Una historia romántica de vida

Escenas en un teatro.

Cuando me propusieron escribir una pequeña serie de reflexiones sobre las artes escénicas para publicarse en verano, lo primero que hice fue decir que por supuesto que sí. Después, colgué el teléfono y empecé a agobiarme pensando que me acababa de meter en otro lío. Bastante gordo, además.

¿Qué puede ser interesante compartir sin que sea deprimente, agorero ni naif? ¿Cómo se pueden acercar las artes escénicas a la playa, al verano en el pueblo, al lugar de trabajo en una ciudad casi vacía y que no solo sea atractivo, sino que sea útil? De todo esto que hacemos, ¿qué es realmente necesario compartir con el mundo?

La cabeza me iba a mil por hora, así que decidí preguntar a algunas de las personas con las que comparto la vida y la pasión por el teatro. Sus respuestas no me valieron de mucho porque me parecían o demasiado complejas para leer durante la ola de calor constante o bastante inabarcables y poco fresquitas.

Seguí dándole vueltas. Continué compartiendo mi agobio con algunas personas queridas, y, después de un par de conversaciones, apareció la solución.

Hay muchas cuestiones que poner sobre la mesa, algunas hermosas, otras problemáticas, tediosas y aburridas, pero quizá lo más inteligente y gustoso sea empezar, como diría Manolito Gafotas, por el principio de los tiempos. Tratar de explicar lo inexplicable: qué significa consagrar una vida a la creación artística (en este caso a las artes escénicas) y por qué hacerlo.

El qué es fácil de expresar. Solo hay que mirar hacia atrás y bucear entre los recuerdos o poner el foco en el presente.

Dedicar la vida a la creación artística (independiente) son muchas cosas a la vez: amigas, incertidumbre, precariedad, viajes, personas, historias increíbles...

La aventura más emocionante de nuestras vidas que, como personas intensas y sensibles, vivimos de manera apasionada y loca.

Para bien la mayor parte de las veces, porque el placer y la felicidad que nos supone el proceso creativo que tiene como fin compartir historias en un escenario no se parece a casi ninguna otra cosa en el mundo. Para mal en otras, por la precariedad, la mala suerte, la imposibilidad de trabajar que en muchas ocasiones no depende del talento ni el esfuerzo de una misma, sino de ser elegida por otros, la sensación agotadora de estar siempre sobre el alambre...

El por qué es otra cosa. Cada cual tendrá su razón íntima, pero creo que hay algo universal que tiene que ver con que no sabemos, ni queremos, vivir de otra manera. En uno de los últimos capítulos de la cuarta temporada de la serie Hacks, Deborah le dice a Ava que no puede vivir sin subirse a un escenario, sin hacer comedia. Ha roto un contrato y la letra pequeña del mismo le prohíbe realizar cualquier tipo de aparición pública durante 18 meses.

En ese capítulo y en los siguientes vemos como Deborah se va hundiendo cada vez más, al mismo tiempo que busca desesperadamente la forma de seguir trabajando. No concibe su vida de otro modo. Es su manera de estar en el mundo.

Pese a que nos pasamos la vida poniendo nuestro cuerpo al servicio de la fragilidad que supone estar en un escenario compartiendo historias, nos atraviesan unas emociones tan fuertes, se generan vínculos tan especiales con quienes te acompañan y quienes están en el patio de butacas, es todo tan intenso, efímero e irrepetible, que no hacerlo convierte tu existencia en algo gris y pasajero.

Cuando hay épocas con pocos bolos, me voy poniendo mustia, como mis plantas este verano, que se me van muriendo, porque para que yo sobreviva, tengo que tener las persianas bajadas y la casa a oscuras.

Imagino que estas sensaciones son compartidas por quienes han sido valientes y han seguido su vocación, aunque nada tenga que ver esta con las artes. Con quienes han decidido vivir una historia romántica de vida.

María Galiana: "El Congreso de los Diputados es teatro del malo"

María Galiana: "El Congreso de los Diputados es teatro del malo"

Y, por eso, a pesar del cansancio extremo, la montaña rusa infinita en la que vivimos muchas veces, más días de los deseados, como dice Nina en La Gaviota: “cuando pienso en mi vocación, no le temo a la vida”.

Para que me entiendan, mi dedicación es lo más parecido a estar, a pesar de todo y en el fondo, de vacaciones: haciendo lo que más te gusta con tus amigas y amigos.

*María San Miguel es una actriz, dramaturga, directora de escena, productora de teatro y empresaria teatral española, galardonada con el Premio El Ojo Crítico en 2025.

Más sobre este tema
stats