Gómez de la Serna escribió en Ismos que el humor no es tanto un género literario como una actitud frente a la vida; y que tiene una función analítica, si bien lejos de pretensiones disciplinarias o pedagógicas.

¿Inútil, entonces? "¡Nooo! Es una de las armas más sutiles que tenemos. El humor todo lo transforma", dice Rico. Tampoco Plocia cree que sea inútil, y comparte una anécdota personal. "Un día me presentaron una muchacha. '¿El Rodríguez Plocia que escribió el Ubi sunt? Pisha', me preguntó. 'Sí'. Me abrazó, me abrazó muy fuerte. Me contó que a su padre se lo llevó el cáncer y que en sus últimos días en el hospital leían cada noche pasajes del libro, y que terminaban cerrando la puerta de la habitación para que no les oyeran las carcajadas. No voy a entrar en mis emociones, pero sí en confirmar el poder terapéutico que tiene el humor".

Poder terapéutico, también iluminador. "El humor político y social es como un relámpago en la oscuridad", sostiene Pradera, la denuncia de un abuso ("estoy pensando ahora en las novelas cómicas de Eduardo Mendoza y en como caricaturizaba la psiquiatría española") en unos términos que ni siquiera te habías planteado. "El humor bueno nunca es inútil, porque cuando no sirve para abrir en canal a la sociedad, sirve para aliviar el estrés. Para destensar al lector. Y eso es impagable".

Además, la literatura, el arte, no tiene por qué dar soluciones. "La buena literatura te enriquece, pero no sabes por qué. Igual que te enriquece la buena pintura,―asegura Aparicio Belmonte―. ¿Te soluciona algo? No. Pero de alguna manera sientes que te mejora el ánimo y hasta la inteligencia". En su opinión, el humor es un desahogo, por un lado, y también una forma de ver la vida con distancia, de la que se aprende, porque el humor tiende a ser crítico. "El humor satírico sí tiene algo de pedagógico y, si se hace bien, es muy saludable para mostrar las carencias, hipocresías o fallas de una sociedad, porque la desnuda".

Incluso hay quien lo considera adecuado para evitar el fanatismo; Rodríguez Plocia no se cuenta entre ellos. "Desgraciadamente a Charlie Hebdo no lo respetaron". Educar el carácter en el respeto es fundamental, e igual de importante debía ser educar en el sentido del humor, "saber reírse de uno mismo es, por naturaleza, sano, y en cambio no sabemos practicarlo. Quizás por eso estamos tanto tiempo de mala leche".

Quizá por eso el humor está en riesgo. "El sectarismo y la intransigencia ponen en peligro la difusión pública del humor, pero también lo ayudan a germinar. Es muy difícil terminar con el humor, porque es natural a la vida humana y surge allí donde algo se sacraliza", dice Aparicio Belmonte. Se salvará, dice Beatriz Rico, porque sabemos lo necesario y poderoso que es, y la gente siempre tirará de él para sobrevivir. "Lo que corre peligro son los límites del humor", apunta.

"Corre peligro la libertad de expresión en general. Pero también corre peligro el derecho al honor", agrega Pradera, que alude a una experiencia personal y al subsiguiente proceso judicial para sustentar su afirmación.

Mujeres y graciosas

En un trabajo titulado Narrar desde el humor, María Luisa Cresta de Leguizamón recuerda lo sucedido cuando Ana María Shua ganó el Concurso Internacional de Editorial Losada con su primera novela, Soy paciente. ¿Y qué sucedió? Pues que algún miembro del jurado, en concreto Eduardo Gudiño Kieffer, él mismo escritor, no dio crédito a lo que leían sus ojos.

"A medida que iba avanzando en la lectura de Soy pacienteSoy paciente me convencía más y más de que su desconocido autor pertenecía al sexo masculino", declaró, sin precisar qué rasgos concretos le hacían pensarlo.

"Sin embargo, al abrir el sobre correspondiente resultó que era obra de Ana María Shua. Mujer, muy joven, y para colmo bonita". Para colmo, porque es sabido que las graciosas han de ser feas, como si la gracia fuera un premio de consolación o una compensación por la fealdad.

"Tuve que aceptar que la fuerza, el sentido del humor y el impulso, no son prerrogativas ―literarias ni vitales― de los hombres; y tiré por la ventana un prejuicio más". Bienvenido a la realidad.

Eso sucedió en 1980, y ahora mismo, 41 años después, la capacidad de las mujeres para escribir y hacer humor sigue estando en entredicho. Lo cual no deja de sorprender a Beatriz Rico: "Aparte de otros trabajos, yo llevo viviendo de él por medio de mis monólogos casi diez años, con eso te lo digo todo. El tema de las mujeres y el humor no es una discusión acerca del talento, sino acerca de las oportunidades".

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